Siete años de espera para un cambio titánico en la red de transporte: Ibiza renueva su flota de autobuses “sucios” y con rutas deficientes
Siete años de trámites burocráticos, quejas de la ciudadanía y las necesidades de una isla con una red de transporte público deficiente han llegado, este 1 de abril, a su fin. La nueva flota de autobuses para Eivissa circula desde entonces por las carreteras insulares, con 62 líneas nuevas y más de 60 vehículos —entre eléctricos e híbridos— de la marca china Yutong, que prometen recorrer más kilómetros, reforzar las conexiones entre núcleos urbanos y mejorar el servicio durante todo el año, y no solo durante los meses de verano con el pico de la temporada turística, como hasta ahora.
Paralelamente, y a la espera de ver consolidado el nuevo sistema, los pasajeros recuerdan los años de deficiencias: asientos rotos, sistemas de climatización averiados y, sobre todo, suciedad, problemas que han generalizado una sensación de malestar durante los trayectos. “La falta de higiene es evidente, incluso a primera hora de la mañana, y la flota está generalmente en muy mal estado”, denuncia Nieves, una residente. “Me fastidia mucho la conexión —por lo menos la que había hasta ahora— entre Sant Antoni y Santa Eulària; ya no te digo a es Canar”, donde vive su hija y es casi imposible llegar, lamenta. La renovación, añade, era “necesaria”.
“Yo ahora hace tiempo que no cojo el bus, pero los últimos que he cogido ya eran nuevos y desde Vila salían muy puntuales”, asegura Conchi, otra ciudadana de 60 años que cuenta con la tarjeta gratuita. La primera jornada de estreno de los vehículos se desarrolló con un caos que, se espera, no sea muy duradero. Sobre todo, por la supresión de la línea que conectaba es Cubells con Cala d’Hort y que ha dejado desprovistos a varios usuarios.
Una titánica inversión de 88,8 millones
La “transformación integral” —como la ha calificado el Consell— se produce después de que la institución insular haya hecho una inversión de 88,8 millones de euros en el servicio, adjudicado a la empresa de transportes ALSA por un periodo de diez años. La nueva red de autobuses se estructurará en dos grandes áreas. La primera —correspondiente al primer lote de la adjudicación— abarca el entorno metropolitano de Vila, con 17 líneas urbanas gestionadas por 38 autobuses eléctricos, que podrán recorrer más de 1,8 millones de kilómetros al año y dar servicio a casi 1,9 millones de pasajeros, según las estimaciones del Consell.
La segunda área (el Lote 2) cubrirá el resto de la isla, con 44 líneas y 62 vehículos que, en conjunto, sumarán más de cuatro millones de kilómetros anuales y atenderán a cerca de cuatro millones de viajeros, ampliando así la cobertura y la conectividad de un sistema hasta ahora limitado en invierno y en las zonas periféricas.
La renovación implica la desaparición total del sistema anterior, con cambios en nombres, rutas y horarios. Lo que, de momento, solo ha generado confusión entre los usuarios que para facilitar la adaptación [dice el Consell] pueden consultar la información a través de la aplicación Alsa Mobi4U o mediante la web del servicio, que permiten conocer en tiempo real la llegada de los autobuses. Aunque ciertos sectores poblacionales, como la gente de avanzada edad, desconocen del uso de estas herramientas. Además, los nuevos vehículos serán accesibles, dispondrán de wifi, puntos de carga USB y sistemas de información a bordo, presume el Consell.
En esta línea de transformación 2.0 también se puede, desde el pasado 1 de abril, pagar con tarjeta y adquirir los billetes en máquinas y canales digitales. Una reclamación que sí habían hecho los ciudadanos y que ya se incorporó hace unos meses en la línea del aeropuerto con Sant Jordi y la ciudad de Eivissa.
Quejas por “insalubridad”
Usuarios y trabajadores que pusieron a finales del pasado verano el foco sobre la “insalubridad” de los autobuses, como publicó El Periódico de Ibiza, esperan ahora que con la reforma también se dé una transformación en los hábitos de higiene. Sobre todo, en la línea 8, que conecta Vila, Sant Josep y Sant Antoni y es una de las más frecuentadas de la isla.
Los pasajeros llevan años denunciando la precariedad de los vehículos, con sistemas de climatización averiados, filtraciones de humedad y acumulación de basura, entre otros. A estas deficiencias se suman (o sumaban) retrasos constantes en las rutas, marquesinas en mal estado que en los meses más calurosos hacen tortuosas las esperas o aglomeraciones [debido a estos retrasos] que hacen incómodos los desplazamientos, especialmente en hora punta.
En el momento pico de las quejas estaba previsto que la nueva concesión se pusiera en marcha el pasado 1 de noviembre, cuando -prometía la administración- se produciría un “cambio radical” en el servicio. Al confirmarse en otoño el retraso de la modernización del servicio -que se llevaba años postergando- el PSIB criticó que el Consell había prometido el nuevo servicio por primera vez en 2022.
La institución, en respuesta, aclaró que había habido dos paralizaciones en el procedimiento de adjudicación debido a la presentación de dos recursos. “Los contratos estaban caducados desde hace 15 años y ahora que hemos conseguido materializar la adjudicación, la renovación es importante”, señala el conseller de Movilidad, Mariano Juan.
La más importante es la electrificación, añade ante elDiario.es. El nuevo servicio de transporte público forma parte -señala el conseller- de un proyecto mucho más amplio: “Un plan de adecuación de la capacidad de carga de los servicios insulares para la población residente y la visitante”. Desde el Consell reconocen que hasta ahora la red de transporte “no estaba a la altura de una isla como Eivissa” y por eso impulsaron -antes de lanzar la nueva flota- un paquete con 20 mejoras en las líneas para una mayor cobertura y frecuencia.
Un incendio a finales de 2023
A las críticas generales, en 2023, se sumó la presentación de una flota de autobuses que el Ayuntamiento de Almeida, en Madrid, había descartado por contaminantes. Así como la instalación de 190 tótems inteligentes en varias paradas —con un código QR que debía enlazar con la página informativa de movilidad— y que presentaron desde el primer día problemas de conectividad.
De hecho, actualmente continúan inoperativos. Esta última medida estaba incluida en el proyecto Ibiza Smart Land, contratado a través del organismo estatal Red.es, y prometía ser el inicio de la modernización del sistema.
En diciembre del mismo año, un incendio de un autobús de transporte público que cubría la línea 3, entre Sant Antoni y Vila, obligó a evacuar a todos los pasajeros a bordo. Afortunadamente, no hubo daños personales, pero el suceso se enmarcó inevitablemente en un contexto de vehículos envejecidos y fallos de mantenimiento y actuó como detonante de la necesidad urgente de renovar la flota.
Pese a que autoridades y empresas insistieron en su carácter fortuito. Según el informe encargado por el Consell, el vehículo afectado, de la compañía ALSA y matriculado en 2004, se incendió por una causa “difícilmente detectable”, publicó Diario de Ibiza.
Tarifas “demasiado elevadas”
El transporte público en Eivissa, además, no ha tenido nunca tarifas baratas —hasta la implementación del bono gratuito en 2022—. El billete estándar para hacer el trayecto de Sant Antoni a la ciudad de Vila cuesta, por ejemplo, 2,20 euros. En verano, en caso de tener que cogerlo más tarde de medianoche o antes de las seis de la mañana, el único servicio disponible es el denominado Discobus —porque realiza paradas en las principales discotecas— y la tarifa es aún más elevada: entre tres y cinco euros dependiendo de la ruta. Si es necesario hacer transbordo, el coste del trayecto de ida puede superar los cuatro euros.
De hecho, desde que entró en vigor la gratuidad impulsada por el Consell, el número de pasajeros creció un 45%, con picos diarios que superaron los 23.000 usuarios, según datos de la institución. Tres años más tarde, se ha excluido de esta medida, a la que podían acceder todos los residentes en la isla, a las personas migrantes sin una situación regularizada en España, pero que sí contaban con el padrón. La medida, defendida como un ajuste para prevenir fraudes, ha sido calificada por asociaciones y partidos de la oposición como discriminatoria hacia quienes viven y trabajan en Eivissa sin contar todavía con DNI o NIE.
Los residentes siguen expectantes -pero incrédulos- ante la promesa de un transporte más moderno en la isla aún días después de que haya arrancado el nuevo servicio. Los técnicos competentes ya advirtieron que durante las primeras jornadas podrían producirse “ajustes puntuales” y pedían paciencia a los usuarios para un cambio de “gran envergadura”.
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