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La frialdad de la Guardia Costera italiana no queda lejos de las fronteras españolas

Una patera con más de una veintena de personas rescatada en su intento de llegar a España. | Foto: Miguel Parcha (imagen cedida).

Helena Maleno

Investigadora especialista en Migraciones y Trata de personas —

Paseando este viernes por Siracusa en Sicilia, encontré a un grupo de personas con banderas de distintos países. Me acerqué a una de ellas a preguntar y me explicó que eran gentes venidas de Ghana, Eritrea, Nigeria e Italia, y celebraban juntas la fiesta del pueblo.

Les seguí hasta unas escaleras que daban a una playa. Al ir bajando hasta la arena todo el mundo comenzaba a callarse.

Dentro del agua había una mujer con el cabello cubierto y un caftán que le cubría hasta los pies. En las manos llevaba ramos de flores e iba cortando cada una de ellas despacito y tirándolas al mar.

En la arena personas con distintos rasgos, de distintos orígenes, contemplaban su dolor en silencio. Lágrimas y rezos de varias confesiones religiosas la acompañaban pero ella sólo miraba al mar.

Al salir del agua se derrumbó en los brazos de quien parecía ser su hijo en un llanto que ya no cesará jamás en su vida.

El resto seguíamos contemplando en silencio, y en las caras de muchas de aquellas personas se sentía la comprensión de su sufrimiento, como si fuese un viejo conocido.

Me sentí traspasada por el dolor, pero arropada, y rodeada de una humanidad infinita. No quise preguntar qué naufragio del Mediterráneo Central se lloraba en esa ceremonia sin cuerpos.

En los albores de nuestra existencia, la humanidad se hizo manifiesta cuando comenzamos a enterrar a nuestros muertos. Cuando se nos hizo necesario sobrellevar la pérdida y tener ceremonias para respetar a aquellos que se fueron y mitigar nuestro dolor. Desgraciadamente a las víctimas de las fronteras y sus familias les negamos incluso este derecho, de reconocer y enterrar a sus seres queridos, en un intento de despojarles de la humanidad primigenia.

Recordé, en medio de los llantos de la playa, las palabras de la controladora de la Guardia Costera italiana ante la petición de auxilio de una embarcación donde murieron 268 personas hace ahora cuatro años.

Sé a ciencia cierta que la torre de control que respondió a esa llamada  no cumplió con su trabajo, con la obligación de gestionar y coordinarse con Malta para llevar a cabo el rescate.  Muy al contrario, la controladora italiana respondió a una persona que se ahogaba “llame a Malta”, y esa descoordinación, esa negligencia entre ambos países mató a cientos de personas, entre ellas 60 niños y niñas.

Si pienso en clave de legislaciones entiendo que Italia y Malta vulneraron el derecho a la vida de estas personas. Pero más allá de las leyes me horroriza la frialdad deshumanizada de las voces de los controladores de la Guardia Costera italiana.

También en la frontera española he encontrados voces como esta llenas de indiferencia, que después dejaban el rastro de la muerte por omisión del deber de socorro.

En el informe de Ca-minando Fronteras, organización en la que milito, se hace una memoria histórica de la guerra en las fronteras españolas, y las personas en movimiento, las que llaman pidiendo auxilio lo cuentan muy claramente. Explican cómo las compañeras fueron cayendo en el campo de batalla por acción y/u omisión de las autoridades españolas.

También lo ha reconocido el Gobierno español, de forma fría como la voz de la controladora italiana, ha explicado lo que ya sabíamos: que la Guardia Civil bloquea a las personas que transitan las fronteras españolas, primando el control del territorio sobre el derecho a la vida.

Tras las políticas europeas y la palabra Europa, hace cuatro años se escondieron  los controladores de la Guardia Costera italiana, sus jefes, el ministro y el presidente de Italia, para justificar la muerte de cientos de personas.

En el caso de España, tras la palabra Europa se esconden los guardias civiles que bloquean la patera, sus jefes, el ministro Zoido y Mariano Rajoy.

Poner nombres a las víctimas de estas políticas de guerra es una acción necesaria par conseguir verdad, reparación y justicia tanto para ellas como para sus familias. Igualmente importante es poner nombres a los verdugos que se esconden tras la palabra Europa.

Plantar cara a leyes que no respetan la humanidad se hace imprescindible, compendios legales hechos para sostener los privilegios y despojar a las víctimas de su condición de personas. Tal vez tengamos que llenar las cárceles de gentes que se opongan a las identificaciones racistas, de los que rescatan en el mar, de quienes gritan contra las devoluciones en caliente, y de una vez dejar de ser espectadores pasivos de estas atrocidades.

El mensaje para Indra y los lobbys empresariales de la guerra de las fronteras españolas, el mensaje para el PP y PSOE que aplicaron las políticas de la muerte. La advertencia para otros partidos políticos españoles cómplices de estas decisiones, tiene que ser que no tenemos miedo, que cada día lloramos a las personas muertas, que seguimos buscando a las desaparecidas, pero no olvidamos ni perdonamos a los verdugos.

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