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¿El fin del bienestar?

Elusión, evasión, ingeniería, paraísos o guaridas fiscales... Todo indica que sin unos impuestos más equitativos no será posible financiar servicios básicos. Sería el fin del Estado del bienestar ¿Deberíamos resignarnos?

Financiación de los servicios básicos. Imagen de Vitaly.

Financiación de los servicios básicos. Imagen de Vitaly.

Estamos viviendo la reducción de los derechos sociales, aparentemente como consecuencia de la crisis. El Estado tiene menos ingresos fiscales por la reducción de la actividad económica pero, sobre todo, por el aumento del fraude fiscal y, con esta disminución de ingresos, trata de justificar los recortes a los que somete a la sociedad.

En la actualidad en España tenemos en torno a un 25% de fraude del total de ingresos que necesitaría cobrar Hacienda para cubrir los Presupuestos Generales del Estado. Grandes empresas y grandes fortunas se refugian en paraísos (deberíamos llamarlos guaridas) fiscales, sin abonar los impuestos que deberían.

En 2016, todas las empresas del IBEX 35 tenían cuentas en paraísos fiscales.

La cifra cobrada a través del impuesto de sociedades en 2007 era 44.830 millones de euros y en ocho años se quedó en poco más de la mitad, en gran parte como consecuencia de la evasión y la elusión fiscal.

Los pequeños negocios y las pequeñas empresas son las que más empleo generan y, por causa del gran crecimiento de las grandes empresas de venta por internet, de las grandes superficies que se refugian en paraísos fiscales, esos pequeños negocios y pequeñas empresas están desapareciendo.

El gran negocio del mundo está en la especulación financiera global. Por cada dólar de inversión en economía real, la especulación, o sea la economía no real, mueve 125 dólares, que apenas crean empleo.

De ese gran negocio mundial, las Haciendas de los países no cobran nada, pues están libres de IVA u otro impuesto similar. Las ciudadanas y ciudadanos de a pie pagamos IVA por todo, hasta por el pan, pero, si tuviéramos grandes fortunas y nos dedicáramos a invertir millones de euros en donde sea, no pagamos nada. El mercado financiero impide que se pague cualquier impuesto ridículo (0,01%) que se pretende introducir.

La aparición masiva de la utilización de maquinaria en la agricultura ha reducido enormemente la mano de obra en ese sector desde hace  años y la entrada de los ordenadores en la banca y otros servicios, ha recortado la mano de obra. Ahora en lugar los cajeros humanos, encontramos cajeros… automáticos.

Las máquinas robot sustituirán en las fábricas a los trabajadores y trabajadoras. Así, una maquina que sustituya a 10 trabajadores - a los que enviará al paro – hace que esos trabajadores dejen de cotizar a la seguridad social, dejen de abonar impuestos y pasen a ser un coste social. Además del enorme coste personal que supone.

¿Qué tenemos que hacer para evitar la destrucción el estado del bienestar que tanto nos ha costado conseguir?

Sin perjuicio de que se abonen impuestos sobre los robots, como ya propugna Bill Gates, es imprescindible limitar al mínimo, si no eliminar, el enorme quebranto que nos producen los paraísos fiscales. Al mismo tiempo, imprescindiblemente, hay que imponer un Impuesto a la Transacciones Financieras.

Estos dos espacios son unos pozos negros que minan las posibilidades de que siga existiendo el estado del bienestar, imposibilitando el cumplimiento de los derechos humanos, de nuestros derechos económicos, sociales y culturales.

Una frase atribuida a Einstein: La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa. ¿No es hora de actuar?

Una de las formas de actuar es analizar de manera crítica la realidad, como en este informe de Oxfam Intermón sobre bancos publicado la presente semana. 

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