La familia de Ibrahima Diouf, uno de los temporeros desaparecidos tras discutir con su capataz: “El patrón sigue su vida”
La última vez que vieron a Ibrahima Diouf fue el 5 de enero de 2021. Su caso pronto se empezó a parecer demasiado al de Tidiany Coulibaly, al que se le perdió la pista el 16 de diciembre de 2013. Ambos eran migrantes, jóvenes y trabajaban en la campaña de la aceituna como temporeros en Villacarrillo, un municipio de Jaén de 10.000 habitantes. En común tenían también, para su desgracia, estar al servicio del mismo patrón: el empresario Ginés Vicente López, principal sospechoso en la investigación judicial de ambos casos. Ambos desaparecieron cuando le comunicaron su intención de abandonar el trabajo ante las condiciones de explotación que sufrían.
Ahora, el documental Jornaleros. El mal patrón, dirigido por Sergio Rodrígo y Lucía Muñoz, recuerda lo sucedido con el testimonio de los familiares y compañeros de los desaparecidos, cuyas voces retumban en la cinta clamando por una justicia que todavía no ha llegado. “Han pasado casi 13 años y todavía no se ha hecho justicia. Yo no sé nada de mi hermano”, dice Nama Coulibaly, el hermano de Ibrahima Diouf, en conversación con elDiario.es.
Sergio Rodrigo, periodista y codirector de la película, asegura que el documental parte de una investigación realizada por su productora, Entrefronteras, sobre la explotación laboral en los campos de Andalucía y el sur de Portugal. “Vimos que era una buena oportunidad para contar la historia de Tidiany e Ibrahima, que desaparecieron en las mismas y extrañas circunstancias y en una situación vinculada a la explotación laboral severa”, relata al teléfono.
Tidiany, maliense, solo contaba con 23 años en el momento en que nunca se supo más de su paradero en diciembre de 2013. Tanto él como otros migrantes de la cuadrilla habían recriminado al patrón su bajo jornal, de solo 20 euros, cuando el convenio del campo estipulaba una cantidad que superaba los 50 euros. Tres años más tarde, la Audiencia de Jaén condenó a Vicente López a dos años y medio de cárcel delitos contra los derechos de los trabajadores y contra la Administración de Justicia. El empresario también se sentó en el banquillo acusado por la desaparición forzada, pero el juez lo absolvió porque sostuvo que, aunque existían indicios de que Ginés había hecho desaparecer a Tidiany, estos no eran suficientes para condenarlo.
Más de siete años después, Ibrahima tenía 32 años en el momento de su desaparición. La víspera del día de Reyes de 2021 llevaba consigo una maleta roja mientras se aproximaba a la casa de su patrón, Vicente López, para quien trabajaba en la recogida de la aceituna. Se quería ir de allí. La idea era reclamarle el dinero que le debía para poder marcharse a Huelva y empezar a trabajar en la campaña de los frutos rojos. Es lo último que se supo de él. Nadie le vio nunca más.
Tras una larga investigación de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, el juez decretó prisión provisional para Ginés Vicente por un presunto delito de homicidio en marzo del año pasado. Sin embargo, dos meses después, la Audiencia Provincial le dejó en libertad bajo fianza de 25.000 euros y la imposición de medidas cautelares. El proceso aún se encuentra en fase de instrucción. “Le acusan de homicidio y tenencia ilícita de armas. Salió en libertad tras pagar una fianza de una cantidad irrisoria”, denuncia el documentalista.
Desde su desaparición, han realizado labores de búsqueda en propiedades de la persona investigada. En los últimos trabajos sobre el terreno en junio de 2023 se desplazó hasta Villacarrillo una treintena de agentes. Rastrearon palmo a palmo el paraje conocido como Arroyo los Pozuelos, situado en la salida del polígono industrial del municipio, así como otras zonas aledañas.
“Pudo haberme pasado a mí”
La familia de ambos desaparecidos siguen esperando justicia. Nama Coulibaly, hermano de Tidiany, tiene 33 años y se encuentra en Jaén. “Esto pasa por una cosa muy sencilla: hay gente que parece racista por naturaleza que está en contra de que tengamos derechos, cuando solo venimos para trabajar”.
Tidiany era el cabecilla de la cuadrilla. “Le reclamó que nos pagara lo que marca la ley. Era la tercera campaña en la que trabajaba con él. Mi hermano incluso le traía a otros migrantes. Yo nunca he visto un español trabajando junto a nosotros”, denuncia el hombre. En su memoria todavía queda aquel 16 de diciembre de 2013. Según recuerda, aquella jornada acompañó a su primo a la estación de autobuses. Al volver, no estaba Tidiany en casa. “Si no, yo también podría haber terminado como mi hermano”, precisa.
“Son cosas que hay que ver y vivir desde nuestros ojos. No somos ni animales ni esclavos. No venimos a robar. El trabajo que hacemos es el que no quiere hacer nadie”, cuestiona Coulibaly, cuyas palabras se contraponen con la imagen de la inmigración trasladada por la extrema derecha en España. “Yo trabajo todos los años, y es un trabajo duro, pero no he venido a mendigar. Tampoco tengo dónde vivir. Lo hago en la casa que nos dejan, entre campo y campo”, comenta.
En 2009 Nama Coulibaly llegó a las costas canarias, un año después de que lo hiciera su hermano Tidiany, cuando a él todavía le quedaban tres años para alcanzar la mayoría de edad. Lleva trabajando en el campo desde que salió del centro de menores. El senegalés aprovecha el estreno del documental para insistir en la necesidad de conocer la verdad sobre lo ocurrido: quiere saber dónde está su hermano, qué pasó con él. “El patrón sigue viviendo su vida como si no hubiera hecho nada, pero Tidiany tiene familia, tiene una madre rota por lo sucedido”, lamenta.
Largo proceso de instrucción
Rodrigo se refiere al proceso judicial que investiga la desaparición de Ibrahima como lento y tedioso, incluso “vergonzante”, ya que desapareció hace cinco años y todavía ni siquiera ha terminado la fase de instrucción del juicio. “Eso denota que la justicia, en muchos casos, tiene prioridades”, apunta este responsable de EntreFronteras, la productora del documental radicada en Andalucía y especializada en migraciones.
La búsqueda de Ibrahima por parte de agentes de la Guardia Civil ha sido constante en este tiempo. Por tierra, mar y aire, el Instituto Armado ha intentado sin resultado positivo encontrar el cuerpo del senegalés.
La primera condena que recibió Vicente López en 2016 no le impidió seguir contratando migrantes en condiciones abusivas. El año pasado, una investigación financiada por Journalism Fund Europe rastreó una treintena de agricultores acusados de vulnerar derechos laborales de toda la Unión Europea. Entre ellos estaba Ginés Vicente López. Según publicó El Salto, el empresario recibió entre 2014 y 2022 unos 118.500 euros en subvenciones públicas, incluidos los 17.000 euros que percibió incluso un año después de la desaparición de Ibrahima.
El círculo vicioso de la pobreza
El director de la cinta critica que en el campo español, y en particular en Andalucía, cientos de trabajadores sufren abusos laborales, pero su situación de vulneravilidad hace impide su acceso a herramientas para reivindicar sus derechos más allá que su propia voz y la unión entre iguales. “Esto hace que los patrones se crean prácticamente en el derecho de convertir en su esclavo a las personas que trabajan para ellos”, añade Rodrigo.
Asimismo, enfatiza que la explotación en la agricultura está vinculada a una migración concreta, que también es la más vulnerable, procedente de países subsaharianos, a quienes la política migratoria suele ponérselo más complicado, lo que les empuja a vivir en situación irregular durante años. “Eso al final le condena a seguir siendo pobre y vulnerable”, critica.
Rodrigo tilda de “lamentable” que trabajadores que recolectan los productos de los que España siempre hace gala, como su aceite y fruta, tengan que desempeñar sus labores en estas condiciones. “La gente consume de forma diaria el aceite de oliva sin saber que son personas como Tidiany e Ibrahima las que están atrapadas en los campos cultivando, recolectando y podando los olivos”, añade.
Desde el punto de vista del periodista, hacer justicia en el caso de Ibrahima y Tidiany es una forma de dignificar los derechos de muchas personas que malviven en el campo andaluz, y concretamente en Jaén durante la recolecta de la aceituna. “Es vergonzanyte verlos años tras año. Hay personas que recolectan durante 10 horas de trabajo, terminan la jornada y se van a un cajero o debajo de un puente a dormir”.
El documental profundiza en la dilatación del proceso judicial. “El no tener una red de apoyo como ocurre en otros casos de homicidio como el que se investiga lanza el mensaje a la familia de que no se puede quejar, ya que no tienen la posibilidad de venir desde sus países de origen y pedir la celeridad en el proceso”, critica Rodrigo. Coulibaly, el hermano de Tidiany, concluye: “Que investiguen y que busquen. Las cosas no se pueden quedar así”.
2