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¿Cómo sabe tu pulsera de actividad cuántas calorías has quemado?

El cuerpo no gasta la misma energía trotando que caminando, aunque avances a la misma velocidad. Tampoco asimila igual un trozo de tarta que un filete. Las fórmulas que aplican los 'wearables' para estimar las calorías que consume su dueño no tienen en cuenta detalles como estos, aunque no van desencaminados en sus cálculos: cuanto más datos pidan al usuario, más ajustados serán los números. Otra cosa es que contar calorías sea la mejor manera de controlar el peso...

Los 'trackers' combinan los datos de los sensores e información personal del usuario

Los 'trackers' combinan los datos de los sensores e información personal del usuario

Una hamburguesa con queso del McDonald’s tiene 324 calorías. Un dónut glaseado, 399. Una taza de 'mousse' de chocolate, 281. Un plato de nachos con queso, más de 300. ¿Cuántos kilómetros hay que correr para quemar toda la energía proporcionada por estos alimentos?

Contar (y descontar) calorías es ahora más fácil que nunca: ‘wearables’ y aplicaciones facilitan la tarea haciendo los cálculos automáticamente. Si llevas una pulsera de actividad todo el día, puedes saber cuántas has gastado en el gimnasio, dando un paseo o haciendo la colada. Indícale a la 'app' los alimentos que ingieres y la diferencia desvelará si te estás pasando con los caprichos culinarios o te conviene hacer más deporte.

Sin embargo, para algunos científicos, esta resta no es la panacea. “Monitorizar la dieta y el ejercicio puede ayudar a controlar tu peso de manera general”, asegura a HojaDeRouter.com Clemens Drenowatz, investigador en ciencia del deporte de la Universidad de Carolina del Sur. “Pero, en la mayoría de los casos, contar calorías y poner restricciones no basta para perder peso”.

Pese a tener las mismas calorías, dos alimentos pueden asimilarse de diferente manera

Pese a tener las mismas calorías, dos alimentos pueden asimilarse de diferente manera

Otro ejemplo es David Luwing, un nutricionista de la Universidad de Harvard que ha publicado recientemente un libro en el que desmiente que las cifras sirvan por sí solas para valorar la dieta. En ‘¿Siempre hambriento?’, Ludwing asegura que el tipo de alimentos que tomas también influye. Los carbohidratos procesados aumentan los niveles de insulina y, a su vez, esta hormona ordena a los adipocitos (las células que acumulan grasa) que retengan calorías.

A argumentos como estos hay que sumarle que, por muy sencillas que parezcan las cuentas, no lo son tanto, ni siquiera para los ‘wearables’. “Serán más o menos precisos en función de los algoritmos que apliquen, los sensores y los datos que pueda introducir el usuario”, resume Pablo Diezma, CEO de Zerintia Technologies, donde hacen desarrollos para este tipo de dispositivos.

“Incluso los más precisos tienen debilidades a la hora de estimar la energía que gastamos yendo en bicicleta o caminando”, afirma Drenowatz. Por eso, “es muy difícil conseguir una estimación exacta de la diferencia entre la ingesta y el gasto calórico real”. Entonces, ¿nos engañan los ‘trackers’?

Un menú de fórmulas

Las fórmulas que utilizan para estimar las calorías gastadas depende del fabricante, de “si aplica una estandarizada o validada clínicamente o directamente usan un modelo que han ajustado ellos”, nos explica Antonio Martínez, responsable del Laboratorio Análisis y Cuantificación del Comportamiento Humano del instituto ITACA, en la Universidad Politécnica de Valencia (UPV).

“Hay ecuaciones muy extendidas en la literatura científica que consideran el género, la edad y la intensidad de la actividad deportiva para aproximar el cálculo de kilocalorías gastadas”, señala el investigador de la UPV. Para estimar la intensidad física, la mayoría de ‘wearables’ incorporan un acelerómetro que mide la distancia recorrida y el tiempo, obteniendo así la aceleración del movimiento.

Después, traducen estos datos a calorías mediante el Equivalente Metabólico (MET), una medida estándar del coste energético de una actividadel equivalente metabólico de estar en reposo es cero y el de una actividad intensa, superior a seis.

Cuanta más información pidan al usuario, más precisos serán los 'wearables' estimando calorías gastadas

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“Otros métodos van más allá y tienen en cuenta variables como la altura y el peso”, dice Martínez. También ganan en precisión si consideran la temperatura ambiente o el tipo de ejercicio. “Hay una categorización de actividades que te permite ajustar la intensidad, porque no es lo mismo caminar que trotar, aunque avances a la misma velocidad”, continúa el científico.

Si la empresa quiere utilizar su propia fórmula, la diseña durante el desarrollo del producto: “Comparan sus resultados con los de otro dispositivo en una situación en la que conocen todas las variables”, asegura Martínez. Uno habitual, según indica, es SenseWear, ampliamente validado científicamente y muy utilizado en laboratorios clínicos. “Hacen ajustes hasta que los datos coinciden y obtienen un modelo válido”.

Así que, con tanta fuente de variabilidad, es lógico pensar que el resultado cambia de un dispositivo a otro. “Entre una pulsera Fitbit y una Polar, la aproximación de calorías quemadas difiere bastante”, señala el investigador de la UPV. Mientras que la segunda permite configurar peso, altura y tipo de ejercicio, no ocurre lo mismo con la primera.

Claro que ninguna va a ser tan fiable como un estudio clínico. “Si te hacen tu perfil de consumo de calorías en un laboratorio, te darán un valor más ajustado”, sostiene Martínez. Incluyen variables como el consumo de oxígeno o un registro continuo de las pulsaciones por minuto (no solo el ritmo cardíaco promediado).

Las empresas prueban la fiabilidad de los 'trackers' antes de comercializados

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¿Contar o no contar?

“El cuerpo es como una caja negra: hay una entrada y un consumo de energía, pero lo que ocurre dentro depende de cada persona”, explica Martínez.

El organismo quema calorías a dos niveles. Por una parte, debido a las funciones vitales del cuerpo aunque tú estés en reposo, tus células y órganos no. Este consumo basal varía en función de la edad, altura, ritmo metabólico, etc. Algunos ‘wearables’ lo estiman en función de las especificaciones del usuario y lo incorporan al cómputo total.

Por otro lado, el gasto durante y después de hacer deporte depende también del tipo de actividad. “A partir de los 25 o 30 minutos de actividad física intensa, el metabolismo de los carbohidratos cambia y el organismo comienza a gastar las reservas de grasas”, indica. Sin embargo, cuando practicas una hora de actividad física moderada, tu cuerpo se dedica a quemar la energía de rápida absorción, como los azúcares, y los acúmulos de grasa quedan intactos.

Drenowatz no niega que los ‘wearables’ ayuden a las personas a controlar su peso, pero advierte que es mejor confiar en ellos para analizar y cambiar sus hábitos (como cuánto tiempo pasan sentadas) que para contar calorías. “Si los utilizas para analizar cómo varía tu actividad física vas a obtener una información más exacta que si te fijas solo en las calorías”, sentencia el investigador.

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La última imagen de este artículo es propiedad de Becky Stern

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