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El artista afgano que denuncia con imágenes las matanzas de drones estadounidenses

Aldo Mas

“En la región de Shabwa [Yemen], un dron de Estados Unidos disparó un misil a un coche, matando a dos personas”. Así comienza uno de los mensajes que recibía el artista de origen afgano Khesrau Behroz en su teléfono móvil allá por marzo de 2016.

Era uno de los mensajes de la aplicación Metadata, obra del estadounidense Josh Begley. La aplicación informa a través de notificaciones cada vez que se da a conocer la existencia de un ataque de un dron estadounidense. Junto a una captura de pantalla de ese mensaje, Behroz sitúa en un sencillo collage una fotografía del lugar en el que se encuentra en el momento de leer dicho texto.

La unión de esas dos imágenes constituye una tentativa con la que capturar esas informaciones sobre una guerra desde el cielo que, bajo las presidencias de Barack Obama y Donald Trump, se ha desarrollado hasta niveles nunca vistos. Un total de 83 collages componen su serie When Kennedy Died (Cuando murió Kennedy). “Todo el mundo sabe dónde estaba cuando John Fitzgerald Kennedy fue asesinado o cuando ocurrió el 11S”, dice Behroz a eldiario.es. “Yo quería trabajar sobre esa sensación, pero con los ataques de los drones. Mi intención es crear memorias personales de los ataques de los drones”, agrega este joven artista nacido en Kabul hace 31 años.

Behroz se explica al tiempo que da tragos largos a una gran taza de café en un bar del barrio de Moabit, al norte de Berlín. De un tiempo a esta parte, su trabajo también ha estado muy centrado en la experiencia de ser refugiado. Siendo un bebé de dos años, sus padres huyeron del Afganistán de los talibanes hasta llegar a Rusia. Antes pasaron por Turquía. Desde Moscú, en 1994, volaron con destino Alemania. Behroz, cuya lengua materna es el farsi y que aún tiene familia en Afganistán, vive en Berlín pero se crió con sus padres en Kassel, en el centro germano.

Desde Kassel, la base militar estadounidense de Ramstein, queda a poco más de tres horas en coche. “Los drones americanos vuelan desde Nevada hasta Ramstein y, de ahí, a los países donde intervienen”, recuerda Behroz. Esos países son, especialmente, Afganistán, Paquistán, Libia, Yemen y Somalia, donde “prácticamente todo el uso de la fuerza estadounidense ha tomado la forma de drones ejecutando a sospechosos de terrorismo'”, según ha recordado David Cole, profesor honorífico del Centro de Derecho de la Universidad de Georgetown. El Ejército estadounidense también se ha servido de estas máquinas de guerra tripuladas a distancia en Siria e Irak.

En 2016, por ejemplo, la administración Obama reconocía haber matado, en sus ocho años, entre 64 y 116 civiles en cerca de medio millar de ataques con drones. Entre 2009 y el 31 de diciembre de 2015, el número de terroristas muertos en este tipo de ataques varía entre 2.372 y 2.581. Pero esas cifras a Behroz no le resultan creíbles. “Hubo una filtración sobre los datos del uso de los drones, por eso la administración de Obama tuvo que empezar a reconocer ciertos hechos, pero no todos”, recuerda el artista germano-afgano, aludiendo al trabajo de la publicación estadounidense The Intercept.

La redacción de ese medio de comunicación, con el editor y reportero Jeremy Scahill al frente, ha dado buena cuenta del uso de los drones por la administración Obama en el libro El complejo del asesinato: dentro del programa bélico de drones del Gobierno (Ed. Simon & Schuster, 2016). En la aplicación Metadata que Behroz ha utilizado para sus collages, el creador estadounidense se servía de los datos de la ONG periodística afincada en Londres Bureau of Investigative Journalism. Eso, hasta que la aplicación dejó de estar disponible en el AppStore porque Apple juzgó el contenido demasiado “crudo”.

Según las cuentas del Bureau of Investigative Journalism, los drones habrían acabado, solo en Afganistán, con la vida de entre 3.867 y 5.195 personas. El número de civiles muertos oscila entre 150 y 338 e incluye entre 36 y 87 niños. En Pakistán, según el Bureau of Investigative Journalism, las muertes asociadas a ataques de drones podrían superar las 4.000, de los cuales casi un millar podrían ser civiles.

Un legado de Obama al que no renuncia Trump

La presidencia de Donald Trump ha tomado el relevo de Obama en el uso de los drones. “Está claro que Trump sigue utilizando los programas que permiten el uso de drones”, dice Behroz. “Da igual, en realidad, quien sea el presidente en Washington D.C., los drones son interesantes porque con ellos no hay víctimas en el Ejército, y esto es muy positivo de cara a la opinión pública”, agrega este poeta, escritor y licenciado en Literatura.

“Hemos llegado a un momento en que hay un poder en el mundo, el de Estados Unidos, que económica, tecnológica y científicamente es tan superior que usa esa superioridad para luchar una guerra sin consumir recursos humanos. Normalmente hace falta gente para luchar en una guerra”, abunda Behroz. Sus reflexiones sobre en qué se han convertido la guerra en el siglo XXI también han influenciado en su forma forma de expresar su preocupación por el uso de estas armas.

“Si luchas en una guerra, con miles de soldados volviendo en ataúdes, esto va a causar hartazgo en la gente. Pero con los drones, sigues haciendo la guerra y lo único que pierdes es dinero”, reflexiona el artista. “El campo de batalla ya no es un sitio donde se va a morir, lleno de peligros, donde hay que arrastrarse en el bosque o en selvas, sino que adquiere el aspecto de una imagen por satélite en una pantalla”, comenta.

La guerra vista por satélite

Precisamente este tipo de imágenes, las que toman esos ingenios en órbita, han inspirado su serie de postales compuestas por collages en los que pone en relación dos tipos de fotografías. Una muestra parcialmente un lugar donde ocurrió un ataque de un dron. Está tomada como si estuviera hecha a través de un satélite. La otra fotografía del collage deja ver espacios seguros en Occidente.

“Abajo, suele haber la imagen de una dirección tipo la Casa Blanca, la sede de Naciones Unidas, o direcciones de gente, de amigos míos o la mía propia”, aclara Behroz. La idea del artista era enviar a esas direcciones seguras las imágenes con el mensaje escrito en inglés I wish you were here (Ojalá estuvieras aquí). Ese mensaje tan típico de las postales turísticas es lo único que Behroz escribiría.

“Es un mensaje ambiguo, porque puede ser algo que dice la gente que está arriba, en la imagen, en el lugar del ataque, para así interpelar a la gente de abajo o, al revés, la gente que está en la parte de abajo, en el lugar seguro, se lo dice a la que vive en la zona donde cayó la bomba del dron, invitándoles a venir en un lugar seguro”, sostiene Behroz.

Esto último parece algo imposible que pudiera escribir el presidente Donald Trump, en vista de su política migratoria. Behroz por su parte, sí que podría visitar su Kabul natal más pronto que tarde. “No estoy allí desde 1989 y nunca volví. Estoy muy interesado en lidiar con mis orígenes”, subraya. “Pero para que eso ocurra la situación de seguridad tiene que mejorar”, reconoce. Aún no puede mandar sus postales desde zona bombardeables por drones.

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