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En busca de Marius de Zayas

En busca de Marius de Zayas
Sevilla —

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Sevilla, 30 jun (EFE).- Llevó a Nueva York el arte de Picasso y Cezanne en 1911, fue retratado por Picabia y Apollinaire dijo que fue el caricaturista más grande de su época, pero Marius de Zayas (1880-1961), en vida, no consintió que su obra se expusiera, de ahí que su hijo, el escritor y musicólogo Rodrigo de Zayas, la haya catalogado y dispuesto para ser mostrada en un museo.

Son unas 250 obras entre cuadros, dibujos, caricaturas originales en prensa, bocetos y estudios diversos que se conservan en el caserón del centro de Sevilla que Rodrigo de Zayas restauró en 1973, clasificados e incluso seleccionados para una posible exposición.

"Estaría bien que ya que mi padre llevó a Picasso a Nueva York, su obra se expusiera ahora en alguno de los Museos Picasso de París, Barcelona o Málaga", ha dicho a Efe Rodrigo de Zayas como quien sueña hacer realidad esa justicia histórica y poética.

Este trabajo de catalogación y restauración de las caricaturas en papel de prensa ha llevado doce años de trabajo a Rodrigo de Zayas, quien a sus 85 años ha editado un doble volumen en estuche, tamaño catálogo y encuardenado en tela, que desde hace unos meses puede encontrarse en las librerías de Francia y que ha sido muy bien acogido por la crítica especializada de ese país.

Uno de los dos volúmenes recoge toda la obra en color de Marius de Zayas y una antología de dibujos y caricaturas y el otro, titulado "Cómo, cuándo y por qué el arte moderno llegó de París a Nueva York", es un recorrido biográfico por la vida y la obra de Marius de Zayas, hombre polifacético, galerista y autor de la primera entrevista periodística que le hicieron a Picasso.

"El origen andaluz unió mucho a mi padre y a Picasso, además del interés por el arte moderno y por el arte africano", ha dicho De Zayas sobre la trayectoria vital de su padre, quien también fue el primero en exponer arte africano en galerías de Nueva York, enfrentado además a las obras de los vanguardistas, lo que provocó reacciones de lo más diversas y pintorescas en la prensa norteamericana de la época.

No obstante, Rodrigo de Zayas afirma que, como galerista, su padre fue pésimo, incapaz de ganar dinero porque era un "libertario" que no dogmatizaba con el arte, sino que dejaba que cualquiera opinara lo que quisiera sobre las obras de su galería.

"Fue un hombre que se educó sólo, un autodidacto que empezó imitando a los grandes caricaturistas franceses del siglo XIX... A él le gustaba decir que lo esencial lo aprendió en la calle, que se crió en las calles del puerto de Veracruz... También se consideró un exiliado de Andalucía... Parecía rejuvenecer cuando iba a viajar a Sevilla", evoca De Zayas.

En efecto, de una familia oriunda de Écija (Sevilla), Marius de Zayas nació por azares de la vida en Veracruz (México) y su padre, acuciado por la dictadura de Porfirio Díaz, hubo de exiliarse en Nueva York, de modo que entre esa ciudad y París se desarrollaron las dotes artísticas de Marius de Zayas.

Sobre por qué no expuso nunca su obra, De Zayas dice de su padre: "Era un hombre que rehuía completamente cualquier notoriedad; fue uno de los pioneros del arte moderno y por eso a él lo que le interesaban eran las ideas y la revolución artística que se estaba produciendo en aquel momento... Ahora, con la llegada de Picasso al Museo del Prado se ha dado el último paso de lo que él emprendió".

Marius de Zayas fue amigo de los guitarristas flamencos Ramón Montoya y Manolo de Huelva, a los que inmortalizó en sendas caricaturas, hizo una película casera en su casa de Francia con Concha Piquer bailando la jota, creó revistas vanguardistas en Nueva York, dibujó incansablemente para periódicos y revistas y su vida artística fue "un camino iniciático", en palabras de su hijo, quien lo evoca con auténtica emoción.

Indudablemente poseyó destellos de genialidad, lo que explica la calidad y variedad de sus obras por más que él no les diera importancia en vida, de ahí el empeño de su hijo en que el talento de aquel hombre generoso, atento y entusiasta no pase desapercibido para la historia del arte.

Alfredo Valenzuela

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