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El maestro Joao Carlos Martins renace como pianista gracias a unos guantes biónicos

Primer plano a una mano del maestro brasileño Joao Carlos Martins mientras toca piano el pasado 29 de enero durante una entrevista con Efe en su residencia en Sao Paulo (Brasil). "No dije ni una sola palabra, simplemente me cayó una lágrima". Así fue el "renacimiento" del maestro brasileño Joao Carlos Martins como pianista, un "sueño" que se hizo realidad gracias a unos guantes biónicos que le permitieron tocar "con los diez dedos" por primera vez en más de dos décadas.

EFE

Sao Paulo —

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“No dije ni una sola palabra, simplemente me cayó una lágrima”. Así fue el “renacimiento” del maestro brasileño Joao Carlos Martins como pianista, un “sueño” que se hizo realidad gracias a unos guantes biónicos que le permitieron tocar “con los diez dedos” por primera vez en más de dos décadas.

A inicios de este año y tras 24 cirugías, Martins nadó una vez más a contracorriente y volvió a encantar con su música a los vecinos del barrio Jardins, ubicado en el corazón de Sao Paulo y donde reside hace más de 40 años, gracias a unos guantes adaptados que le han devuelto los movimientos de las manos.

“Todo ahora es un aprendizaje, es como si yo fuera un niño de 8 años empezando a estudiar desde cero. Soy como un niño que se pone súper nervioso para tocar cualquier cosita”, cuenta el maestro (Sao Paulo, 1940) en una entrevista con Efe.

Tras una serie de problemas de salud, incluida una enfermedad degenerativa en el cerebro y un accidente en 1965 que limitaron los movimientos de sus ambas manos, Martins, una de las referencias de la música clásica en el mundo, anunció su retirada de los escenarios en febrero de 2019.

“De alguna manera, yo siempre lograba volver al piano. Cuando perdí la mano derecha, hice toda una carrera con la izquierda (...) Aún así, la última vez que puse los 10 dedos en un teclado fue en 1998”, recuerda.

Esta Navidad, el músico superó una vez más las expectativas y volvió a “tocar con los 10 dedos” por primera vez en 22 años gracias a unos guantes mecánicos, compuestos por un sistema de muelles y que le devolvieron la capacidad de abrir las manos y extender los dedos.

“Mis dedos, si bajan al teclado, no vuelven. Entonces este aparato con acero y muelles hace que los dedos puedan volver automáticamente”, explica.

Martins abrió a Efe las puertas de su espacioso piso, donde la poca decoración, en su mayoría cuadros, galardones e instrumentos, dejan entrever su exitosa trayectoria como pianista y maestro.

Unas estanterías exhiben los diversos premios conquistados a lo largo de más de 60 años de carrera, mientras los cuadros colgados en las paredes rescatan las memorias de las casi tres décadas vividas en Nueva York, donde inició su vida como pianista a los 18 años.

Al lado de la ventana, un enorme piano negro se impone en el centro de la sala, justo enfrente a un igualmente bar negro, desde el que el maestro suele preparar un bloody mary “ruso”, su cóctel favorito.

“Antes, caminaba cuatro horas al día memorizando las canciones porque mis manos no me dejan pasar las páginas (de las partituras). Ahora, yo practico el piano cada día por cuatro horas”, recalca el músico, quien confía que sus guantes biónicos le permitirán tocar como “un pianista profesional” en octubre, cuando se presentará en el icónico Carnegie Hall de Manhattan.

A sus casi 80 años de vida, que serán celebrados en junio próximo, Martins no esconde su “obsesión con la perfección”, pero es tajante al afirmar que no es ningún “legendario”.

“Yo no tengo nada de legendario, simplemente soy un pianista que ha buscado llevar emoción al público durante toda mi carrera, en cada uno de mis casi 2.000 conciertos”, sostiene.

El maestro empezó a tocar el piano a los 10 años de edad y, a los 18, inició su carrera en Nueva York. Pero los problemas de salud le obligaron a abandonar el instrumento, por lo que decidió fundar, en 2003, la Orquesta Bachiana Filarmónica y mantener así su “sueño” vivo.

“Suelo soñar a menudo que estoy dando un concierto de piano y cuando abro los ojos, me doy cuenta que ya no soy un pianista. Pero entonces recuerdo que soy un maestro y tengo que agradecer por ello”, completa.

A pesar de todas las dificultades, Martins no quita jamás la sonrisa y cree que “una persona con 80 años” puede seguir dando “esperanza y ejemplo”.

“Hay mucha gente que piensa que a los 80 años todo se ha acabado. Pues no, todo puede empezar a los 80”, asegura entre risas.

En su extenso bagaje como pianista y maestro, Martins lleva también la referencia de su padre -“mi mayor inspiración”- y un jocoso encuentro con el pintor surrealista español Salvador Dalí, quien le dio un “valioso” consejo en los años 1970.

Desde entonces, Martins se consolidó como el mayor intérprete de Johann Sebastian Bach, cuya obra para piano ha grabado en su totalidad, y actualmente divide su tiempo entre los proyectos sociales que realiza a través de su Orquesta y los ensayos para volver a dominar el piano, su gran pasión que le ha acompañado durante toda la vida.

“El piano es, al mismo tiempo, mi padre y mi hijo. Y es a través de él que yo busco transmitir emoción y conectarme al mundo”, sintetiza.

Nayara Batschke

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