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ENTREVISTA | Oona Chaplin

"Me libré de lo que les ocurre a otras actrices porque mi familia ya estaba en la industria"

La actriz presenta Tierra firme en Madrid y ofrece su visión sobre la maternidad, Harvey Weinstein y las diferencias con la industria de Hollywood

"Yo no me callo. He renunciado a varios papeles porque eran mujeres estúpidas escritas por hombres"

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VÍDEO: David Conde

Cuando apareció en Juego de Tronos era la nieta de Charlie y la hija de Geraldine. Ahora, cinco años después, se ha ganado el derecho a ser reconocida como Oona Chaplin (Madrid, 1986), sin muletillas. No niega que su apellido le ha abierto puertas sin necesidad de frecuentar el ambiente tóxico de Hollywood, pero nadie escala tan rápido con tan solo siete letras.

La hemos visto en la serie de Ridley Scott, Taboo, en los fenómenos de la BBC, The Hour y Sherlock, en un episodio de Black Mirror y, próximamente, en las nuevas entregas de Avatar. Sin embargo, siempre deja un hueco para producciones más pequeñas en España, "que conmueven", como ella dice. Tierra firme, la última de Carlos Marqués Marcet, ganador del Goya por 10.000 km, sin duda forma parte de estas últimas. 

Es una historia de amor entre dos mujeres que viven a bordo en los canales de algún lugar de Inglaterra. Eva, su personaje, sueña con ser madre, en cambio Kat, a la que da vida Natalia Tena, no siente el menor instinto maternal. Al final accede y piden el esperma a su mejor amigo, lo que terminará siendo una dificultad más que una ayuda.

Quedamos con Chaplin en un café de Madrid y, tras echarse un baile con el hilo musical del local, contesta con la misma frescura, risa y naturalidad que antes de encender la cámara. Aquí el resultado.

¿Cómo llegó al proyecto de Carlos Marqués-Marcet?

Conocí a Carlos en el festival de Málaga, cuando estaban estrenando 10.000 km y yo estaba con Purgatorio. Nos presentó Natalia, que es gran amiga. Yo tengo un harén de esposas extraordinarias, y ella es una. Estuvimos celebrando su premio, de fiesta, luego nos vimos en Los Angeles, y fue naciendo una amistad a la par que el proyecto. Y, después de haber visto 10.000 km, no podía decirle que no a un genio semejante.

Se nota esa complicidad en la película, también con David [Verdaguer] y con Natalia [Tena]. ¿El guion estaba bien cerrado o les dejaban improvisar?

El genio de Carlos es que te da mucha libertad como actor, pero es el manipulador más grande que he conocido [ríe]. Siempre acabas haciendo lo que él quería de ti, a través de darte tiempo para respirar y probar por tu cuenta. Lo que ocurre es que el guion ya estaba muy bien escrito, de una manera muy natural. 

Hablando de eso, contó que cambió algunas líneas de su personaje en El viaje más largo, porque el guion y el libro en el que se basa estaban escritos con una visión masculina. ¿Le ocurrió en Tierra firme o los personajes femeninos tenían esa complejidad desde el principio?

Carlos es una persona muy sensible, que entiende y tiene una curiosidad, empatía, imaginación y compasión por el ser humano enormes. Seas hombre, mujer, lesbiana, o hetero, no importa. 

Fotoframa de 'Tierra firme', lo último de Carlos Marqués Marcet

Fotoframa de 'Tierra firme', lo último de Carlos Marqués Marcet

Es una historia de amor muy bonita entre dos mujeres. Hay sentimientos, sexo, pasión, realidad. ¿Estamos más acostumbrados a que se den entre dos hombres en la gran pantalla?

Lo lindo es que el hecho de ser una historia de amor lésbico nunca forma parte de la historia. Es el sexo, el cariño y los problemas que podrían tener dos personas cualquiera. La única diferencia serían las complicaciones para quedarse embarazadas. Entre dos mujeres es un tema más complicado, no es tan simple como olvidarse de tomar la pastilla anticonceptiva. 

Aún así, como yo no dedico mucho a pensar en la sexualidad de otras personas, no entiendo cómo puede ser aún una barrera de contención en esta sociedad el amor entre dos mujeres. Pero ojalá que algún día lleguemos a un punto en el que todo el mundo se quiera y este enamorado entre sí. Ahí es dónde yo quiero vivir.

También aborda un debate muy actual en los círculos feministas: el del instinto maternal. Su personaje lo siente y, el de su pareja, no. Cree que es una renuncia en muchos aspectos. ¿Nos han enseñado a idealizar la maternidad?

El de Eva, paradójicamente, es el personaje más tradicional que he hecho en mi vida. Se adapta a las normas clásicas femeninas, incluyendo la maternidad. Claro que la mujer es mucho más que una madre. Mucho más. No significa que hay que ser madre a costa de todo lo demás, ni todo lo demás a costa de ser madre. La mujer es diosa. Mi mejor amiga acaba de parir y está haciendo su doctorado en este momento.

Pero es cierto que vivimos en un momento de transición de la mujer en la sociedad. Ninguna visión es mejor que la otra, pero hay que tener la discusión y probar cosas diferentes. Creo que el debate de la renuncia y la maternidad es una historia que nos contamos. La historia que tú te cuentas es la vida que tú vives. Hay que convencerse de que otra posibilidad existe. 

Pero muchas mujeres se ven forzadas a no tener más posibilidad, a elegir. Hay una desprotección enorme a nivel laboral.

Las cosas tienen que cambiar por cojones, si me permites la expresión. El simple hecho de que en ningún país del mundo se pague lo mismo a la mujer que al hombre es un chiste. Pero también es tan simple como empezar a decir no. Si sigue es porque lo permitimos, y para eso es muy útil el hermanamiento.

Oona Chaplin, durante la entrevista con eldiario.es

Oona Chaplin, durante la entrevista con eldiario.es DAVID CONDE

El último fenómeno de hermanamiento tiene que ver con algo muy triste,  como el abuso sexual, pero que está creando una red de apoyo entre las mujeres sin precedentes. ¿Has sufrido a algún Harvey Weinstein?

Soy la única mujer que conozco a la que nadie le ha tocado un pelo. Nunca me he sentido violada. Me he preguntado muchas veces por qué, ya que todas las mujeres que conozco han tenido esa experiencia con un hombre. Bueno, una vez un tipo me tocó el culo en una discoteca y le pegué un sopapo con tal violencia, que creo que esa podría ser una de las razones [ríe].

No, las amigas que han tenido experiencias fatales son muy fuertes. Es muy bonito que se esté hablando ahora. Hay que expresar estas cosas con la honestidad, la vulnerabilidad y el deseo de sanar. No hay que meter a todo el mundo en la cárcel, ni despedirles, ni culpar a alguien por un comportamiento que era aceptable en los años 70 y que ya no lo es. Hay que hablarlo. Porque las relaciones entre los hombres y las mujeres están estancas. 

¿Cree entonces que hay que separar lo laboral de lo personal? 

Porque alguien sea un genio, no significa que no sea un acosador de menores. Sí creo que deberían despedir a los hombres que han actuado en contra de la ley, que han violado, que han molestado, y deben sufrir las consecuencias legales.

Pero tampoco hay que exagerar, porque podemos entrar en un círculo vicioso en el que nadie pueda mirar ni halagar a la mujer. No sé, es una cosa muy personal y hay que tratarla con mucha sensibilidad.

Proviene de una familia de artistas y no tuvo que frecuentar los ambientes de poder de Hollywood y las fiestas donde se dan esos abusos. ¿Ha notado la diferencia?

Totalmente. El networking lo llaman, donde todo el mundo se vende un poco. He tenido una gran suerte, no solo porque mi familia ya estaba metida dentro de la industria y me libré de muchas de las cosas que otras actrices tienen que hacer y que les ocurren. Totalmente. Pero también ha sido por suerte, en su sentido más puro. 

Aún así, el sexismo va más allá de los abusos, y su industria sigue siendo una de las más desiguales. ¿En qué otros aspectos afecta a la vida de una actriz?

La curiosidad es que yo sigo teniendo pudor sexual. Aunque nunca me ocurriese algo semejante. Es otra de las luchas diarias: el pudor femenino. Que también me lo paso genial, eh. Pero hay algo que está muy enterrado en nuestra geneología ancestral. Así que es muy grande lo que está pasando, puede dar paso a todo un nuevo paradigma.

También para los hombres. Están cara a cara con una mujer que no reconocen, más fuerte. Y ellos han perdido un montón, porque un hombre de verdad se arrodilla ante una diosa. No es ninguna coincidencia que estén surgiendo los nacionalismos o que gente como Trump esté en el poder. Todo eso responde a energías masculinas, de fuerza, de opresión, de productividad y de control. Pero están cansados, no pueden más, y para cuando eso ocurra debemos tener una propuesta inteligente y sana. 

Según cuenta, ha rechazado varios papeles por su forma de representar a la mujer. ¿Cambiarían las cosas si más actrices hiciesen lo mismo?

Claro, debería haber más mujeres que escriben, que dirigen, que producen. Pero es muy importante el papel de las actrices. Yo no me callo. Si hay algo que no me sienta bien, o lo cambio o no tomo el papel. He renunciado a varios papeles porque eran mujeres estúpidas escritas por hombres. Y no solo por una cuestión de principios, sino de creatividad. 

VÍDEO: David Conde

Hablando de propuestas femeninas, se ha comentado mucho el viraje en Juego de Tronos. ¿Notó la diferencia respecto a cuando participaba en la serie?

Lo que ha hecho Juego de Tronos es ir desde la verdad, el abuso verdadero de la mujer y la imagen más realista, a representar algo a lo que podemos aspirar. Eso es lo lindo. Empezó mostrándonos la verdad a la cara, porque es cierto que hay mucha violencia contra las mujeres y mucha sexualización. Pero ahora estamos en plan: "wow, ¿estas tipas de dónde han salido?". Es genial.

Desde Juego de Tronos ha aceptado películas independientes y grandes  proyectos como Avatar Taboo. En comparación, ¿qué es lo mejor y lo peor de la pequeña producción española?

Aquí lo que falta son más productores con cojones. Apostar por proyectos que conmueven en lugar de invertir en proyectos que pueden vender. Y hay otra cosa, que ocurre en toda Europa, que es pensar que el público es estúpido. También hay películas terribles en Norteamérica, pero allí se produce más volumen y se disimula. 

Pero en España falta valentía. No se aprovecha nada de lo que estamos viviendo aquí: Catalunya, la corrupción o la lucha contra el machismo. Hay un montón de historias interesantes que contar, que no tienen por qué ser grandes épicas transformadoras o apuestas sociales, pero que son una oportunidad para preguntarnos quiénes somos. El cine sirve como terapia. Si no nos lo preguntamos, ¿cómo vamos a crear un mundo en el que queremos vivir?

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