La variante de Rekalde se retrasa antes de empezar: no estará operativa antes de 2034 por “problemas técnicos enormes”
La variante de Rekalde, otra de las grandes obras que están pendientes en Bizkaia de legislaturas anteriores, se retrasa. Más bien, se retrasa de nuevo, porque es un proyecto que lleva años anunciándose y preparándose, y que acumula múltiples cambios de fechas. Este martes el diputado de Infraestructuras y Desarrollo Territorial de Bizkaia, Carlos Alzaga, ha reconocido en las Juntas Generales que el proyecto no estará operativo antes de 2034, y eso con suerte y “como pronto”, ya que se enfrenta a “problemas técnicos de dimensiones enormes”. Así de gráfico ha sido el diputado en su comparecencia para explicar los retrasos en la obra a petición de EH Bildu. Los vecinos de Rekalde, que llevan años esperando esta variante porque es indispensable para que se les libere del viaducto que divide el barrio en dos desde hace 50 años, tendrán que esperar.
La adjudicación de proyecto constructivo de la variante se realizó en 2024, aunque el proyecto ya empezó a tomar forma en 2022. El anuncio de esta adjudicación la realizó el entonces diputado foral de infraestructuras y actual lehendakari, Imanol Pradales. Estaba previsto que el estudio estuviera completado en diciembre de 2026, pero no será así. El plazo para culminar este estudio se ha tenido que ampliar nueve meses, hasta septiembre de 2027. Después arrancará una fase de tramitación ambiental y exposición pública, que se extenderá hasta febrero o marzo de 2028. Alrededor de junio de 2028, una vez licitadas y adjudicadas las obras, arrancará la construcción, que será de unos seis años, lo que supone que no acabarán los trabajos hasta casi finales de 2034, Y según ha explicado el propio Alzaga, no será hasta finalizadas estas obras cuando se pueda poner en marcha el derribo de los viaductos.
El motivo de los retrasos los ha justificado el diputado en el hecho de que se trata de una obra que lleva aparejada problemas técnicos de “dimensiones enormes”, ha dicho, lo que deja abierta la posibilidad de que la fecha de 2034 tampoco sea la definitiva.
Entre las zonas con más problemas técnicos el diputado ha señalado la zona de Uretamendi y Betolaza, donde se han detectado que edificios construidos en los años 50 y 60, “se asientan sobre rellenos mineros de baja calidad”. “El paso de los túneles por debajo de estas estructuras requiere un estudio minucioso para evitar movimientos en el terreno que superen los límites de seguridad”, ha señalado.
Por otra parte, la presencia del arroyo Elguera, por debajo de la calle Iturrigorri, “obligará a realizar un desvío tanto en planta como en altura, además de gestionar el nivel del agua subterránea (nivel freático) para no afectar a los cimientos ni a los aparcamientos residentes de la zona. En este punto, habrá que prestar atención también al trazado de la Variante Sur Ferroviaria que discurrirá en paralelo a los dos túneles proyectados”.
Otra de las zonas “críticas” estará situada en el entorno de la alhóndiga de Gaztelondo, donde “la proximidad a viviendas y edificios singulares del falso túnel en dirección a Santander, condicionará el uso de explosivos y exigirá la instalación de pantallas protectoras contra el ruido y proyecciones de roca”.
Por otra parte, Carlos Alzaga se ha referido también a las afecciones que tendrá para la ciudadanía el desarrollo de las obras, sobre todo para la población de los entornos de Basurto y El Fango. En el entorno de Masustegui, la calle principal permanecerá cortada durante los seis años de obra, obligando a residentes y usuarios a realizar “rodeos muy grandes” de tráfico, ha indicado Alzaga.
Las instalaciones deportivas de El Fango también se verán comprometidas. Las obras de los puntos de entrada de los túneles supondrán la ocupación de parte de los campos deportivos, que permanecerán cerrados o afectados durante la totalidad de la fase constructiva. “Se están buscando soluciones técnicas para que las afecciones a los vecinos y vecinas sean las menores posibles”, ha señalado el diputado, aunque ha reconocido que “el impacto en la movilidad y el entorno será inevitable debido a la magnitud de las obras”.
“Un jarro de agua fría”
El representante de EH Bildu, Raúl Méndez Urigoitia, que había pedido la comparecencia, ha calificado los nuevos plazos presentados para el desarrollo de esta obra como un “jarro de agua fría” para los vecinos de Rekalde. Aunque ha reconocido la “extrema complejidad técnica de la obra”, Méndez ha denunciado que la fecha de finalización en 2034 supone un retraso “de entre dos y tres años” respecto a las previsiones facilitadas en 2022.
Desde el PP, Raquel González ha criticado la “falta de decisión política para llevar a cabo esta infraestructura” y ha lamentado que el PNV la haya utilizado durante años como “reclamo electoral”, prometiendo su realización para después retrasarla. “Y mientras tanto, el viaducto sigue ahí, como un símbolo claro del abandono institucional, degradando la vida del barrio”, ha señalado.
El PSE-EE socio de gobierno ha señalado que se trata de que la solución final sea “segura” y “fiable”. “La prioridad debe ser la seguridad y apoyaremos el trabajo técnico”, ha señalado el juntero socialista, Alberto Álvarez, que ha reiterado que hay que guiarse por los “datos, no por los relatos subjetivos”.
El proyecto que ahora se retrasa es el que se anunció en enero de 2024 el entonces diputado de Infraestructuras Imanol Pradales, pero la de la Variante de Rekalde es una larga historia. De entrada, los vecinos de la zona, que han realizado múltiples protestas contra el viaducto canalizadas por la asociación Autopista Kanpora Errekaldetik, recuerdan que es una obra que se les prometió en 2006, hace 20 años. Entonces se presentó el plan de accesos a Bilbao que incluía el derribo de los viaductos de Sabino Arana y de Rekalde. El primero se materializó en 2014 y llevó aparejado el soterramiento de la autopista en el barrio de Bentazarra. El de Rekalde se pospuso entonces. En 2022, se presupuestó dinero para el estudio de proyecto que no arrancó hasta 2024. Ahora la posible finalización de las obras se retrasan de nuevo, y sobre el papel, porque ni siquiera han arrancado.
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