Miren Larrion recibirá la sentencia condenatoria en los próximos días y una vista fijará si entra o no en prisión

La exportavoz de EH Bildu en el Ayuntamiento de Vitoria, Miren Larrion.

El expediente de Miren Larrion, exportavoz de EH Bildu en Vitoria y que llegó a participar en 2016 en el debate de candidatos a lehendakari, ha llegado ya en las últimas horas al juzgado de lo penal 2 de la ciudad, cuyo titular es el magistrado Roberto Ramos -conocido por ser el investigador del 'caso De Miguel' o el que condenó por conducción temeraria a Emilio Titos, presidente de Mercedes-Benz- aunque ahora se encuentra de baja. Según fuentes judiciales, en los próximos días el sustituto emitirá una sentencia condenatoria contra la expolítica. Como todas las resoluciones de este tipo, puede ser pública. En principio, serán tres años de cárcel, multa e indemnización a la víctima por tres delitos admitidos por la propia Larrion. Después se tendrá que celebrar una vista en la que se decidirá si esa pena queda suspendida y se conmuta por trabajos en beneficio de la comunidad, como anunció ella misma en sus redes sociales como algo cerrado a pesar de no estar decidido. Todo apunta a que la Fiscalía no se va a oponer a que no entre en la cárcel, pero la última palabra recaerá en el juez.

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Fue arrestada en febrero de 2021 y, después de meses de una instrucción en la que apenas trascendieron detalles, la titular del juzgado de instrucción 3 de Vitoria, María Elena Rodríguez Molpereces, dio por finalizada la investigación contra Larrion y quedó acreditado que la acusada sustrajo la cartera con dinero, la documentación y otros objetos personales a una colega en la sede de la formación en Vitoria, sita en la plaza de Santa Bárbara. Se valió de ello para abrir una cuenta bancaria en la entidad Bankinter, entre otras gestiones. Larrion, cuyo abogado es Ramón del Valle, llegó a hacerse pasar por ella con pequeños cambios físicos y también cuando fue detenida por la Ertzaintza, así como en una cuenta de correo electrónico.

A la luz de estos hechos, como publicó este periódico, se establecerá con toda probabilidad una pena de dos años de cárcel por un delito “continuado” de “falsedad documental”. Se entiende como agravante el “disfraz”, esto es, el uso de técnicas para asemejarse a la víctima ante terceros, y se aplica un atenuante por los problemas de salud mental de Larrion, acreditados por informes médicos y que ella misma ha expuesto públicamente. En la práctica, el efecto de uno neutraliza al otro. Además, hay una pena de un año de prisión por “usurpación del estado civil”, un delito muy específico que implica también actuaciones “continuadas” y que ni siquiera exige que haya resultados en el fraude o ánimo de lucro, sino simplemente el haberse valido de documentación o datos de la víctima. El tercer delito es leve y es un “hurto”, por la sustracción de la cartera con unos 50 euros en efectivo, tarjetas y otros objetos personales de poco valor económico. 

La sentencia recogerá los términos de un escrito conjunto firmado por la Fiscalía y la imputada. La víctima no se personó como acusación particular y no será necesaria la celebración de un juicio ordinario al no requerirlo ninguna de las partes. En la calificación acordada admite estos hechos y estas condenas a cambio de que, como aparece recogido al término del documento, el ministerio fiscal se abra a solicitar la no entrada en prisión, aunque no es algo que dependa en exclusiva de esta institución o que esté totalmente garantizado en su formulación. Un detalle jurídicamente relevante es que Larrion reconoció los hechos después del final de la investigación y cuando ya estaban todos los indicios en su contra bastante claros y no antes, un elemento fundamental porque le habría permitido obtener automáticamente una rebaja de la condena.

“He alcanzado un acuerdo y en breve espero poder estar haciendo trabajos comunitarios, y poder ayudar a otros, como otros me han ayudado a mí, y así poder cerrar ese episodio”, contó la propia aludida en Facebook. Este caso supuso la salida inmediata de Larrion de la política y su desaparición de la esfera pública hasta el comunicado en redes sociales. Larrion era uno de los grandes activos de la nueva izquierda abertzale, a la que dio los mejores resultados de su historia en la ciudad vasca sociológicamente menos nacionalista.

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