Habitaciones a cambio de días libres o camas por 500 euros al mes: así buscan empleados los hoteles de Ibiza
Roberto (nombre ficticio para este reportaje a petición propia) no pensaba la temporada pasada, cuando se marchó de Eivissa para volver a Madrid, su ciudad, que el próximo verano no iba a poder volver. Tras dos años residiendo en la isla decidió trasladarse de nuevo a la capital para profesionalizarse en su sector, el de la carpintería, con un grado de Formación Profesional (FP). Una formación, además, complementaria para el puesto de trabajo que llevaba desempeñando desde marzo de 2025 en uno de los hoteles más lujosos de la pitiusa.
Tras firmar un contrato de fijo indefinido, en octubre se marchó para emprender su formación académica, dejando el piso de alquiler de Sant Antoni en el que vivía y con el plan de residir, al año siguiente, en un domicilio familiar de su pareja con el que finalmente no puede contar. Tras ponerse en contacto con el hotel, cada vez ve más difícil la posibilidad de mantener su contrato: no hay vivienda, no hay trabajo. Y, en su caso, tampoco paro para poder seguir estudiando sin tirar de sus ahorros el curso que viene.
La crisis habitacional se ha convertido en los últimos años en una de las principales amenazas para el funcionamiento del sector turístico balear. Encontrar un techo o un lugar de residencia a precios asequibles es la primera dificultad con la que los trabajadores y también para los empresarios para mantener plantillas año tras año de cara a la temporada, lo que afecta también a la calidad del servicio. No es ninguna novedad. “Es un problema general que en el archipiélago se agrava por la limitación del territorio”, observa Maria Costa, presidenta de la Federación Hotelera de Eivissa y Formentera. La problemática –continúa– está enquistada desde hace tiempo. Tanto, que los hoteleros han aprendido a lidiar con ella temporada tras temporada “con esfuerzo y cabeza”.
Este escenario ha obligado al sector a improvisar soluciones para mantener su personal que van desde el ofrecimiento de habitaciones a cambio de que los empleados trabajen parte de sus días libres, descuentos en nómina a cambio de una vivienda o el alquiler de camas en habitaciones compartidas (dentro de pisos compartidos también) por las que la cadena hotelera que contrató a Roberto cobra unos 480 euros mensuales.
La cadena que contrató a Roberto alquila camas en una habitación compartida por unos 480 euros mensuales
La empresa dispone de varios pisos destinados a este fin entre los municipios más cercanos a la ubicación del hotel de cinco estrellas, Santa Eulària y Sant Joan. Aunque, de momento, desde el departamento de Recursos Humanos, con el que se ha puesto en contacto en las últimas semanas, no le han ofrecido ninguna solución, menos, una que incluya también a su pareja. “Les he explicado la situación, pero dicen que no me pueden ayudar”, lamenta Roberto. Mientras tanto, tendría que seguir pagando su alquiler en Madrid (la mitad de 850 euros más gastos) , donde es casi tan difícil conseguir una vivienda como en la isla. Aunque quisiera, no le darían las cuentas.
Otro de los empleados de este hotel de Portinatx explica que todavía están a la espera de incorporar a más personal y que, por ahora, no pueden concretar cómo se organizará el alojamiento este año. Sí recuerda que en temporadas anteriores el establecimiento disponía de apartamentos destinados a personal en prácticas –mayoritariamente, alumnos de escuelas turísticas suizas–, pero desconoce el número exacto de plazas disponibles. ElDiario.es se ha intentado poner en contacto en dos ocasiones con la empresa a través de correo electrónico, sin obtener ningún tipo de respuesta por su parte.
Habitaciones gratuitas dentro del hotel
El Parador de Ibiza, que ha abierto este mes sus puertas al público, lo ha hecho con 25 de las 66 habitaciones de las que dispone en total no disponibles. Las estancias se han destinado a los trabajadores del establecimiento, una medida que la secretaria de Estado de Turismo, Rosario Sánchez, ya señaló en la presentación que se contemplaba “desde el primer momento” en que se puso en marcha el parador, el “buque insignia” de la cadena hotelera estatal, ubicado en Dalt Vila, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La misma medida se adopta en el aparthotel de cuatro estrellas de Cala de Bou (Sant Josep) donde Tomeu, de 26 años, ha trabajado como recepcionista las últimas seis temporadas y que es parte de una cadena con presencia en otros puntos turísticos de España como Madrid, Valencia o Maspalomas. El alojamiento para empleados es gratuito en la mayoría de los casos. En algunos sí se descuenta una parte de la nómina para cubrir este gasto, pero no era lo habitual. Esta fórmula permite a muchos camareros, vigilantes y personal de recepción, entre otros, asumir la temporada turística sin el peso añadido del alquiler y con la capacidad de ahorro que había atraído, hasta el momento en que las rentas empezaron a rozar precios inasumibles, a los temporeros a Eivissa.
En la otra punta de la bahía de Portmany, en uno de los hoteles más grandes de Sant Antoni, ubicado frente al mítico monumento del huevo en honor a Cristóbal Colón, trabaja Marta –persona que tampoco quiere identificarse– como administrativa. El casi mastodóntico complejo turístico cogió fama, hace alrededor de una década, por tratarse –o esa voz se corrió– de uno de los lugares donde se había originado el famoso y terrorífico balconing. Su público mayoritario, al igual que en la mayoría de hospedajes de Sant Antoni, es el turismo joven británico.
Para captar plantilla (ahora mismo buscan dos recepcionistas) la cadena ofrece habitaciones. El trato es renunciar a parte de los dos días libres establecidos por el convenio de Hostelería, aunque en función de la necesidad de la empresa, se ofrecen de manera gratuita. El perfil que persiguen para ciertos puestos, además, es el de un trabajador medianamente cualificado, con conocimiento de idiomas –como mínimo, inglés– y cierta experiencia de cara al público.
En un hotel en la bahía de Portmany ofrecen habitaciones para trabajadores a cambio de renunciar a parte de los dos días libres
Los empleados que residen en el hotel cuentan también con manutención completa, lo que, según explican desde el sector, facilita cierto ahorro y contribuye a retener plantilla en un contexto marcado por la falta de vivienda y la dificultad para cubrir puestos durante la temporada alta.
En otro alojamiento turístico en el corazón del mismo pueblo, destino del turismo de borrachera por excelencia en Eivissa, Maria –una trabajadora que prefiere no dar su nombre real– detalla que no se suele dar vivienda, pero la situación, añade, depende de la trayectoria profesional dentro de la empresa. Hay a fijos a los que se les ayuda, con precios asequibles. Uno de ellos explica a elDiario.es que, en un punto determinado de su vida, cuando necesitó una vivienda, le alquilaron una habitación por la que pagaba 500 euros mensuales, aunque no es la tónica habitual para todos los empleados que necesiten este recurso. Tampoco es el caso de los extras, muchos provenientes de Reino Unido.
El efecto de la lucha contra el intrusismo
La presidenta de la Federación Hotelera sitúa el problema de la vivienda para trabajadores en un plano estructural que va más allá del propio sector turístico. Aunque reconoce que muchos establecimientos llevan años ofreciendo casa a sus empleados “en la medida en que pueden”, insiste en que no se trata de una responsabilidad [la de proporcionar alojamiento a los empleados] que deba recaer exclusivamente sobre los hoteles.
Desde la Federación defienden que el sector ya viene haciendo esfuerzos sostenidos en el tiempo, pero advierten de que estos tienen un límite. “No es nuestra obligación, pero sí tratamos de facilitar habitaciones o soluciones habitacionales siempre que es posible”, señala Costa. En su opinión, el reto pasa por encontrar un equilibrio entre garantizar recursos para los trabajadores y mantener la capacidad operativa de los establecimientos, algo clave para poder ofrecer los servicios que demanda la temporada turística.
No es nuestra obligación, pero sí tratamos de facilitar habitaciones o soluciones habitacionales siempre que es posible
La dirigente hotelera confía en que las medidas impulsadas desde las instituciones empiecen a tener efecto. Apunta, en concreto, a la lucha del Consell contra el alquiler turístico ilegal como una de las vías que podrían contribuir a aliviar la tensión sobre la vivienda. “Confiamos en que poco a poco eso permita que el acceso sea más asequible”, sostiene, al tiempo que defiende, por ahora, una actuación coordinada entre administraciones y sector privado.
Por otro lado, subraya que no todas las empresas parten de la misma situación. Mientras las grandes cadenas hoteleras cuentan con más recursos y margen de maniobra para facilitar alojamiento a sus plantillas, los pequeños establecimientos, como hostales o pymes, disponen de menos herramientas para hacerlo, aunque también manejan equipos más reducidos y menos especializados. “No tendrán tantos recursos para garantizar el acceso a la vivienda a sus posibles trabajadores, pero tampoco plantillas tan grandes”, señala Costa.
Una Semana Santa muy prematura, junto al escenario bélico en Oriente Medio, preocupan esta primavera a los empresarios pitiusos. De hecho, el sector se prepara para afrontar el encarecimiento del combustible y no descartan que este aumento termine repercutiendo en el precio final de los productos y servicios que consumen los turistas. Las patronales siguen ahora con atención la evolución del contexto internacional y advierten de que el impacto real sobre la temporada turística dependerá, sobre todo, de la duración del conflicto, que por el momento resulta imposible de prever.
Para el periodo festivo abrirán sus puertas alrededor de 170 alojamientos turísticos, entre hoteles, apartamentos turísticos con licencia y agroturismos. Luego irán abriendo progresivamente hasta las primeras semanas de mayo, cuando se prevé que ya estén todos en funcionamiento. En cuanto a los trabajadores, cada compañía hace la estimación de los que necesita para dar un buen servicio, teniendo en cuenta sus características y la cantidad de reservas realizadas o que estiman hacer. Roberto, de momento, ha decidido que no volverá a su rutina en el hotel: “Estoy alargando lo máximo para volver a contactar con ellos, pero, si no me ofrecen una solución, no puedo volver”.
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