'Matar, amar', la novela que imagina el viaje del arrepentimiento al amor de un terrorista por la viuda de su víctima

Fotografía de uno de los atentados realizados por la banda terrorista ETA

Maialen Ferreira


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¿Es posible enamorarse del asesino de un ser querido? ¿y romper con toda lógica y que el arrepentimiento te guíe hasta el amor por alguien a quien has arrebatado lo que más quería? Son dos casos difíciles de imaginar y prácticamente imposibles de existir, al menos en el mundo real. Sin embargo, es la historia que lleva décadas deambulando por la mente del periodista Emilio Alfaro. Luke, un miembro de una banda terrorista se enamora de Marisol, la viuda de un Guardia Civil asesinado por él y su banda. Esos son los protagonistas de 'Matar, amar', la novela que imagine el viaje de una irreal historia de amor nacida a pesar de la violencia.

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“Lo he planteado como una historia no real, yo no conozco ninguna referencia de que se haya producido”, sostiene Alfaro. En la historia, confiesa que no ha querido narrar el conflicto terrorista que tuvo lugar en Euskadi durante décadas, pese a que ese es el contexto que se muestra en el libro. Huye de siglas como ETA, para nombrarla simplemente 'la Organización' y tampoco muestra lugares o escenas reales que él mismo ha conocido como periodista en aquellos años y como jefe de gabinete de comunicación del lehendakari Patxi López. “No quería explicar nada del conflicto, sino hacer una historia humana de dos personajes. Una especie de tragedia clásica traída a ese momento, vivida por unos personajes atrapados y zarandeados por una fuerzas que no controlan, que son muy fuertes, como el amor, la culpa, el crimen o el arrepentimiento”, cuenta a este periódico.

“La historia, los personajes y toda la novela es ficción. Sí es cierto que el lector va a encontrar referencias porque la ambiento en un tiempo y en un país, y para que la historia encaje hay ciertos elementos que pueden ser reconocibles, pero no he pensado en una persona concreta o un hecho concreto. He descrito escenas que he ido conociendo a lo largo de mi trayectoria profesional, que lamentablemente ha estado sumergida en gran parte en el terrorismo”, confiesa el periodista y recién estrenado escritor, ya que se trata de su primera novela.

Ningún terrorista se ha arrepentido sin entrar en la cárcel, espontáneamente. Es la experiencia de la cárcel la que les lleva a cuestionarse lo que han hecho

Luke es un terrorista arrepentido y consciente del dolor que han causado sus actos, una figura que no es del todo común que exista. “Existe el terrorista arrepentido, pero hay distintos niveles de arrepentimiento. El arrepentimiento de Luke lamentablemente no se ha producido porque se trata de un arrepentimiento real y profundo. Luke repite el esquema de todos los que se han arrepentido. No hay que darle el tinte del traidor, sino que revela, si es sincera, una gran valentía para corregir su trayectoria”, indica Alfaro.

Para el autor, el esquema que viven todos los asesinos arrepentidos pasa porque pasen una estancia en la cárcel. “Hasta que no entran la cárcel, no se arrepienten. Al menos no conozco el caso de ningún terrorista que se haya arrepentido sin entrar en la cárcel, espontáneamente. Es la experiencia de la cárcel la que les lleva a cuestionarse primero, si valió la pena lo que hicieron y, después, si estuvo bien o estuvo mal”, explica.

Es en un encuentro entre víctima y terrorista, como los que se produjeron en la llamada 'Vía Nanclares', donde Luke empieza a ser realmente consciente de lo que ha hecho. “Marisol le interpela directamente y le dice que no le cuente por qué mató, sino qué sintió él al hacerlo o si conocía a la víctima. Ahí se produce el verdadero shock que le lleva a sentir dolor por lo que hizo, un sentimiento de culpa y buscar confesar el crimen del que quedó impune”, explica Alfaro.

Solamente descubres cuánto te ha afectado violencia cuando desaparece

Según destaca el autor, este tipo de encuentros “pueden facilitar el arrepentimiento”, pero “tiene que ser un impulso que nazca de la persona que cometió el crimen”. “No se puede forzar, tiene que nacer del asesino, no puede venir de la víctima ni del exterior o del sistema. Tiene que ser el asesino el que plantee el encuentro”, insiste, sin embargo, es tajante: “El asesino no tiene derecho a pedir perdón, porque ese sería un compromiso que le pone a su víctima, y no tiene derecho a ello”, y prosigue, “el perdón lo tiene que otorgar libre y generosamente la víctima, el victimario no tiene derecho a pedir perdón porque sería cargarle a la víctima una responsabilidad”.

Alfaro ha sido capaz de recomponer la historia gracias a su trabajo como periodista a lo largo de 43 años, de los cuales, según asegura, 34 estuvieron “sumergidos en la violencia”. “Solamente descubres cuánto te ha afectado cuando la violencia desaparece. Los que la vivimos la hemos soportado como buenamente hemos podido. Yo me he considerado siempre un periodista, un profesional que tenía que contar las cosas y explicar lo que sucedía a los lectores con la mayor objetividad posible, pero no de forma neutral, porque tenía claro quién mataba y quién moría y también tenía claro cuando había torturas u otro tipo de excesos. Me ha afectado, como a todos, sobre todo en una etapa última en la que hubo una presión muy directa sobre los periodistas que no eran adeptos a la causa”, confiesa.

El perdón se tiene que otorgar libre y generosamente, el victimario no tiene derecho a pedir perdón porque sería cargarle a la víctima una responsabilidad

Para el escritor, que ha abordado la novela “con humildad, respeto a la literatura y muchas dudas”, lo más complicado ha sido “meterse” en el papel de Luke y Marisol. “El otro día me preguntaron si simpatizaba con la figura de Luke. Lo cierto es que es un personaje que he dibujado yo y con el que solo por eso ya tengo una relación. Puedo simpatizar con la persona, pero no puedo simpatizar con la causa ni con lo que hace”, sostiene.

Su objetivo con la novela es que “el lector se vea absorbido por la historia” y que la historia “emocione y seduzca” a sus lectores, de tal manera que “les duela cuando se termine”. Eso sí, subraya que la suya es una novela y que prefiere dejar las explicaciones concretas y reales de los sucesos de violencia ocurridos en Euskadi a los investigadores e historiadores que se dediquen a ello. “Hay muy buenos análisis de historiadores de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y también en el Memorial de Víctimas del Terrorismo y, aunque siempre quedan espacios que se puedan abordar, está claramente contado con detalle, documentos y de forma académica”.

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