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Alfonso Rueda llega al ecuador de su mayoría absoluta en Galicia alejado de la sombra de Feijóo

En medio de la celebración de sus dos primeros años como presidente electo en las urnas, Alfonso Rueda acaba de sacarse de encima la última hipoteca heredada de Feijóo: la Xunta anunciaba el pasado viernes que incia el proceso de archivo para el proyecto que la papelera Altri pretendía instalar en el corazón de Galicia. El proyecto para esa nueva macrocelulosa había germinado en medio de una unánime contestación social que abarcaba malestares desde el centro de Lugo hasta las Rías Baixas y que se había convertido en clamor bajo el lema “Altri Non”. El germen de ese problema lo recibió Rueda como herencia directa de Feijóo. Y es que la de Altri es la idea que el actual líder del PP quiso convertir en su principal política de estado como reacción a las incertidumbres económicas derivadas de la pandemia del coronavirus.

Alfonso Rueda tomó las riendas del Gobierno gallego en 2022 para cubrir el agujero de un Feijóo deslumbrado por las mieles de la política madrileña y el deseo de acabar beneficiado por el turnismo político y acabar convertido en presidente del Gobierno. En su primer y único intento hasta la fecha, Feijóo se quedó a las puertas mientras Rueda ocupaba su sillón en Galicia con el lastre de no haber pasado por las urnas y no tener el refrendo electoral. Esa ocasión llegó para él hace justo ahora dos años. Obtuvo la mayoría absoluta que le permitió deshacerse de todas las ataduras y Feijóo comenzó a desdibujarse como el gestor indiscutible que todos muchos veían en él, tanto en Galicia como en Madrid. Una especie de amnesia colectiva empezó a extenderse en Galicia. Primero lo olvidó la Televisión de Galicia, después desapareció de los debates políticos locales. Todos los espacios donde antes estaba Feijóo empezaron a ser ocupados por un Rueda entregado a la estrategia política del que se comporta como si hubiera ostentado el poder desde siempre.

El primer indicio del camino que Rueda pretendía liderar se manifestó en el nombramiento de su primer Gobierno tras las elecciones de febrero de 2024. En aquel momento decidió prescindir de las vicepresidencias y aglutinar en torno a sí todo el poder, sin dar señales de la existencia de delfines o relevos. Rueda construyó una imagen de presidente a largo plazo e hizo suya la frase que le deslizó por aquellos días un periodista madrileño durante una comida: “Alfonso, tu vicepresidente es tu mayoría absoluta”.

Pronto empezaron a asomar los primeros deslices de Feijóo en la pelea dialéctica que acompañaba a su nuevo cargo y Rueda miró hacia otro lado, sin salir en defensas exageradas del líder, buscando medianías y palabras amables, pero no encendidas, ante cualquier polémica con su predecesor como protagonista y, muchas veces, con Isabel Díaz Ayuso haciendo de contraparte. En ese tiempo el presidente de la Xunta repitió hasta la extenuación la palabra “sentidiño”, una suerte de remedo intangible con el que el político de Pontevedra parecía querer gobernar cualquier cuestión que se encontrase sobre la mesa. El “sentidiño” le valió a Rueda para marcar línea política ante proyectos industriales, debates enconados o los escasos malos momentos que la oposición le ha hecho pasar en estos años. El término se convirtió en una especie de lema coloquial, una palabra propia, una marca que no recordaba a Feijóo. Así que se encomendó a la tarea de repetirla todas las veces que veía un micrófono delante.

Competencias

En su afán por contornearse un perfil Rueda hizo algo que Feijóo nunca había hecho: inició una carrera de disputa competencial con el Gobierno de Pedro Sánchez y empezó a reclamar transferencias que su formación política nunca había pedido en los años en los que Feijóo gobernaba sin esfuerzos. Pidió las competencias para la gestión del litoral y las ganó en el Tribunal Constitucional. Ahí se apuntó su primer éxito político. Luego anunció otras batallas, como la gestión de la agencia de metereología o la gestión de los permisos de trabajo para extranjeros. Incluso creó una Oficina de Asuntos Constitucionales, una especie de gabinete para redactar quejas gallegas y llevarlas al tribunal de garantías que preside Cándido Conde Pumpido.

Pellets

A las elecciones de 2024 Rueda había llegado presionado por la polémica generada tras la llegada a la costa gallega de una marea de pellets de plástico, procedentes de una creba en el carguero libanés Toconao, mientras navegaba frente a las costas de Portugal. Xunta y Gobierno central se enzarzaron entonces en una pelea de concepto sobre la gestión de la alerta medioambiental. En Madrid decían que había que limpiar los residuos en las playas, mientras que la Xunta defendía que lo mejor era observar el vertido desde el aire y, ya de paso, evitarse en los informativos las imágenes de voluntarios limpiando los arenales. Nada que recuerde al Prestige le gusta al PP gallego. Hasta la vicepresidenta Yolanda Díaz se dejó fotografiar en la orilla filtrando arena con un cedazo para buscar los pequeños elementos de plástico transparente. Pero un día los pellets dejaron de llegar a las playas y lo que llegó fueron unas elecciones que Rueda ganó con una rotunda mayoría absoluta con 40 diputados para un parlamento de 75.

Denuncia por violación

En junio de 2025 tembló el suelo bajo las alfombras de San Caetano, sede de la Xunta. En ese momento trascendió la existencia de una denuncia por presunta violación, contra el entonces conselleiro de Pesca, Alfonso Villares. Rueda decidió cesar a su colaborador, pero lo hizo entre aplausos, abrazos y buenas palabras, en un acto en el que no dudó en prometerle al cesado que su cargo seguiría esperándole para cuando consiguiese aclarar su inocencia ante los juzgados. Con el cese de Villares y, en parte, gracias al desequilibrado panorama mediático de Galicia aquella polémica pronto dejó de preocupar en la Xunta. Finalmente la denuncia fue archivada y la Xunta espera a que esa decisión sea definitiva para actuar sobre el reingreso del exconselleiro.

Baltar y las familias

La tranquilidad con la que Alfonso Rueda ha ido gestionando los retos que el cargo le ha ido poniendo delante tiene relación con la calma que consiguió establecer en la vida orgánica del Partido Popular de Galicia. He aquí otra de las diferencias con la gestión de Feijóo en Galicia. Antes incluso de la victoria electoral que le refrendó como presidente de pleno derecho, Rueda había conseguido liberarse del yugo que la provincia de Ourense en general y el Clan Baltar en particular suelen suponer a cualquier dirigente del PP en Galicia, desde Manuel Fraga hasta el propio Alberto Núñez Feijóo. También en esto mostró mayor capacidad de trabajo y de ver las oportunidades políticas que su predecesor. Bastó una denuncia por conducir a 215 kilómetros por hora al volante para acabar con una saga contra la que Feijóo había perdido antes cada una de las tímidas batallas que osó emprender. El acuerdo con el político orensano era sencillo: sillón de oro en el Senado si soltaba las riendas del PP en su provincia. El 26 de octubre de 2023, Baltar anunció que dejaba el bastón orgánico en Ourense. Tres décadas de dominación se acabaron de un plumazo.

La oposición

La oposición parlamentaria no ha conseguido en estos años tensionar la agenda del presidente de la Xunta. Con un Partido Socialista en mínimos históricos tras las elecciones del 24 y los nacionalistas en máimos -25 escaños-, Rueda centró sus esfuerzos en confrontar con el BNG y acusar a Ana Pontón y a los suyos de radicales cada vez que abrían la boca para tomar aire.

Cada una de las protestas sociales que han devenido en manifestaciones en las calles, Rueda las combatió acusando al Bloque Nacionalista Galego de estar detrás de cada convocatoria. La temática de las protestas (sanidad, educación, servicios sociales...) era lo de menos: el BNG siempre era el culpable de llevar a la gente a las calles y usar a algunos ciudadanos “de buena fé) para perseguir un objetivo político. Tras el mantra de recetar ”sentidiño“ para todo este ha sido el segundo hit en el ideario político de Alfonso Rueda.

De todas esas protestas hubo para la que ese argumento se le quedó pequeño a Rueda: la unánime contestación ciudadana que generó el proyecto de Altri para construir una segunda macrocelulosa en Galicia.

Altri

La de Altri era la última hipoteca que Alfonso Rueda conservaba de la época de Feijóo. La idea y su puesta en marcha fue un empeño del actual líder del PP. Rueda se limitó a darle curso y apoyo institucional. Pero las protestas no cesaron, las ayudas públicas no se concedieron y en los despachos de la Xunta ya no sabían como descolgarse del proyecto sin que pareciera que se estaban descolgando del proyecto. La fórmula mágica para hacerlo ha sido la sorpresa con la que Alfonso Rueda ha querido corolar su segundo aniversario al frente del Gobierno como presidente electo en las urnas.

La Xunta ha anunciado que archiva el proyecto de Altri y lo justifica responsabilizando al Gobierno de Pedro Sánchez por no concecerle a la compañía enganche a la red eléctrica. El equipo de Rueda argumenta que no se puede instalar una empresa sin enganche a la red, mientras que el Gobierno central dice que no se construyen infraestructutas eléctricas para fábricas que todavía no existen.

Sin el ancla de Altri frenándole el paso, Rueda asoma la segunda parte de su mandato sin asomo de sombra que recuerde a Feijóo. Apenas queda nada de aquel vicepresidente gris y discreto y las revistas del corazón ya no le confunden con un escolta cuando aparece en un acto junto a los reyes de España.

En estos dos años de gobierno ha contado con la gran ventaja de no tener que lidiar con Vox en sus equilibrios parlamentarios. Así se ha desempeñado, ajeno a la vorágine que Feijóo si se ha desayunado cada día: disputarse el apoyo popular con los de Santiago Abascal a cuenta de ver quién dice la cosa más estrafalaria.

Su próximo reto es la reconquista de algunas de las principales ciudades que todavía gobierna la izquierda en Galicia. La demoscopia pronostica a su favor. Está por ver si Vox le permite disfrutar también de esa fiesta.