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Este blog se ocupará de las series más influyentes del momento, recomendará otras que pasan más desapercibidas y rastreará esas curiosidades que solo ocurren detrás de las cámaras.

'Jane the Virgin' temporada 5: el culebrón llega a su fin

Imagen promocional de 'Jane the virgin'.  TM & © 2017 CBS Studios Inc. All Rights Reserved.

Belén Gómez

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Siendo la telenovela un género televisivo con más de medio siglo a sus espaldas —y una efectividad absoluta en lo que se refiere a dejar a familias de todo el mundo pegadas a la televisión—, sorprende que no fuera hasta 2014 que surgiera una voz decidida a subvertir sus reglas y lanzarse a la parodia más valiente posible: aquella que no emana del desprecio o la condescendencia, sino del conocimiento y, por qué no decirlo, del más puro cariño.

Antes de colocarse al frente de Jane the Virgin, la neoyorquina Jennie Snyder Urman había trabajado como productora en series tan variadas como Hope and Faith, Men in Trees o, sobre todo, Las chicas Gilmore, donde llegó a escribir algunos episodios y no tardó en contagiarse del peculiar modo que tenía su creadora, Amy Sherman-Palladino —quien triunfa actualmente con La maravillosa Sra. Maisel—, de abordar la cultura pop. Uno que no excluía públicos ni géneros, aun cuando supiera incidir en aquellos detalles susceptibles de dar pie a los diálogos más ingeniosos y demoledores.

La idea de hacer un remake de Juana, la virgen, por tanto, no se reducía a una reconstrucción más o menos fiel de aquello que había hecho de esta telenovela de Perla Farías todo un éxito en Venezuela. Tampoco se limitaba a querer ser un punto de contacto entre el público estadounidense y este tipo de ficciones, hasta entonces recibidas con bastante desinterés. Jane the Virgin quería ser una serie totalmente nueva, pero sin olvidar sus raíces; unas que entendía muy bien, que apreciaba, y que no dudaría en utilizar como materia prima para los momentos más divertidos del show.

Porque no nos engañemos: las telenovelas siempre han sido graciosas. De forma involuntaria, la mayor parte de las veces, y esto es algo que la serie de Jenny Snyder Urman ha sabido explotar desde el mismo comienzo de Jane the Virgin.

Y es que hay algo hilarante en esas tramas enrevesadas, en esa emoción a flor de piel, en esa afición esquizofrénica por el cliffhanger. A fuerza de tener una presencia tan abundante en la televisión, además, este género ha conseguido que muchos espectadores estén al corriente de sus claves e incluso se permitan hacer chistes sobre ellas sin haber llegado a acabar nunca un capítulo.

Jane the Virgin solo podría haber sido posible en un mundo ya plenamente concienciado con las posibilidades humorísticas del género, y por ello, la ficción de Urman ha supuesto un éxito de crítica y público desde su inicio, hace ya cinco años, y ganado desde entonces varios premios en los Globos de Oro, los Peabody y los People’s Choice Awards.

En todo este tiempo, la protagonista, Jane Villanueva (Gina Rodríguez), no sólo ha tenido oportunidad de quedarse embarazada pese a su empeño por permanecer virgen hasta el matrimonio. También se ha enamorado, se ha casado, ha enviudado, y ha presenciado tanto el renacer del amor entre sus padres como algún que otro escarceo de su propia abuela. Vaya, los avatares típicos de cualquier telenovela, pero tratados con un humor autoconsciente y fresco… que ahora, para consternación de sus fans, afronta el último giro dramático del que reírse.

Un desenlace entre el humor y las lágrimas

El final de la cuarta temporada de Jane the Virgin encontraba a la protagonista a punto de casarse con Rafael (Justin Baldoni) tras un extenso tira y afloja que llegaba a eclipsar los descansos de Ross y Rachel en Friends. La pareja protagonista, cómo no, ya tenía a su propio hijo, bautizado como Mateo Gloriano Rogelio Solano Villanueva —porque los más pequeños también deben sufrir las consecuencias de vivir en un culebrón—, y ahora sólo faltaba la oportuna ceremonia para consumar su amor. Pero si algo nos han enseñado las telenovelas es que pocas ocasiones hay más idóneas para una gran revelación que, en efecto, los preparativos de una boda.

Michael Cordero Jr. (Brett Dier), antiguo marido de Jane, regresa tras haber sido dado por muerto en la tercera temporada, luego de un duro tiroteo que daba por finalizada una tormentosa relación en la que nunca había podido aceptar la cercanía entre su esposa y Rafael. Ahora, con su inesperada resurrección, la protagonista tiene que decidir entre ambos pretendientes, y culminar ese desquiciado triángulo amoroso que tanto ha hecho disfrutar al público durante cuatro temporadas.

Esta última tanda de episodios, en la que incluso es probable que conozcamos por fin en persona al carismático narrador que dobla Anthony Mendez —y que llegó a ser nominado a un Emmy por Mejor Actuación de Voz—, es tan divertida como las anteriores, pero también da rienda suelta a la emotividad y pretende provocar que sus espectadores pasen indistintamente de las lágrimas a las carcajadas. Porque esos personajes han tenido unos problemas tan diversos, se han enamorado con tanta pasión, y han urdido planes tan descabellados, que se antoja realmente difícil despedirse de ellos.

Sin embargo, la relación de Jane Villanueva con este género televisivo no termina aquí. The CW ya prepara, a espera de la luz verde definitiva, Jane the Novela, donde Gina Rodriguez volverá como narradora de una nueva serie. Esta vez, de corte antológico, y consistiendo cada temporada en una historia supuestamente escrita por la propia Jane, de tramas distintas, pero con el objetivo habitual: parodiar los tópicos del culebrón al mismo tiempo que nos recuerda por qué amamos todos y cada uno de ellos.

Ahora bien, ¿cuál será la situación de esta nueva Jane Villanueva? ¿Habrá encontrado la felicidad, y con ella la de sus seres queridos? ¿Se habrá casado con Rafael, o con Michael? ¿Habrá sido interrumpida la ceremonia por el inesperado ataque de una familia criminal checa? En Jane the Virgin puede pasar literalmente cualquier cosa, y el empeño de Jenny Snyder Urman y el productor Ben Silverman por clausurar satisfactoriamente cada una de las tramas nos lleva a la conclusión de que, por muy locas que sean a veces, todas las cosas buenas tienen un final. Incluso las telenovelas.

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