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Festival de Málaga

Las pioneras que demostraron que el fútbol también era para las mujeres mucho antes de Alexia Putellas

Un momento de 'Pioneras'

Javier Zurro

Málaga —
9 de marzo de 2026 22:02 h

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Mucho antes de que Alexia Putellas, Aitana Bonmatí o Jenni Hermoso se hicieran famosas y las niñas quisieran llevar las camisetas de mujeres futbolistas y jugar en el patio al deporte que durante años las había expulsado, hubo unas mujeres que demostraron que el fútbol no era solo cosa de hombres. Que la mujer no estaba hecha para coser, cocinar y casarse, sino para mucho más. Que valían tanto o más que los que copaban las portadas del As y el Marca. Eran mujeres como Conchi Sánchez, de quien por desgracia nadie recuerda su nombre.

Su calidad hizo que la apodaran ‘Amancio’. Ella fue una de las jugadoras del primer partido femenino de España, que tuvo lugar entre los equipos de Sizam, posteriormente conocido como el Olímpico de Villaverde, y el Mercacredit. Un partido que tuvo lugar en 1970, en el campo de Boetticher, en el barrio madrileño de Villaverde, Madrid, ante 8.000 espectadores. 53 años antes de que la selección femenina levantara la copa del Mundo, un evento ya había recabado la atención de todos y demostrado el interés. Sin embargo, todavía quedaban cinco años de franquismo y mucho para devolver a las mujeres a los lugares que la dictadura había reservado para ellas.

Para honrar a todas ellas y como retrato de una generación de mujeres llega Pioneras. Solo querían jugar, la tercera película de Marta Díaz de Lope, que compite en el Festival de Málaga convirtiendo en película entrañable la creación de aquel equipo y la vida de aquellas jóvenes que rompieron los estereotipos en 1970. La película le llegó cuando el productor del filme, Jesús Ulled, leyó un artículo sobre un polideportivo que inauguraban en Villaverde en honor a Victoria Hernández, “una de esas pioneras”.

A pesar de que partió de algo que le enviaron, su vinculación con la historia y con lo que contaba hace que la directora no sienta Pioneras como “una película de encargo”. “Desde que empecé a documentarme y a saber quiénes eran estas mujeres sentí un vínculo muy personal con la historia, sentí que tenía algo que aportar. Era una película que me interesaba y podía tener una mirada sobre ella”, recuerda del origen la directora desde el Festival de Málaga. Por eso la escribió junto a su habitual guionista, con quien había hecho sus dos anteriores largometrajes, porque aunque la idea primigenia no fuera suya, sí la sentía personal. 

Comenzó un proceso de documentación que describe como “muy bonito”. La cineasta comenzó a estudiar Historia en Granada antes de poder ir a la ESCAC, y por eso esa parte la disfrutó tanto. “Recuerdo hablar con las pioneras, hablar con Rafael Muga, entrevistarnos con ellos. Había mucho más archivo del que yo esperaba. Había reportajes, entrevistas, 'nodos'… A partir de ahí yo tenía claro que esto iba a ser una película de ficción inspirada en hechos reales y que, con toda esa información, las intenciones de la película no eran retratar una hazaña deportiva. La intención de la película, mi motivación personal, de alguna forma, era retratar el papel de la mujer desde esos años 70. El camino que había tenido que recorrer la mujer hacia la libertad. Y para eso teníamos que hacer una película de ficción que reflejara todo ese sentir”, explica.

Estamos en un momento en el que es muy importante saber de dónde venimos para no repetir, para no volver atrás. Es un momento un poco confuso, peliagudo, de mucha nostalgia

Marta Díaz de Lope Cineasta

La alineación del Sizam es, también, la alineación de la mujer en la España de los 70. La que estaba metida en política, la que estaba en la Sección Femenina, la que ya trabajaba en la peluquería del barrio, la que pudo ir a la universidad… Todas ellas conforman una película coral con la que se “pretendía retratar a esas mujeres”. Para ello era “importantísimo retratar el contexto en el que vivían”. “Me obsesioné con que el espectador pudiera entender, porque yo creo que hay mucha gente que ya hoy en día no lo conoce, lo que era la Sección Femenina, lo que era esa especie de mili femenina que todas las mujeres tenían que hacer si querían sacarse el carné de coche, o el pasaporte o trabajar. Nuestras madres han tenido que pasar por eso. Me parecía muy interesante tratar ese contexto para entender y poner en valor lo que habían hecho estas mujeres”, subraya.

Aunque hable del año 70, lo que le interesaba a la realizadora era que con la historia de esas pioneras “tenía una actualidad absoluta”. “Es una película que mira mucho al presente. Estamos en un momento en el que es muy importante saber de dónde venimos para no repetir, para no volver atrás. Es un momento un poco confuso, peliagudo, de mucha nostalgia, de pasados oscuros que creo que, como se dice, o son desde el desconocimiento o son un desconocimiento deliberado”, afirma.

Las pioneras marcan un gol en la película

Con esta historia espera que “no se nos olvide todo lo que se ha tenido que luchar para conseguir unos derechos por los que hay que seguir luchando para mantenerlos y para seguir avanzando en la igualdad”. “Tan claro como eso. Pioneras tiene un mensaje para las chicas jóvenes, porque hubo una cosa que me llamó la atención cuando estaba escribiendo, y es que los mismos insultos que recibieron estas mujeres en el año 70 por jugar al fútbol, como ‘marimacho’ o ‘vete a fregar’, son los mismos que recibí yo por jugar al fútbol con los niños cuando tenía ocho años. Y hablando con las actrices de la película, que tienen 19 o 20 años, son los mismos que ellas han recibido por hacerlo. Así que hay mucho por hacer y por eso esta película tiene sentido”, dice de manera contundente.

Nunca tuvo miedo de caer en la nostalgia, porque tenía muy claro que lo que quería contar era “un contexto oscuro, represivo y limitante, y cómo esas chicas encontraban un lugar que supuestamente no era su lugar, que era el campo de fútbol, y donde se sentían libres”. Con los departamentos de arte y fotografía hablaron para que el retrato nunca embelleciera nada, y que se sintiera que esto era “una historia de lucha y del sacrificio que hicieron estas mujeres” mucho antes de que las niñas llevaran la camiseta de Putellas.

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