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Jesús Neira, juguete roto

En lo que va de año han muerto en España 44 mujeres por culpa de la violencia machista, tres de ellas en Madrid. Es, como ven, un problema menor: en ocho meses, más o menos, los mismos asesinatos que lleva ETA en diez años. Pero estamos en crisis, y hay que ahorrar. Así que Esperanza Aguirre ha decidido ahorrarse el sapo de despedir al caído profesor Jesús Neira, ese fichaje populista que salió rana, por la vía rápida de cerrar el Observatorio Regional de Violencia de Género que presidía. Es un método de choque, que Neira no se daba por dimitido: como el inquilino no se quería ir, Aguirre derriba todo el edificio. Y es aún más indignante la excusa utilizada. Dicen que la decisión ya estaba tomada desde antes del verano por los recortes presupuestarios; que el hecho de que Neira sea fiel seguidor de la doctrina Aznar, y nadie le diga cuántas copas de vino debe tomar, no tiene nada que ver. Aunque queda algo sin aclarar: si la decisión estaba tomada, ¿a qué esperaban para contarla? ¿Por qué no se explicó junto con los demás recortes presupuestarios? Qué preguntas tengo, como si las respuestas no fuesen obvias.

El probable final público de Jesús Neira, dando tumbos con su BMW a toda velocidad, increpando a los agentes que lo detuvieron por conducir borracho, inventando excusas pueriles sobre su imprudencia, es sólo un exceso más de un personaje que hace meses que debió ser despedido de su cargo. Es el mismo profesor que defendía, sin que nadie del PP le chistase, que la Constitución fue “una idiotez, una anormalidad antidemocrática”; o que trataba a Obama como un “pelele”; o que calificaba a Zapatero como un “antidemócrata de mierda”. Ahora que su imagen pública ya no sirve, Aguirre dinamita el pedestal. Hasta nuevo héroe, supongo.