Terror a bordo de un buque atacado en la guerra de Irán: “El fuego y el humo negro lo cubrían todo”
La explosión arrasó la sala de máquinas del petrolero MKD Vyom sin previo aviso la mañana del 1 de marzo. “Hubo unas ondas de choque inmensas y una bola de fuego”, cuenta Basis (nombre ficticio), un marinero a bordo de uno de los primeros barcos en sufrir un ataque mortal en el golfo de Omán durante los bombardeos aéreos de Estados Unidos e Israel contra Irán.
“Durante uno o dos segundos, me quedé inconsciente”, cuenta. “Todo era oscuridad. Se fue la luz. Al levantar la vista, el fuego y el humo negro espeso lo cubrían todo”.
Conmocionado por la explosión, intentó entender lo que estaba pasando, antes de darse cuenta de que tenía que escapar, y rápido. “La sala de máquinas había quedado destruida. Había tuberías metálicas, cubiertas aislantes y tanques destrozados. Una puerta cortafuegos maciza de dos centímetros de grosor, ventanas de cristal... ¡pum!, todo desaparecido”, dice. “Pensé: 'Estoy vivo. Tengo que salir de aquí”.
El testimonio de Basis a The Guardian expone con todo detalle las aterradoras experiencias vividas por las tripulaciones de los buques que se encuentran en el centro de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.
Dice que él es “uno de los afortunados”: sobrevivió a un incidente del que no todos salieron con vida.
Asfixia y silencio
El petrolero MKD Vyom, con bandera de las Islas Marshall, se dirigía a Ras Tanura, en Arabia Saudí, desde Ámsterdam a través del estrecho de Ormuz. En medio de la escalada del conflicto, se ordenó al barco que se detuviera, informara de cualquier cosa sospechosa y esperara nuevas instrucciones, cuenta Basis.
A más de 100 millas de Irán, “muy lejos” del estrecho y sin barcos cerca, nadie estaba excesivamente preocupado, relata.
Para entonces, Basis no tenía ni idea de que, dos horas antes de que el MKD Vyom fuera alcanzado, otro petrolero, el Skylight, había sido atacado, causando la muerte de un tripulante y dejando a otro desaparecido.
Estuve a punto de perder el conocimiento por la asfixia dos o tres veces. Pero pensé: 'Si me desmayo, moriré". Creo que Dios me ayudó, porque no sé de dónde saqué el valor
Recuerda cómo, a pesar de estar a punto de asfixiarse por el espeso humo negro que le quemaba la garganta y los pulmones, su entrenamiento y su familiaridad con el buque se impusieron. En completa oscuridad, de alguna manera encontró la salida y las escaleras y se arrastró hasta el puente. “Estuve a punto de perder el conocimiento por la asfixia dos o tres veces. Pero pensé: 'Si me desmayo, moriré”. Creo que Dios me ayudó, porque no sé de dónde saqué el valor“.
En cubierta, un silencio misterioso envolvía el barco. “Un barco en marcha está vivo, se nota, siempre hay ruido. Pero se habría podido oír caer un alfiler. Reinaba una gran calma. El océano también estaba en calma, sin viento”.
La muerte de Dixit
Fue entonces cuando se enteró de que su “querido compañero” y “buen amigo de todos”, Dixit Solanki, de 32 años, un engrasador de Bombay (India), seguía desaparecido, probablemente en la sala de máquinas, donde el fuego seguía ardiendo con fuerza.
Para encontrarlo en un barco sin suministro eléctrico y con el motor dañado, la tripulación de 21 personas, compuesta por ucranianos, indios y bangladesíes, tuvo que luchar contra las llamas con solo extintores y arena.
Algunos comenzaron a bajar cubos por la borda del buque hasta el mar, sacando agua de mar a mano, en un intento cada vez más desesperado por controlar el incendio.
Se tardó cuatro horas en extinguir el fuego antes de que pudiera comenzar la operación de rescate. Pero, a pesar de sus mejores esfuerzos, ya era demasiado tarde. Basis y otro miembro de la tripulación encontraron a su compañero muerto, tendido bajo los restos de metal retorcido en la sala de máquinas.
“Hicimos todo lo posible por recuperar su cuerpo, por nosotros y por su familia”, afirma Basis. Pero se produjo un segundo incendio y el fuego comenzó a propagarse a través de los tanques de combustible rotos.
Aplicamos nuestro entrenamiento y combatimos el fuego. Pero sentimos que habíamos fracasado
Con una carga de 60.000 toneladas de gasolina a bordo, la situación se había vuelto crítica. “Si el fuego se propagaba y llegaba a la zona de la carga, todos habríamos desaparecido”, afirma. Poco después, el capitán dio la orden de abandonar el barco.
“Abandonar el buque, dejando atrás a un compañero atrapado en la sala de máquinas, fue insoportable”, dice Basis. “Aplicamos nuestro entrenamiento y combatimos el fuego. Pero sentimos que habíamos fracasado”.
El pasado jueves, Amratlal Gokal Solanki, de 64 años, dijo que su hijo Dixit era su “héroe”. El marinero era “tranquilo, trabajador y un caballero”, siempre dispuesto a ayudar a los demás, “por muy cansado que estuviera tras largas horas en el mar”, dijo su padre. “No era solo un marinero: era hijo, protector y el corazón de la familia. Su pérdida ha dejado un vacío que nunca podrá llenarse del todo”.
Solanki, marinero jubilado, afirmó que los gobiernos y las compañías navieras deben hacer más para proteger a las tripulaciones de los buques que atraviesan zonas de conflicto: “Ningún marinero debería tener que temer por su vida simplemente por hacer su trabajo”.
20.000 marineros varados
La familia de Ashish Kumar, de Bihar, que era el capitán del Skylight —el buque que fue alcanzado horas antes que el Vyom—, no ha sabido nada de él desde antes del ataque, pero se niega a creer que haya fallecido. Ansu Kumari, su esposa, dice que no puede aceptar que haya fallecido. “Se van al extranjero para labrarse un futuro. Si ocurre algo así, las familias quedan destrozadas. Tengo plena confianza en que está atrapado en algún lugar. Sin duda volverá”, afirma.
Desde el 1 de marzo, 10 marineros han perdido la vida en el estrecho de Ormuz y en la región en general, en 32 ataques contra buques. No es habitual que los marinos, que a menudo no están afiliados a sindicatos y temen ser incluidos en listas negras por armadores sin escrúpulos, alcen la voz.
Después de que Basis y la tripulación fueran rescatados por otro buque, la empresa gestora del barco organizó su alojamiento en Omán, donde recibieron asesoramiento y tratamiento médico. Fueron enviados a casa el 4 de marzo.
Diez semanas después de su terrible experiencia, Basis subraya que habla en su propio nombre, y no en el de su empresa ni en el de ningún otro miembro de la tripulación, para poner de relieve la difícil situación de los 20.000 marineros inocentes que siguen varados en unos 800 buques en el estrecho de Ormuz, sin poder escapar.
Otros buques se encuentran fondeados en puertos cercanos. La vía marítima, que normalmente transporta una quinta parte del suministro diario mundial de petróleo y gas licuado, ha estado prácticamente cerrada desde que Estados Unidos e Israel lanzaron los primeros ataques contra Irán el 28 de febrero.
Mis compañeros están sufriendo. (...) Están atrapados, peor que prisioneros, sin comunicación, con comida y agua limitadas
A salvo en casa con su familia, sus pensamientos vuelven a menudo a sus compañeros marineros en el golfo, que han quedado a merced de una prolongada crisis geopolítica que, a pesar del alto el fuego, no da señales de resolverse pronto.
“Mis compañeros están sufriendo”, afirma. “Están atrapados, peor que prisioneros, sin comunicación, con comida y agua limitadas”.
“Son víctimas inocentes”
Haciéndose eco de las palabras del secretario general de la ONU, António Guterres, quien pidió la puesta en marcha de un plan coordinado para evacuar a los marineros, Basis insta a los países a sentarse a la mesa y acordar la mejor manera de llevar a casa a los marineros atrapados.
“Ha llegado el momento de que todos los Estados miembros del sector marítimo hagan lo que sea necesario para que nuestros marinos puedan escapar del estrecho de Ormuz”, afirma Basis. “Son las personas que mantuvieron en marcha la economía mundial durante la pandemia. Son víctimas inocentes”.
Cuando hablas con un hombre de 45 años con familia y está llorando, diciendo 'mi vida está en tus manos', pero no puedes prometerle ninguna solución, es una situación difícil
Desde que comenzó el conflicto el 28 de febrero, la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF) ha visto cómo se multiplicaba por diez el número de marinos que necesitan ayuda, pasando de 200 a 2.000 casos.
Mohamed Arrachedi, coordinador de la ITF para el mundo árabe e Irán sobre pabellones de conveniencia, afirma que tiene 70 mensajes de WhatsApp que requieren atención inmediata. La mayoría quiere ser repatriada, lejos de las zonas de conflicto; otros reclaman salarios impagados, incluidos casos en los que han sido abandonados por los armadores, y otros denuncian la escasez de alimentos. Según él, su angustia es cada vez mayor.
“Cuando hablas con un hombre de 45 años con familia y está llorando, diciendo 'mi vida está en tus manos', pero no puedes prometerle ninguna solución, es una situación difícil”, dice Arrachedi.
“Los marinos le están diciendo al mundo que sus vidas están en peligro. Necesitan protección. Todos los gobiernos deben unirse y encontrar una solución”, añade.
V Ships Asia, la empresa gestora del MKD Vyom, afirma que el incidente tuvo como triste consecuencia la muerte de un “miembro de la tripulación muy apreciado”.
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