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Cuatro razones por las que no deberías teñir el pelo a tu perro

Ali Express

Teñir el pelo a los perros lleva años siendo tendencia y así lo demuestran las redes sociales, donde los vídeos de mascotas con tintes extravagantes pueden parecer adorables y divertidos si no se conocen todos los peligros que puede acarrear esta práctica.

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Peluquerías y centros caninos de todo el mundo tienen esta opción entre sus servicios, aunque es cierto que en España no es tan común como en otros países. Ya hace años, en China, un café comenzó a ofrecer como servicio teñir el pelo de perros Chow chow como si fueran osos panda y un circo italiano los exhibía en sus funciones antes de ser denunciado por maltrato animal y estafa al público.

Hace solo unos días, un fanático de Pokémon tiñó a su perro para que pareciera Pikachu antes de llevarlo a un partido de baloncesto. El perro atrapó todas las miradas, se hizo viral en redes sociales y su dueño tuvo que hacer frente a una multa, ya que en Florida está prohibido teñir a cualquier animal. 

En contra de lo que pensaban los propietarios de estos y otros perros, los veterinarios no tienen dudas: teñir el pelo de tu perro no solo no es beneficioso para él, sino que puede conllevar riesgos físicos, psicológicos y sociales.

El tinte: un riesgo para su salud

En primer lugar, debemos saber que el tinte humano no está adaptado al PH canino, por lo que esto puede producir en ellos una intoxicación grave. “Es importante recordar que la piel es un órgano que absorbe sustancias: hasta el 20% de lo que entra en contacto con la piel es absorbido”, explica Andrea Gil, médica veterinaria especialista en dermatología y directora de la clínica DermatoVet.

“Además”, prosigue la médica veterinaria especialista, “los animales tienen conductas propias de acicalamiento, pudiendo ingerir estos compuestos y tener, además, signos digestivos y neurológicos”.

No solo eso, sino que puede producirles graves quemaduras en la piel debido a las sustancias químicas que los componen. Así le ocurrió a Violet, una perrita de Florida que estuvo al borde de la muerte por las quemaduras de un tinte de color violeta para hacer honor a su nombre.  

Cierto es que existen tintes para animales que están al alcance de todo el mundo y cuyos ingredientes, en teoría, están adaptados a su PH para no provocarles ninguna intoxicación ni daño. Pero la realidad es que la regulación de este tipo de productos es casi nula y no garantiza que el animal no vaya a sufrir ningún tipo de daño con su uso. 

A pesar de ser aparentemente inofensivos, pueden producirles reacciones alérgicas, picores, irritación y enrojecimiento en la piel. “El riesgo es mayor en perros susceptibles como en cachorros y razas predispuestas a alergias como el bulldog, maltés, westies y poodle”, aseugra Gil, quienes pueden llegar a sufrir reacciones muy fuertes. 

Teñir el pelo a tu perro es, básicamente, una lotería: puede ser que no le ocurra nada físicamente hablando o que acabe necesitando asistencia veterinaria. 

El proceso: una fuente de estrés

El estrés en perros puede surgir por muchas razones. Sobre todo durante el proceso de teñido que, a diferencia del corte del pelo o uñas realizado por higiene, es un proceso innecesario. 

A muchos perros no les gusta el agua de por sí; a otros, les asusta el ruido del secador; incluso puede ser que la presencia de gente extraña resulte agobiante para ellos. Además, el periodo del lavado, tinte y secado puede durar varias horas, un tiempo demasiado largo para un animal que no entiende lo que está ocurriendo.

Hay perros que no suelen estresarse, por lo que puede ser que no sufra estrés durante el proceso, aunque lo más común es que, aunque no lo muestre, no sea una situación agradable para él. Este estrés se puede manifestar de muchas formas.

Algunos expresarán miedo, cuya respuesta, como explica Enric Homedes, terapeuta floral profesional y formador con estudios en educación canina, es desencadenada por “estímulos que el animal interpreta como una experiencia negativa, una novedad extrema, estímulos sensoriales demasiado intensos o una pobre o inexistente socialización”. 

El miedo suele ir acompañado de una tensión que acelera su ritmo cardiaco y respiración, algo nada beneficioso para ellos y mucho menos para aquellos con problemas de salud. En otras ocasiones, esta emoción va acompañada de rechazo o agresividad ante la imposibilidad de huir.

Alteración de su propio olor: incapacidad para comunicarse

Cualquier persona que haya experimentado aplicarse un tinte en su cabello habrá podido comprobar que cambia significativamente su olor. Lo mismo ocurre con los perros. La diferencia es que el olfato es el sentido más importante para ellos, tanto que poseen hasta 300 millones de receptores olfativos, mientras que los humanos solamente poseemos cinco millones.

Gran parte de la información que obtienen es recibida a través de este sentido, por lo que alterarlo puede provocar que no sepan cómo adaptar su forma de comportarse en diferentes contextos incapacitando su posibilidad de comunicarse y actuar. 

Además, alterar su propio olor corporal puede ser molesto e incómodo para ellos mismos, llegando incluso a autolesionarse para eliminar el tinte. Pero es que, asimismo, también puede resultar molesto para otros perros, quienes opten por agredirlo o rechazarlo negándole el saludo que, recordemos, consiste en olfatearse los unos a los otros.

Una forma de humanización

Existen dos motivos por los que está práctica es éticamente cuestionable. Uno de ellos es la cosificación, es decir, tratar al animal como si fuera un peluche omitiendo aquello negativo que puede sufrir y sentir al ser teñido.  

Otro de ellos es la humanización de las mascotas, es decir, atribuirles ciertas características que corresponden a la especie humana como vestirlos, sobreprotegerlos, forzarlos a una higiene excesiva, etc. “Aunque algo de humanización es imprescindible, el exceso no es bueno”, apunta el etólogo Àngel Casellas Grau en un artículo para la UOC.

El problema llega cuando alcanzamos ese exceso. Entonces, además de coartar su propia naturaleza, pueden llegar a sufrir estrés, miedo, inseguridad, problemas de socialización, agresividad y dificultad para educarlos, entre otros aspectos. 

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