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Cómo llenar tu casa de plantas por poco dinero, según un experto

Cómo propagar tus plantas en casa gastando muy poco.

Diego Olivares

6 de febrero de 2026 22:05 h

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Hay una fase muy típica por la que pasamos todos los que alguna vez hemos soñado con un hogar lleno de plantas: el miedo a que se mueran (habiéndonos gastado mucho dinero en el intento). Ir al vivero solo para mirar y, de repente, salir cargados con un montón de plantas que no sabemos cómo se llaman ni cómo cuidar. 

A los pocos días comienza la segunda fase y con ella, las primeras dudas: ¿por qué se le están cayendo las hojas? ¿Será por falta de agua o por exceso? ¿Le falta luz? ¿Esa mancha es normal? Y como queremos hacerlo bien, buscamos respuestas en vídeos, en redes o en blogs donde alguien asegura que enterrando una cáscara de plátano, revivirá la planta. 

Al principio es normal cometer errores, comprar por impulso, elegir plantas difíciles, regar demasiado, seguir consejos sin base... Todo eso forma parte del proceso. Pero hay otro camino, mucho más sostenible y económico, que empieza cuando decides hacer más con menos. 

Empieza con lo que tienes cerca

La mayoría de nosotros tenemos al menos una planta en casa. Tal vez sea un poto que cuelga desde hace años, una sansevieria en una esquina o una zamioculca que crece lentamente. No hacen mucho ruido, pero son perfectas para comenzar. Porque lo cierto es que no necesitas comprar más plantas para tener más plantas. ¿Cómo es eso? 

Quizás ese poto tenga tallos largos que puedas cortar y poner en agua en otro rincón de tu casa. Tal vez tu sansevieria se vea demasiado apretada y pueda dividirse. O esa planta que parecía dormida tiene brotes nuevos esperando su oportunidad. Cuando empiezas a reconocer esas señales, tu casa se convierte en un pequeño jardín lleno de posibilidades.

A eso se suma la capacidad de reinventar materiales: latas que se convierten en macetas, frascos de mermelada como recipientes para esquejes o tierra vieja renovada. Para ello, descompacta esa tierra con una pala de jardín, machácala con las manos si te apetece y añade un poco de compost o abono. Te sorprenderá cómo de repente un sustrato que parecía inservible se ‘activa’ de nuevo y resulta muy útil para casi cualquier nueva planta de nuestro jardín. 

Quizás ese poto tenga tallos largos que puedas cortar y poner en agua en otro rincón de tu casa.

Para colocar esta tierra y si la estética no es prioritaria al principio, cualquier recipiente firme y con drenaje puede servir para comenzar a conocer las distintas plantas. Incluso macetas viejas que tienes abandonadas de otras plantas que pasaron a mejor vida. Lávalas bien por si hubiese algún resto orgánico sospechoso y dale una oportunidad para albergar una nueva planta. Lo importante es que cumpla su función: contener vida y dejar que respire. 

En caso de querer probar con nuevas especies, una opción sencilla antes de gastarte un dineral en el vivero es conseguir esquejes de personas cercanas. Basta con estar atento: familiares, compañeros de trabajo o vecinos amantes de las plantas a menudo tienen algunas que les sobran o que puedes utilizar para ampliar tu colección. 

En caso de querer probar con nuevas especies, una opción sencilla antes de gastarte un dineral en el vivero es conseguir esquejes de personas cercanas

No se trata de crear una red formal ni organizar intercambios complejos. A veces, una charla casual en el portal o una visita a casa de alguien se convierte en la oportunidad perfecta para recibir una ramita o una planta que otros ya no quieren. Con unos recortes, nueva tierra y algo de cuidado, pueden volver a brotar con fuerza y tener esa segunda vida que merecen. Esas plantas, las rescatadas, son las que más se agradecen después. 

Eso sí, conviene tener en cuenta que el movimiento no regulado de plantas, esquejes o tierra puede representar un riesgo para la sanidad vegetal. Por eso, lo ideal es limitar estos intercambios al ámbito cercano, evitar plantas visiblemente enfermas y, si es posible, revisar las raíces o el sustrato antes de integrarlas al resto de tu colección. 

Multiplicar la vida con una sola planta

Una de las experiencias más gratificantes en el mundo de las plantas es ver cómo, de una sola planta, puedes obtener varias. No es solo economía, es jardinería doméstica. Hay una emoción muy particular en ver cómo un tallo que cortaste echa raíces, o cómo una hoja colocada con un poco de tierra comienza a echar nuevos brotes. Y lo mejor es que no necesitas ser experto ni tener herramientas caras. Solo paciencia, curiosidad y un poco de luz. 

El método más sencillo para empezar es la propagación en agua. Muchas plantas populares lo permiten: potos, tradescantia o plantas suculentas. Basta cortar un tallo justo debajo de un nudo, retirar las hojas de la base y colocarlo en un frasco de cristal con agua. Revisa el agua de forma que no se vuelva turbia y en unas semanas verás aparecer raíces blancas, finas, vivas. 

Otra forma de multiplicar es la división de plantas. Sansevierias, helechos, calatheas, zamioculcas... todas pueden separarse en varios ejemplares. Solo hay que sacarlas de su maceta, dividir con cuidado las raíces o rizomas y trasplantarlas. Da un poco de miedo eso de tocar las raíces pero no te preocupes, estás plantas admiten esta práctica y te lo agradecerán. 

Incluso después de una poda puedes aprovechar los restos. En lugar de desechar los tallos cortados, prueba a colocarlos en un frasco con agua o introducirlos en un poco de sustrato húmedo. No siempre funcionará, pero con práctica sabrás distinguir qué partes tienen más posibilidades. Y lo que antes era un descarte se convierte en una nueva planta que quizás puedes regalar a alguien como tú. 

Consejos finales

Si vas a incorporar alguna nueva especie, elige bien: no por impulso, sino pensando en el entorno real de tu casa. La luz, temperatura y humedad son factores determinantes en el éxito o el fracaso de cualquier planta. Por ejemplo, la zamioculca o el espatifilo se adaptan bien a espacios con poca luz, mientras que la mayoría de suculentas , cintas o sansevierias prosperan en zonas luminosas. No se trata de llenar el espacio con lo que más llama la atención en el vivero, sino de crear condiciones donde las plantas puedan vivir con equilibrio.

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