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Las mentiras sobre ETA y el 11-M

ETA solo estuvo en el 11-M en la imaginación de algunos y en las fabulaciones con las que El Mundo quiso tapar las vergüenzas de Aznar y el PP

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Una década después, el exminero asturiano que vendió los explosivos del 11-M ha decidido confesar su culpabilidad y admitir que mintió. «Implicar a ETA en el 11-M fue una tontería. Lo dije para generar confusión», asegura Antonio Trashorras en una entrevista en El Confidencial, donde el condenado a 34.715 años de cárcel desmonta esa teoría de la conspiración que él mismo ayudó a levantar. «Decía una versión, soltaba otra… Además, me divertía hacer eso. No era consciente de las consecuencias». Es el mismo Trashorras que hace unos años, en una conversación en la cárcel con sus padres, confesó: «Mientras El Mundo pague, yo les cuento la guerra civil».

La palabra de Trashorras no vale mucho, ya lleva ocho versiones sobre el 11-M. Pero es la primera vez que los hechos probados en el juicio coinciden con su explicación. ETA solo estuvo en el 11-M en la imaginación de algunos y en las fabulaciones con las que El Mundo quiso tapar las vergüenzas de Aznar y el PP; sus mentiras a las víctimas en una estrategia despreciable con la que intentaron cuestionar la legitimidad de aquellas elecciones que llevaron a Rajoy a la oposición. El PP llegó a presentar durante la legislatura 2004-2008 cientos de preguntas en el Parlamento relacionando a ETA con el 11-M con evidencias tan poco sólidas como un desodorante para pies, una cinta de la Orquesta Mondragón o las «tonterías» de Trashorras.

En septiembre del 2006, el entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, dedicó tres portadas consecutivas, las tres a cinco columnas, a una entrevista con el vendedor de dinamita que hoy reconoce que mintió. «Soy la víctima de un golpe de Estado encubierto». «La Policía me ofreció dinero y un piso para que incriminara a Zougam y El Tunecino». «Jamal tenía contactos con ETA», decía Trashorras, y repetía El Mundo en su primera plana dando credibilidad a sus mentiras.

Ese mismo 2006, en abril, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) concedió uno de sus premios anuales a Ramírez. El director de El Mundo presentó después el galardón como un reconocimiento a su investigación del 11-M, un serial de «agujeros negros» que arrancó a los 39 días del atentado. Este año, uno de los ganadores de los premios de la FAPE ha sido Jordi Évole y he escuchado a algunos periodistas decir que, de haberse fallado después de la polémica por su falso documental sobre el 23-F, probablemente no habría ganado. Al parecer, hay quien considera más ofensivo para la virtud del periodismo la ficción de Évole –un juego que a los 50 minutos explicaba la verdad– que manipular durante años lo que pasó en el 11-M.

Una década después, Trashorras pide perdón a las víctimas. ¿Y Pedro J. Ramírez? ¿Pedirá algún día perdón?

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Publicado en El Periódico

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