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Líderes religiosos vinculados a Trump llevan a cabo una política exterior paralela con una agenda fundamentalista

Ralph Drollinger, fundador de la organización religiosa Capitol Ministries.

Natalia Viana

Mientras la Amazonia arde en Brasil, Bolivia y Perú, un grupo de pastores evangélicos vinculados a la Casa Blanca está exportando su predicación radical desde Estados Unidos a países latinoamericanos con el objetivo declarado de influir en los líderes políticos de la región.

Uno de ellos es Ralph Drollinger, un exjugador de la NBA que se convirtió en predicador y ahora tiene la intención de acercar a los políticos a Cristo. Su método de trabajo es abrir “estudios bíblicos” en congresos en diferentes países e incluso en la Casa Blanca, durante los cuales utiliza extractos de la Biblia para justificar políticas de extrema derecha.

Así, mientras Trump niega los acuerdos sobre el calentamiento global –y cuestiona abiertamente si realmente existe– Drollinger rechaza en su predicación que la acción del hombre pueda impactar en el medioambiente. “Todos deben estar seguros de su capacidad y voluntad para sostener el ecosistema de nuestro mundo”, señala con una voz exaltada: “¡Qué gloriosas verdades nos ha dado Dios! Son una bofetada en la cara para los teóricos de moda que tratan de asustarnos con el calentamiento global”.

El ministerio de Drollinger, Capitol Ministries, está financiado por el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, y el secretario de Estado, Mike Pompeo, y celebra reuniones semanales en la Casa Blanca. En los últimos dos años, Capitol Ministries ha abierto sucursales en seis países latinoamericanos –México, Honduras, Paraguay, Costa Rica y Uruguay–, y ha anunciado que abrirá en otros dos más –Nicaragua y Panamá–. El grupo acaba de llegar también a Brasil, donde pretende transmitir sus enseñanzas al famoso presidente Jair Bolsonaro y a sus ministros, “si Dios lo permite”, tal y como señaló el pastor contratado por Drollinger para que sea su representante local.

Pero los brazos evangélicos de la Casa Blanca no se limitan al ministerio de Drollinger. Otros emisarios evangélicos de Trump están actuando en Sudamérica e incluso en Oriente Medio como una especie de Departamento de Estado paralelo, con la bendición del Gobierno de Estados Unidos, según una investigación trasnacional en la que han participado medios de 16 países y liderada por Columbia Journalism Investigations, de la Universidad de Columbia (EEUU).

Son parte de la Iniciativa de la Casa Blanca para la Fe y la Oportunidad (ICBFO), un grupo de líderes cristianos designados oficialmente como asesores especiales por Donald Trump. Viajan a muchos países e intervienen en organismos internacionales a favor de políticas radicales de ultraderecha.

En Brasil, nombres como el pastor Mario Bramnick y la exdiputada republicana Michele Bachmann, miembros del ICBFO, hicieron campaña a favor de Jair Bolsonaro y participaron en un importante evento en la Iglesia Bautista Lagoinha en agosto de 2018 que se convirtió en un escenario político para el entonces candidato presidencial, lo cual está prohibido por la ley brasileña.

La principal demanda que hicieron a Bolsonaro era el cambio de la embajada de Brasil en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. “Hablé con el presidente [Donald Trump] sobre la misión que tuvimos y me llevé conmigo a algunos de los líderes religiosos de la Casa Blanca para hablar con los presidentes de las naciones latinoamericanas y que estos trasladasen sus embajadas a Jerusalén. Nos reunimos con los presidentes de Guatemala, Honduras y otros”, señaló Bramnick en el evento. 

El lobby informal llevó a la promesa de Jair Bolsonaro sobre el cambio de la embajada de Brasil. Lo mismo ocurrió con Guatemala y Paraguay.

También hay iniciativas continentales. Otro grupo cristiano estadounidense, Alliance for Defending Freedom (ADF), organizó en junio de 2017 un Congreso Hemisférico de Parlamentarios que reunió a 659 legisladores de 17 países latinoamericanos para firmar la Declaración de México. Los congresistas cuestionan en dicho documento “la injerencia de la Organización de Estados Americanos (OEA) en la soberanía de los países de la región” y exigen que la OEA y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) no interfieran en asuntos que son responsabilidad de los Estados Miembros, especialmente en asuntos como el aborto y los derechos de la comunidad LGTB.

La Alliance for Defending Freedom también forma a líderes políticos y religiosos del continente, como el peruano Christian Rosas, cofundador del movimiento 'Con mis hijos no te metas'. Rosas se presentó en la Asamblea de la OEA en Washington el 3 de junio de 2018 como representante de la sociedad civil y de grupos que se oponen al aborto y a los derechos LGTB. Su presentación fue financiada por el ADF.

Actuando como diplomáticos clandestinos, los miembros de la Iniciativa de la Casa Blanca para la Fe y la Oportunidad (ICBFO, por sus siglas en inglés) se sienten cómodos brindando apoyo que no se vería bien si se hiciera a través de los canales oficiales del Gobierno de Estados Unidos.

Por ejemplo, en julio de este año, Ralph Drollinger fue a Nicaragua por invitación del presidente Daniel Ortega para establecer sus estudios bíblicos en el Congreso. Ortega ha encabezado una enorme represión de protestas callejeras que ha causado al menos 212 muertos, 1.337 heridos y 507 detenidos.

Justo un mes después de la muerte del periodista Jamal Ahmad Khashoggi, miembros del ICBFO se reunieron con el príncipe de Arabia Saudí, Mohammed bin Salmán. Lejos de mencionar el crimen en la embajada saudí en Turquía, centraron la conversación en el tema de la “libertad religiosa”.

En resumen, lejos del centro de atención, otros políticos además de los desacreditados Trump y Bolsonaro están dando la mano a pastores evangélicos que usan la Biblia para defender lo indefendible.

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