El Gobierno declara símbolo franquista el monolito que alza a los asesinos de 'La Desbandá' mientras PP y Vox lo blindan
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El monumento erigido en Palma en homenaje a los “héroes” del Crucero Baleares –uno de los responsables del bombardeo llevado a cabo en 1937 contra la población que huía de Málaga a Almería en plena ofensiva fascista, episodio históricamente conocido como 'la Desbandá'– será en el primer símbolo franquista del archipiélago en incorporarse al censo estatal de elementos contrarios a la Memoria Democrática. Paradójicamente, este mismo jueves, el Ayuntamiento de Palma, gobernado por el PP con el apoyo de Vox, le ha otorgado el máximo grado de protección patrimonial.
La colisión entre ambas decisiones –la estatal y la autonómica– no es solo jurídica, sino también política y simbólica. Dos administraciones trazando direcciones opuestas sobre un mismo objeto: una lo señala como incompatible con la memoria democrática mientras la otra lo blinda como patrimonio.
Tal como ha anunciado la asociación Memòria de Mallorca, ha sido este miércoles, en el marco de la reunión del Consejo Estatal de Memoria Democrática –órgano del Gobierno central encargado de desarrollar la ley de memoria democrática–, donde se ha informado de la inclusión del monolito en el censo. Un paso que, según la entidad, no solo reconoce años de reivindicación, sino que podría reabrir la vía judicial para intentar su retirada del espacio público.
En el mismo foro estatal, la presidenta de Memòria de Mallorca, Maria Antònia Oliver, ha puesto sobre la mesa otras demandas: la creación de subconsejos territoriales que mejoren la coordinación de estas políticas y la declaración como Lugares de Memoria de espacios clave en la isla, como el Fortí d'Illetes o el Mur de la Memòria. También ha alertado de posibles retrocesos en ámbitos sensibles, como la gestión de archivos, la identificación de restos humanos o los bancos de ADN. Preocupaciones que, a su juicio, hacen más necesario que nunca reforzar los mecanismos de vigilancia institucional.
Monumento inaugurado por Franco
El monumento de Sa Feixina –por el parque en el que se encuentra ubicado–, cuya presencia lleva años en disputa política, social y judicial en la capital balear, fue erigido por el franquismo en 1947 para homenajear a los marinos del buque de guerra que protagonizó una de las mayores masacres tras el golpe de Estado de 1936: la llevada a cabo contra los miles de civiles que el 7 de febrero de 1937 se arrojaron a la carretera en dirección este para escapar de las tropas sublevadas que, apoyadas por las fuerzas italianas y los regulares marroquíes, avanzaban desde el oeste. En su huida, los civiles fueron ametrallados por los aviones Heinkel de la Luftwaffe y bombardeados por tres buques que los cañoneaban desde el mar: el Almirante Cervera, el Baleares y el Canarias.
Un año después, el Crucero Baleares fue torpedeado por la flota republicana durante la batalla del cabo de Palos. El barco se hundió con más de 700 hombres a bordo, muchos de ellos reclutados en Mallorca. El régimen franquista lo erigió en emblema de heroísmo y martirio nacional y lo utilizó como herramienta de propaganda en todo el país, mientras las víctimas del bombardeo fueron abocadas al olvido. El monolito, diseñado por los arquitectos Francisco Roca Simó y Antoni Roca Cabanellas, fue construido gracias a las abundantes donaciones de particulares y empresas que reunieron las 100.000 pesetas que costó su ejecución. Fue inaugurado en 1947 con la presencia del dictador Francisco Franco.
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