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ENTREVISTA
Investigador principal del Real Instituto Elcano

Gonzalo Escribano, experto en energía: “Aún no hay pozos de petróleo ardiendo, pero nos acercamos peligrosamente”

El investigador principal y director del Programa Energía y Clima del Real Instituto Elcano, Gonzalo Escribano.

Álvaro Celorio

19 de marzo de 2026 22:02 h

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El ataque a la refinería de South Pars, en Irán, una de las mayores infraestructuras gasísticas del mundo, es un paso más en la escalada del conflicto en Oriente Medio. Gonzalo Escribano, investigador principal y director del Programa Energía y Clima del Real Instituto Elcano, cree que aún estamos lejos de ver las imágenes más desastrosas de la Segunda Guerra del Golfo, a principios de los 90, con pozos petroleros ardiendo y yacimientos inutilizados. “Pero nos acercamos peligrosamente”, señala en una entrevista con elDiario.es.

El golpe se ha sentido en los mercados financieros (el Ibex 35 perdió este jueves un 2,3%) y también en los de materias primas, con el petróleo disparándose hasta rozar los 120 dólares por barril de Brent y el gas natural escalando un 20%, aunque ambas subidas se moderaron a lo largo de la jornada. Escribano, que también es catedrático en la UNED, apunta que Rusia es la gran beneficiada del conflicto y que la Unión Europea ha de actuar. “La estrategia de Europa no debe ser de quién importamos los fósiles; sino importar menos y aumentar nuestra autonomía estratégica”, apunta.

¿Qué implicaciones tiene que una infraestructura como la de South Pars pueda quedar inutilizada?

Irán apenas exporta gas, solamente a Irak y a Turquía y el 70% del que explota lo consume internamente. Por tanto, la infraestructura que se ha atacado en principio no tiene grandes repercusiones internacionales. Sin embargo, Turquía, que importa un 10% del gas que consume, ahora tiene que salir a comprarlo a los mercados. Por eso este jueves se ha disparado el gas TTF, de referencia en Europa. También ha subido el petróleo porque el mercado entiende que estamos en un peldaño más en la escalada. Si Israel ataca activos energéticos tan importantes en Irán y ellos toman represalias, como han hecho en países del Golfo, se entiende que las repercusiones van más allá del efecto aislado sobre una infraestructura. Volver a recuperar esas instalaciones llevará tiempo: semanas o meses, no años. Todavía en esta crisis no hemos visto las imágenes que se recordarán de la Segunda Guerra del Golfo de los pozos ardiendo y los yacimientos inutilizados durante meses o años. Todavía no estamos ahí, pero nos acercamos peligrosamente.

Pero Irán se ha quedado sin gas. Irán lleva ya tiempo en una crisis energética, aunque parezca paradójico en un país con una de las mayores reservas de gas del mundo. Llevaba ya varios años con apagones, sin poder alimentar sus plantas de electricidad, quemando fueloil muy pesado y muy contaminante en las ciudades. 

¿A qué escenario podemos llegar en el caso de que se empiecen a poner en la diana estas infraestructuras estratégicas?

Es un escenario de los más extremos previstos por los analistas. Hasta ahora había cierto consenso en que los precios del petróleo y del gas iban a subir de forma importante, por encima de los 130 o 150 dólares el barril. En el caso del gas, los precios de 30 euros megavatio hora podían irse a 80 o 100 euros. Aún lejos de los niveles después de la crisis que tuvimos con Rusia, cuando llegaron casi a los 300 euros por megavatio. Pero ya estamos en unos niveles de precios del gas muy importantes y para el petróleo nos estamos acercando peligrosamente a la situación posterior a la crisis de Ucrania.

Gonzalo Escribano, en un momento de la entrevista.

¿Es viable que la economía global renuncie al petróleo o gas que procede de esta zona?

De la noche a la mañana, no. Por eso la Agencia Internacional de la Energía ha liberado reservas para intentar tranquilizar a los mercados y mantener la capacidad de suministro. No podemos prescindir. Pero si hay una pérdida importante del número de barriles y la cantidad de gas, la demanda se ajustará sobre el precio. Y eso implica precios altos que solo podrán pagar los que tengan capacidad o estén dispuestos a asumirlo más caro para asegurar su suministro.

¿Y hay otras vías para sustituir ese suministro si el estrecho de Ormuz permanece bloqueado?

Depende de las materias primas de las que estemos hablando. Si es para el gas natural, no hay otra vía. En petróleo, sí hay algunas alternativas pequeñas: primero, la liberación de reservas estratégicas. También existe un oleoducto va desde el este del país, donde está el grueso de los yacimientos hacia una terminal que tienen en el Mar Rojo.

El problema es qué hacer con ese petróleo. Lo puedes mandar por Suez hacia los mercados europeos, pero el grueso del crudo va hacia Asia, por lo que ha de atravesar el estrecho de Bab el-Mandeb. Y es vulnerable ante un ataque de los hutíes. Irak es el país más afectado porque tiene muy poca capacidad de almacenamiento y han tenido que bajar la producción de cuatro millones de barriles día a un millón y pico.

Pero todos estos paliativos no son suficientes y siguen faltando millones de barriles de petróleo al día. Si se mantiene en el tiempo, afectará mucho a los mercados.

¿Qué margen ganamos con la liberación de la AIE?

La agencia ya ha anunciado que puede liberar más de los 400 millones que ha anunciado. A eso hay que sumar las enormes reservas de China; Canadá dice que va a producir más petróleo… Es ganar tiempo, pero no es una solución estructural ni definitiva. Es mandar un mensaje de que hay alguien al mando.

Levantar las sanciones a Rusia sería un alivio a corto plazo, pero un error brutal

Estados Unidos ha decidido levantar algunas sanciones al crudo ruso. ¿Está saliendo beneficiado del conflicto?

Rusia es el principal ganador a corto plazo. El Kremlin empezaba a sentir la presión económica porque los precios del petróleo caían a causa de las sanciones y tenían que vender su petróleo con un descuento importante para que China, India, Turquía… se lo comprasen. Ahora, los precios del petróleo se han duplicado y esos descuentos que exigían los consumidores han desaparecido.

Ahora bien, esto es a corto plazo. A largo plazo, si la situación se prolonga y se destruye mucha demanda de combustibles fósiles, a lo mejor muchos países optan por volver a carbón o desplegar más renovables. Si en China profundizan en la electrificación del transporte, o en la Unión Europea los consumidores compran bombas de calor en lugar de calderas de gas, esa demanda de gas se pierde para siempre. 

Hay presiones dentro de la Unión Europea, con algunos países que son más cercanos al Kremlin, que ya están pidiendo levantar las sanciones. Eso sería, quizá, un pequeño alivio a corto plazo, pero sería un deterioro muy serio de nuestra seguridad energética a medio y largo plazo. Ya sabemos en Europa cómo se las gasta Vladímir Putin. Volver a tropezar en la misma piedra sería de una miopía estratégica tremenda. Es un error brutal que no se debe repetir.

Hablaba usted de China. ¿Es esto un acicate para que China, que depende tanto del petróleo, intensifique su proceso de electrificación?

China llevaba ya meses, si no años, acaparando una cantidad importante de petróleo. Por lo que estaban razonablemente bien preparados. Evidentemente, si la situación se prolonga durante mucho tiempo, les va a doler más que a otros. Pero si se destruye la demanda de gas y petróleo, y muchos países apuestan por la electrificación… Todo esto beneficia a China, que es el gran productor de estos tipos de bienes y materiales críticos. Ya no es solo que China apueste más por las renovables para una mayor autonomía estratégica, sino que habrá más demanda de placas solares, turbinas eólicas, baterías, vehículos eléctricos… Y hoy China tiene una gran ventaja comparativa. 

La liberación de reservas permite ganar tiempo, pero no es una solución

Desde 2022, Estados Unidos se ha convertido en un socio fundamental en términos energéticos. ¿Puede verse fortalecido y que se beneficie, de alguna manera, de ese corte de la energía que procede del Golfo Pérsico?

Yo no diría que se beneficie, pero Estados Unidos ahora es exportador neto de gas y petróleo. También es una economía muy intensiva en el uso de gas y petróleo, que vive su vida en un automóvil y donde el coste político de que un galón suba por encima de los 3,5 dólares es importante. Incluso aunque, en términos agregados, ganen más de lo que pierden, la cuestión es cómo se redistribuye y quién lo gana. Si esto llena los bolsillos de las petroleras, pero supone un deterioro importante para las clases menos favorecidas, supondrá una tensión política relevante. 

A la Unión Europea le toca tener paciencia estratégica y una visión a largo plazo. Estados Unidos es consciente de que su dominio energético favorece su influencia en el mundo. Es cierto que hemos cambiado la dependencia de Rusia por la de Estados Unidos, pero los exportadores rusos siguen el dictado del Kremlin y los estadounidenses, no. Se deben a su cuenta de resultados y a sus accionistas. Y muchas de ellas son donantes de Trump.

Lo que me preocupa no es tanto la dependencia de Estados Unidos como perpetuar la dependencia de las importaciones fósiles. La estrategia de Europa no debe ser de quién importamos los fósiles, sino importar menos en general y aumentar nuestra autonomía estratégica.

El investigador y catedrático, Gonzalo Escribano, en la sede del Real Instituto Elcano.

En términos energéticos, ¿estamos en Europa y en España mejor preparados para una crisis energética que en 2022? ¿Hasta qué punto las renovables son claves?

Estamos bastante mejor preparados, pero quizá no todo lo que nos gustaría porque tampoco se puede cambiar el modelo energético en cuatro años. En 2022, era una cuestión de suministro físico. Un país como Alemania, por poner el ejemplo más claro, solamente podía abastecerse de Rusia porque no tenía plantas de gas natural licuado. Ahí había un problema de suministro físico que se solventó con mucha solidaridad europea. 

Hoy no hay un problema de falta de accesibilidad física al gas y ha aumentado mucho el despliegue de renovables. Solamente en 2025 se desplegó en la Unión Europea lo que equivale prácticamente a lo que importamos de Qatar. Los precios suben para todos, pero se reduce el número de horas en las que los precios de la electricidad dependen del gas. Pero seguimos teniendo una situación complicada porque no es tan fácil sustituir esas cantidades de gas.

Sería un error intentar reducir los precios volviendo al carbón. Sería pan para hoy y hambre para mañana

Es curioso que esto se produzca justo cuando estábamos viendo una reversión a nivel europeo de todas las políticas verdes y climáticas.

Es una llamada de atención muy clara. Los precios de los combustibles fósiles son muy volátiles y dependen mucho de cuestiones geopolíticas en las que la Unión Europea tiene una influencia limitada. Todas las tendencias nos dicen que, en un mundo con una creciente rivalidad geopolítica y en el que nuestro principal aliado, Estados Unidos, ha adoptado una postura menos amigable con la Unión Europea, tenemos una situación de mayor vulnerabilidad estratégica. Sería un error de primera magnitud intentar reducir la presión de los precios a corto plazo volviendo al carbón o reduciendo el peso de las emisiones de carbono, porque sería justo lo contrario de lo que tenemos que hacer. Hay que tener cuidado que las medidas que se tomen a corto plazo no sean contradictorias con ese objetivo de largo plazo de aumentar nuestra autonomía estratégica. Entonces eso sería pan para hoy y hambre para mañana.

Siempre se habla de España como una isla energética. Se habló de esto en 2022, pero también el año pasado, a raíz del apagón. ¿Nos beneficia serlo?

Cuando uno mira los precios de la electricidad del mercado mayorista en países como Francia, por la energía nuclear, o en España, por las renovables, sistemáticamente los precios son más bajos. Eso se explica por la política energética española de despliegue de renovables. Y también, en parte, porque tenemos unas interconexiones limitadas que nos permiten exportar poca electricidad cuando tenemos un gran excedente, pero que también nos permiten importar poca energía nuclear de Francia. Con lo cual esto es un producto ambivalente. 

Esa situación de aislamiento relativo nos permite funcionar de otra manera y tener unos precios más bajos. Ahora bien, aquí estamos de nuevo en el dilema entre el corto y el largo plazo. Es posible que en el corto plazo esto nos venga bien, pero si luego tenemos un apagón, lo que nos viene bien es tener más interconexiones. En el largo plazo, lo que nos viene bien también es que haya una unión de la energía a nivel europeo. No tiene sentido que los países nórdicos y la Península Ibérica nos beneficiemos de unos precios más bajos porque tenemos más renovables y que no seamos capaces de llegar a un mercado integrado de la energía que funcione para todos. Porque si le va mal en el largo plazo a los alemanes, nos va a ir mal a nosotros porque no podremos vender nuestros productos.

Por una cuestión meramente geográfica, si seguimos desplegando renovables e incluso hidrógeno verde cuando llegue, España tendrá una ventaja comparativa en términos de precios de generación de energía si hacemos bien nuestros deberes.

En 2022 se apostó mucho por el hidrógeno verde y, ahora, parece que nos hemos olvidado un poco de esta tecnología. ¿En qué punto está?

Quizá generó expectativas excesivas, pero sigue siendo una tecnología muy prometedora y que tiene muchas ventajas para España y para el conjunto de la Unión Europea. Quizá los objetivos que se marcaron a nivel de la Comisión eran un poco exagerados, pero ofrecen muchas oportunidades para España.

Creo que la estrategia española era bastante razonable. Siempre ha tratado de dejar esa producción en España para hacer que la industria española sea más competitiva en su uso y no tanto en exportarlo en el corto y medio plazo. Y siempre manteniendo precios más bajos en España para mantener esa competitividad.

Hay que seguir trabajando y apostando por él, pero, y especialmente ahora, cuando suben los precios del gas, de repente el hidrógeno verde resulta más competitivo. Sobre todo de cara a una apuesta estratégica para ir, poco a poco, reduciendo los precios de los fertilizantes, que se van a disparar, en parte, porque aumenta el precio del gas. 

En un país como España, construir nuevas nucleares no es una opción

En 2022 hablábamos de hidrógeno verde y, ahora, la Comisión Europea señala que quizá no sea el momento de parar la actividad nuclear.

Eso depende de cada país. En un país como Francia, con una industria nuclear desarrollada y mucha aceptación pública, con empresas públicas dispuestas a apostar por la nuclear y a perder dinero con ella, pues tiene todo. En un país como España, con muchas renovables y una capacidad de aumentar tu generación, construir nuevas nucleares no es una opción. En España el espacio de la política nuclear está más entre si seguimos con el cierre anticipado o prorrogamos la vida útil. Es un tema muy de política nacional. Dependerá de cuáles son los incentivos que se dan a las empresas, sobre todo en términos fiscales. Hay otras voces que dicen que hay que hacerse de forma ordenada para que no perjudique el despliegue renovable en el medio y largo plazo.

Hablamos mucho de las variables económicas y energéticas, pero dejamos de lado la climática. ¿Cuáles son los efectos de este conflicto sobre el clima?

Todas las guerras tienen un impacto climático en emisiones tremendo. Por supuesto, el principal impacto son las muertes. Pero, en el momento en que destruyes infraestructuras y las tienes que reconstruir, el impacto en emisiones es muy fuerte. 

Si muchos países asiáticos vuelven a quemar carbón, por ejemplo, para sustituir el petróleo y el gas, esto va a tener en el corto plazo unas connotaciones muy negativas. Pero, viéndolo desde un punto de vista más optimista, si se llega a la conclusión de que para los países europeos que no tenemos recursos fósiles, lo que nos da más seguridad es apostar por las renovables y la descarbonización, ahí tendríamos dos objetivos gemelos y complementarios: seguridad de suministro y reducción de emisiones.

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