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Exámenes de ética, la nueva moda en la City londinense

Conscientes de que han perdido credibilidad, las grandes firmas financieras se han inventado cursos y exámenes para certificar su ‘buena conducta’.

La única manera de confirmar su eficacia “será la consecución de muchos años libres de escándalos en el sector financiero”, según el Instituto de Negocios Éticos

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La City londinense se ha apuntado a clases de ética. Hacer exámenes de conciencia, en sentido literal, es la nueva tendencia que se impone entre los individuos encorbatados que manejan los mayores negocios de Reino Unido.

Uno de los más extendidos es el llamado Integrity Matters una prueba online del Instituto de inversores CISI (Chartered Institute for Securities and Investment). En el examen se plantean al alumno una serie de dilemas morales: ¿cómo actuaría si se entera de un caso de enchufismo? ¿Qué haría si los requisitos de un cliente para firmar un contrato importante chocan con la ética de la empresa? ¿Echaría de su compañía a un becario que ha falsificado la firma del jefe sin permiso para llegar a tiempo a una entrega cuando éste no estaba en la oficina? ¿Invitaría a la final de la Champions a su mejor cliente si sospechara que está pensando en cambiarse a otro banco?

Unos 20.000 financieros lo han aprobado dese 2013. Cuesta 27 euros y consta de dos partes: un taller de reflexión y debate y el examen online que requiere unos 45 minutos.

CISI es una institución sin ánimo de lucro pero la nueva oferta asesoría ética llega también a las grandes consultoras. Desde Deloitte hasta Goldman Sachs, pasando por pequeñas asociaciones de constructores, ofrecen certificados contra el soborno, seminarios de corrupción y todo tipo de soluciones para dar brillo a la moral.

Por un lado, las empresas están buscando recuperar la confianza perdida durante los años de crisis. Fuentes del sector aseguran que los clientes cada vez preguntan más por los aspectos éticos antes de firmar sus contratos. Por el otro, las nuevas leyes anticorrupción inquietan a muchos ejecutivos del sector industrial y financiero, que buscan asesoría externa para comprobar que sus políticas de empresa se ajustan a la ley.

Otra razón de peso para acreditar la integridad de una empresa en Reino Unido es que el sector público sólo quiere trabajar con empresas que hayan comprobado sus estándares éticos.

La ley contra el soborno

Pero el mayor acicate para sumarse a esta tendencia fue la ley contra sobornos (Bribery Act) que se implantó en el país en 2010, según Osama Al Jayousi. “Muchas empresas querían saber si su política de regalos y de hospitalidad seguía estando dentro de la ley”, dice Al Jayousi, gerente de cumplimiento normativo de la multinacional Carillion PLC que acaba de ser certificada por un programa llamado Investing in Integrity.

En Reino Unido, igual que en España hay una larga tradición de agasajar a los clientes con comilonas, invitaciones a partidos de fútbol o viajes. Aquella ley consideró que muchas de ellas rozaban el soborno y hoy están penadas en el Reino Unido.

Cuando Al Jayousi rastreó el mercado hace unos meses para buscar los estándares éticos que más le convenían, encontró distintos tipos de asesoría ‘ética’. “El primer tipo intenta principalmente evitar complicaciones legales haciendo ‘tic’ en las casillas que marca la ley. Tus asesores se aseguran de que tengas una política de regalos y hospitalidad, una política de conflictos de interés, una política de denuncias internas…”.

Pero Al Jayousi considera que esta aproximación al problema no hace más ética a una empresa. Por eso eligió un tipo de estándar un poco más exigente. Para obtener el certificado ético de Investing in Integrity tuvieron que pasar un proceso de más de cuatro meses de cursos, entrevistas y entrenamientos y pagaron unas 50.000 libras para obtener la acreditación, aunque el precio depende del tamaño de la empresa. El certificado tiene una caducidad de 3 años.

“Este segundo tipo nos pareció mejor porque lo que trata de hacer es incrustar la ética en la compañía dando cursos, formación y haciendo entrevistas sobre los problemas de la empresa a un gran número de los trabajadores, desde los ejecutivos hasta los obreros”, dice Al Jayousi.

10 años de penitencia

Los ciudadanos, sin embargo, no se dejan convencer con facilidad. El 39% de los ciudadanos aseguraba en una encuesta de 2013 que la reputación del sector financiero tardará más de 10 años en reconstruirse. En ese mismo sondeo, el 36% dijo que se tardarían entre 6 y 10 años y tan sólo el 5% dijo que la confianza en los bancos se recobraría en menos de 5 años.

“Durante los últimos años ha habido escándalos suficientes como para justificar un cierto grado de cinismo por parte del ciudadano de a pie: venta engañosa de hipotecas de inversión, ataques a los fondos de pensiones, sobrecargos, productos de inversión dudosos, retribuciones astronómicas”, apunta el CISI en su web.

“Tienen que cambiar mucho los bancos antes de que el público sienta que puede confiar en ellos”, reconoce Andrew Hall, responsable de estándares profesionales de la institución.

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