Huelgas, manifestaciones y ahora la revuelta del estamento médico ponen en jaque a la Sanidad pública vasca

Protesta sindical bajo el lema 'Salvemos Osakidetza', este verano

Huelgas, recursos judiciales, las listas de espera en máximos, protestas en la calle por los recortes, presión de la oposición en el Parlamento y, ahora, una rebelión en uno de los principales hospitales vascos, el Donostia. El recurrente argumento de que Euskadi es la comunidad autónoma de España que más gasta por habitante en su Sanidad pública no le exime de problemas terrenales como los que se reproducen en Madrid o Andalucía. La gestión sanitaria empieza a ser una patata caliente para el PNV y más en un período preelectoral. Por tercera vez en dos años largos en el cargo, la consejera de Salud, Gotzone Sagardui, se encuentra señalada. Esquivó la crisis de las vacunaciones irregulares de dos directivos del servicio vasco de salud Osakidetza –ambos exconcejales del PNV en Bilbao– y optó por un perfil más bajo tras su polémica apelación a la necesidad de un “cambio cultural” ante la escasez de médicos, lo que incluía ir más lejos al ambulatorio, horarios más reducidos o consultorios sin facultativos. Ahora, tras el incendio en la OSI Donostialdea –la comarca sanitaria que aglutina a los hospitales y centros de salud donostiarras–, Sagardui y la directora general de Osakidetza, Rosa Pérez Esquerdo, con el aval expreso del lehendakari, Iñigo Urkullu, mantienen sus planes de renovar equipos directivos.

Euskadi ante el reto de la Sanidad pública: abrir las puertas a todos los médicos para no cerrar las de los ambulatorios

Euskadi ante el reto de la Sanidad pública: abrir las puertas a todos los médicos para no cerrar las de los ambulatorios

¿Qué ha ocurrido en Donostia? El viernes se conoció la destitución de Itziar Pérez, gerente de la OSI Donostialdea. En un mensaje a la plantilla, se quejaba de que se tenía que marchar por no estar “alineada” con la cúpula de la Sanidad vasca. Acto seguido, se supo de la separación del cargo de Idoia Gurrutxaga, subdirectora médica. Tres subdirectores más han dimitido en los últimos días, los jefes de servicio hicieron una concentración de protesta y han escrito un comunicado muy duro y, en estas circunstancias, sindicatos y oposición han pedido responsabilidades políticas. En medio han salido a reducir posibles problemas con la integración del centro privado Onkologikoa en la red pública y un posible traslado a Cruces, en Barakaldo, del servicio de cirugía peritoneal. Sagardui lo niega, pero no termina de explicar cuáles son las discrepancias que han soliviantado al estamento médico de Donostia. Porque esta crisis incorpora un nuevo componente diferencial de las anteriores: son los jefes de servicio y directivos intermedios los que cuestionan las decisiones de la dirección política y aluden a recortes. Trabajadores y organizaciones sindicales consultados por este periódico destacan esta cuestión como realmente novedosa.

Varias voces sitúan el origen de la actual crisis en Osakidetza en el verano de 2018, cuando afloraron las denuncias de irregularidades en las oposiciones médicas de Osakidetza. Los resultados mostraban cómo en una docena de exámenes las mejores notas –además de ser perfectas o casi perfectas– coincidían con los aspirantes que se habían formado en el mismo hospital de procedencia los jefes de servicio autores de las preguntas o miembros del tribunal. Los testimonios que fueron aflorando en la investigación que se abrió entonces –y que formalmente sigue abierta, aunque totalmente en vía muerta– hablaban de un “tongo” que se venía sucediendo desde hace años. Aquella crisis la pagó la cúpula política. Perdieron sus cargos el consejero, Jon Darpón, la directora general de Osakidetza, María Jesús Múgica, y el responsable de Recursos Humanos, Juan Carlos Soto. En paralelo, los denunciantes aseguran haber sufrido presiones. “Las circunstancias siempre son las mismas y, mientras Osakidetza no se invente otro sistema, la gente llevará el agua a su molino”, aseguraba un vocal del tribunal de Traumatología, Enrique Uriarte, sobre el comportamiento de sus colegas.

“Son un estamento al que se le ha dejado hacer para evitar conflictividad laboral. Son prácticas heredadas desde antes de la existencia de Osakidetza. En un sistema hospitalocentrista y las articulaciones son los servicios médicos. En Osakidetza hay demasiado personal de confianza por cuestiones que muchas veces no tienen que ver con la capacitación técnica. Esto es una pelea de King Kong contra Godzilla”, afirma Roberto Sánchez, que ya abandonó la Sanidad pública y que fue uno de quienes alertaron del fraude en las oposiciones para referirse a las salidas de responsables en Donostia. “Ahora parece ser que todo lo que antes no veían mal ahora lo ven mal. Puro postureo. Les han puesto a dedo y les quitan a dedo”, explica una profesional del hospital Donostia, perpleja por los últimos acontecimientos. Otro sanitario de ese mismo centro sostiene que a los cargos de Donostia les han hecho lo que ellos mismos hicieron años atrás: “Esta gente no ha permitido ideas críticas o que alguien levantara la mano. La famoso frase de no estar 'alineados' con Osakidetza con la que los han quitado es la misma que ellos empleaban. Tal cual la han usado ellos a diestro y siniestro”.

“¡Sagardui, dimisión!”

El anterior gran foco de conflicto en la Sanidad vasca fue el intento de centralizar la cirugía cardíaca de Bizkaia en Cruces, lo que implicaba el cierre del servicio de Basurto, el principal hospital de Bilbao. Es una especialidad que no existe en Osakidetza ni en Vitoria –cuyos pacientes son derivados a Bizkaia– ni en Donostia –se derivan a centros concertados– y Salud defendía que el cambio iba a permitir optimizar recursos. El plan ha sido paralizado cautelarmente por una magistrada de Vitoria, que avisó a Salud de que medidas de este tipo son privatizaciones encubiertas del sistema. Aquí también 36 de los 38 jefes de servicio se han opuesto, pero el recurso fue presentado y ganado por los cardiólogos y los sindicatos han salido a la calle con movilizaciones. La última de ellas tuvo lugar este mismo viernes, ya con el incendio de Donostia declarado. “La Sanidad pública se está yendo al carajo”, clamaron.

Ahí se escucharon gritos de “¡Sagardui, dimisión!”. En realidad ya se sucedieron en junio. Mucho antes de que las protestas de sanitarios en Madrid coparan la atención de los medios, miles de personas se echaron a la calle contra el “cambio cultural” planteado por la consejera que enfadó incluso al PSE-EE, socio del PNV en el Ejecutivo de Urkullu. También se echaron a la calle los sindicatos en enero. Se han convocado también huelgas. Las hubo antes de la pandemia, particularmente en Atención Primaria. Ahora mismo tienen paros previstos en el Centro de Transfusiones y Tejidos Humanos para los días 20, 21 22 y 23.

Osakidetza se enfrentó a protestas por el cierre del servicio de Urgencias del hospital de Santiago, en el centro de Vitoria. Se centralizaron hace ahora un año en el de Txagorritxu. Los primeros datos, adelantados en su día por este periódico, mostraban que subía la espera media y que solamente en casos “muy graves” eran más ágiles. Pero también se han escuchado quejas de que este verano han salido ambulancias medicalizadas sin médico o que el servicio de Urología del hospital de Bidasoa, el que atiende a Irún y Hondarribia, no tenía urólogos. Precisamente allí ha habido movilizaciones por el cierre del bloque quirúrgico, un plan que tuvo que ser paralizado. “Esto va a ser un suma y sigue”, pronostica Amaia Mayor, del sindicato Satse. Y añade sobre los últimos acontecimientos: “Osakidetza no negocia. Impone decisiones que están ya tomadas. Nosotros, como parte social, nos quejamos. Pero no somos los únicos”. “No hay solución posible con la actual dirección. Pero no es un dirección, es una junta militar de pensamiento único”, ha dejado por escrito LAB en un comunicado. “Actitud impositiva y unilateral”, apostilla ELA.

Sin dejar atrás aún la pandemia –en Euskadi hay todavía de manera casi constante unas 200 camas ocupadas por pacientes con COVID-19–, las listas de espera están en máximos. Un informe de septiembre –han desaparecido las tradicionales ruedas de prensa de presentación de estos datos– apuntaba a una subida del 27% comparando los datos del verano de 2022 con los del verano de 2019, el último antes de la pandemia. Esto supone que entonces eran 23.831 los pacientes que esperaban una llamada para entrar a quirófano por 18.702 de hace tres años. Y casi un 5% de ellos, unos 1.100 vascos, llevaba pendiente más tiempo que el estipulado por decreto como plazo máximo para su tipo de patología. “Recuperarse del efecto de la pandemia no va a ser sencillo. Pero estamos inmersos en intentar reducir la lista de espera. Reducirlas es una prioridad”, indicaron entonces fuentes de Osakidetza. Hace un año, en plena embestida de ómicron -el peor momento hospitalario desde el confinamiento– en Euskadi se redujo el horario en al menos 62 ambulatorios durante la Navidad. ¿Cuáles serán los planes para las próximas semanas?

Sin que esté muy claro cómo se irán sucediendo los acontecimientos en los próximos días, Sagardui puede ir marcando ya en rojo el 16 de diciembre, viernes. Ese día se celebra la última sesión de control al Gobierno en el Parlamento Vasco y será donde se sustancien las peticiones de comparecencia anunciadas ya por la oposición. PP+Cs y EH Bildu han deslizado ya que han de producirse dimisiones por la situación de Osakidetza y Elkarrekin Podemos-IU, sin ir tan lejos, denuncia también la situación de un pilar del autogobierno vasco. “En relación con las críticas y manifestaciones, escucha receptiva y diálogo constructivo”, receta Sagardui, que en cada comparecencia pública incluye referencias a la importancia de centralizar la atención en los pacientes y en los esfuerzos por dotar la plantilla con los recursos humanos suficientes.

Etiquetas

Descubre nuestras apps

stats