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Contrapoder es una iniciativa que agrupa activistas, juristas críticos y especialistas de varias disciplinas comprometidos con los derechos humanos y la democracia radical. Escriben Gonzalo Boye (editor), Isabel Elbal y Sebastián Martín entre otros.

Mansur no es un caso particular

Dos días preso en la capital alemana. No suena tan mal, en comparación con las condiciones de las cárceles que existen en otras partes del mundo. Pero quien ha tenido la oportunidad de ver alguna vez desde dentro la institución de la prisión de Berlin-Moabit no quisiera estar encerrado ni una sola hora en una de sus celdas. He conocido gente a quienes tan solo un día en esa cárcel les ha afectado severamente. Por ello, uno no se debe dejar engañar por la sonrisa del periodista egipcio Ahmed Mansur cuando salió de esta cárcel el pasado lunes. El daño ya ha sido causado.

Y lo más grave es que el de Mansur no es un caso particular. Él tan solo tuvo la suerte de que su empleador, el canal de televisión Al-Dschasira, junto con algunas organizaciones de derechos humanos, le apoyaran masivamente desde su arresto el sábado por la noche en el aeropuerto Berlin-Tegel e insistieran en su liberación. Otros no tienen esa suerte. Una y otra vez aparecen alertas de persecución de Interpol. Así es como el refugiado político reconocido en Suiza por las torturas sufridas, Muzaffer Acunbay, fue arrestado durante sus vacaciones en Grecia en junio de 2014 sobre la base de una orden de arresto turca. No fue hasta la segunda instancia cuando un tribunal griego le dejó libre en febrero de 2015.

En noviembre de 2013 la reconocida organización de derechos civiles británica Fair Trials International no solo expuso en un largo informe casos de abusos del sistema de Interpol por parte de Estados autoritarios, sino que también presentó varias propuestas de mejoras. El periódico Süddeutsche Zeitung también informó hace pocos meses acerca del problema de la persecución política haciendo uso de la cooperación transnacional. Este fue el caso de Abdul Al-Mahouzi. Este activista de derechos humanos de Bahrein fue arrestado en julio de 2014 en el aeropuerto en Francfurt sobre la base de una orden de captura proveniente de su país de origen. Lo liberaron dos semanas después. La persecución de la Interpol carecía de cualquier base, dado que un tribunal en Bahrein ya había declarado inocente a Al Mahouzi.

De manera que el caso Mansur no fue ninguna sorpresa. Al menos no para los lectores de periódicos más o menos informados. ¿Acaso el gobierno y las autoridades policiales alemanas no leyeron estos informes y artículos?

Lo que más pesa en el caso Mansur es que incluso Interpol había rechazado una alerta para su arresto que las autoridades alemanas simplemente pasaron por alto. Ni el ministerio de Justicia ni el de Asuntos Exteriores de Alemania han sido capaces de ofrecer una respuesta convincente a esta pregunta. Era claro que, según el propio Derecho alemán, la extradición del periodista crítico a Egipto estaba descartada. Es decir, que ni siquiera debiese haber sido arrestado. Cuando a pesar de ello sucedió, se le debía haber dejado en libertad de la manera más rápida posible, no hasta después de dos días en prisión.

¿Se debe responsabilizar alguien por este error? No parece ser así, lo cual es parte del problema. En suma, el Ministerio de Justicia Federal y todas las otras instancias participantes deben implementar medidas lo más pronto posible para reformar el sistema Interpol y su funcionamiento en Alemania según estándares de protección de los derechos humanos.

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3 de julio de 2015 - 19:48 h

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