Rakel Camacho dirige una revisión de Cervantes del Juan Mayorga más político en ‘Palabra de perro’
Juan Mayorga se ha dejado meter mano a fondo. A la directora Rakel Camacho le interesó la versión teatral que Mayorga realizó hace años de la novela de Cervantes. Se lo propuso, Mayorga aceptó y se puso a reescribirla. Una reescritura profunda y siempre a favor del universo de la directora. El resultado es una obra mucho más política. Palabra de perro es una revisitación de Cervantes, de la novela picaresca, pero ante todo es un alegato político contra la inmoralidad de esta sociedad que veja al inmigrante hasta deshumanizarlo.
Aunque es más conocida la mala leche de Quevedo o Góngora, Cervantes también la tenía. Un claro ejemplo es El coloquio de los perros, donde el autor no deja títere con cabeza. Cervantes nos presenta la novela como el fruto de la alucinación del soldado Campuzano, un sifilítico que cree oír a dos perros conversar por la noche en el Hospital de la Resurrección de Valladolid.
Pero no se engañen, aquello no era como el Hospital 12 de Octubre, sino un antiguo prostíbulo reconvertido en almacenamiento y contención de pobres de la ciudad. Ese es el emplazamiento elegido por Cervantes para llevar a cabo una afilada crítica a la sociedad del siglo XVI. Con estructura de novela picaresca, el perro Berganza relata su vida a su compañero Cipión para intentar entender cómo y cuándo adquirieron la facultad del habla. Cervantes utiliza este ardid narrativo para reflejar la bajeza moral de una sociedad hipócrita y corrupta. Pero los perros al final del día vuelven a ser guardianes del hospital en silencio. En la versión de Mayorga el asunto cambia, y mucho.
Mayorga escribió este texto hace ya más de veinte años. Se llevó incluso a escena en el 2010 en un pequeño montaje dirigido por Sonia Sebastián. Ahora, la obra ha renacido en el Festival Internacional de Almagro. La directora ha llamado a dos muy buenos actores para interpretar a los perros, a Jimmy Castro y Cecilia Solaguren. Y a su actor más cercano, Jorge Kent, que interpreta a los diferentes amos que va teniendo Berganza: un químico que experimenta con él, un granjero, un potentado empresario con casa en Madrid, un maestro, un policía torrentiano, una poeta teatrera y hasta una bruja.
Mayorga, en esta nueva versión, ha dado mayor entidad a todos esos personajes. En la anterior versión, gran parte de lo que decían los personajes era dicho por el propio perro. Aquí, pensando en el montaje y el potencial de Jorge Kent, el autor los dota de palabra y entidad. Y la obra, que parece que está pensada para tener a dos perros en escena que dialogan, vira por completo.
Estética camp-cañí
Las aventuras de Berganza están narradas hacia atrás, “de la Z a la A”, se dice en el texto. Y Camacho convierte ese periplo invertido de este Lazarillo del siglo XXI en una pesadilla cutre, en una sátira que llega a la síntesis a través de la deformación grotesca. Kent la acompaña en ese viaje dibujando cada personaje con escalpelo despiadado.
La mezcla entre el diálogo de otro tiempo de Berganza y Cipión con esa España tan alucinada como real y desagradable es uno de los atractivos de esta propuesta. Además, Camacho no perderá una posibilidad de bajar a tierra lo dicho en romance por Mayorga. Los policías llevarán uniformes del ICE, la policía nazi de Donald Trump. La escenografía será un centro de detención destartalado, no deja que el espectador se vaya a la belleza de la palabra dicha por los canes. A cada momento lo coge del cuello para que mire y se vea en ese espejo donde se refleja la podredumbre de esta sociedad democrática que trata a algunos de sus iguales peor que a perros.
Mayorga atiza siguiendo la estela de la picaresca a todos los estamentos de la sociedad española. Alguno de ellos, de manera curiosa. Su parlamento sobre la vanguardia teatral es cuando menos “picante”. Algunos asistentes quisieron ver referencias en esas pullas al trabajo de Angélica Liddell. No lo creo, pero tampoco anda lejos y tampoco pasaría nada. Es ring dialéctico. La Liddell en algunas de esas performances vanguardista bien que se despachó con el propio Mayorga.
También contiene la obra su parte de misterio. El pasaje con la bruja satánica es uno de ellos. Camacho lo lleva hasta el paroxismo con un Kent encendido en ubres y latigazos. Acaba el periplo hispano otra vez en aquelarre. En qué, si no, puede acabar esa España animal, parece preguntarse la obra. En Cervantes, el pasaje de la bruja era también una crítica a la ignorancia que cree en sortilegios antes que en la razón, una crítica incluso a la Inquisición y su delirante dogma. Aquí es conclusión, decantación de una España brutal y cada vez más desacomplejada a la que Camacho viste con traje camp y alma cañí.
Palabra de perro es uno de los textos políticamente más explícitos de este autor. Su final, en que una “patrulla ciudadana” acaba humillando y silenciando a Berganza por negro e ilegal, no tiene doblez ni segundos sentidos: es una acusación directa a esta sociedad. Y las últimas palabras, en las que se aboga directamente por la lucha, aunque sea a dentelladas, sorprenden.
La obra se estrenó en la Casa Palacio de los Villarreal, al aire libre. Difícil plaza. El 28 de octubre llega al Teatre Romea de Barcelona. Ahí llegará, seguro, más erguida y consistente. Algunas escenas todavía no han cogido su sitio y las idas y venidas de Jorge Kent por detrás del escenario han de ir asentándose. Del estreno, constatar el vuelo que cogen las palabras de Mayorga en manos de Rakel Camacho. Su universo y su mano firme en la dirección le dan una fuerza nueva, furiosa, al teatro de este dramaturgo.
Hay que resaltar el buen momento que vive el Festival de Almagro. En esta tercera semana se vieron las calles y la plaza llenas, a rebosar. Al igual que los teatros. Además, se pudo ver un hermoso El avaro de Molière de la compañía parisina Théâtre de la Tempête. Un trabajo grupal, comunal y lleno de vida de esta ya legendaria compañía que el público disfrutó a rabiar. Uno de los mejores Molière que el que escribe haya visto.
Y otra vez en las mañanas hubo premio. Si el año pasado fue Scándere con Errantes, este año fue De ida y vuelta. Obra producida por el festival y su programa Plataforma Corral que contaba con los mismos autores, Laura Garmo y Nacho León, pero nueva directora: Cristina Martín-Miro. Directora y actriz que el año pasado impresionó con una estupenda Laurencia en Fuenteovejuna.
De ida y vuelta es una maravilla que viaja al México del XVII y celebra la diversidad y el hermanamiento a través de la palabra y el juego escénico. Todavía quedan dos funciones, el 25 y el 26 de julio. Por la respuesta del público, es de esperar que haya tortas para entrar. Y atención a Cristina Martín-Miró, actriz que surge de la penúltima compañía joven de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, pero que comienza a volar por cielos más amplios y se dibuja ya como una de las figuras más prominentes del teatro de los próximos años.
0