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“Escuchar las historias de miembros de ISIS me hizo reflexionar sobre algo tan humano como es el mal”

Gabriele del Grande, autor de 'Dawla: la historia de ISIS contada por sus desertores'

Fabiola Barranco

El periodista italiano Gabriele del Grande se convirtió en referente, dentro y fuera de su gremio, sobre los movimientos migratorios que atraviesan el Mediterráneo. Es autor de libros como Mamadou va a morir (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), Quemar la frontera (Editorial Popular, 2012) y director del documental Yo estoy con la novia, sobre el periplo de cinco refugiados desde Milán hasta Estocolmo que cautivó en el festival de Venecia.

Dawla: la historia de ISIS contada por sus desertores (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo) es su último trabajo de investigación con el que pretende analizar los entresijos del grupo terrorista. Más de un año y medio de investigación en el que ha recabado 70 testimonios en el Kurdistán iraquí, Europa y Turquía –donde fue detenido durante dos semanas en un centro de extranjeros– son el resultado de este libro que combina la narrativa literaria con el periodismo.

Aunque Del Grande reconoce estar acostumbrado a contar historias a través de las víctimas, especialmente en sus coberturas sobre las migraciones, en esta ocasión es diferente: sus protagonistas son los verdugos. “Para mí fue muy incómodo escuchar y escribir sus historias porque me llevó a reflexionar sobre el mal, que también es algo muy humano y nos pertenece”, explica. “No se trata de justificar, porque la violencia es violencia, el crimen es crimen y tenemos que condenar la guerra, pero también tenemos que reflexionar sobre lo fácil que es para el ser humano caer en esta lógica de la guerra, de enemigos, de muerte...”, añade. Todo esto, dice, te hace “estar en guardia”.

Las páginas están plagadas de términos en árabe transcritos en el alfabeto latino, una licencia literaria del autor “para poder llamar a las cosas como los propios yihadistas las nombran”. “El punto de vista interno de la organización es el punto de vista que yo quería analizar”, aclara. De ahí que el título de la obra sea Dawla y no Dáesh, ISIS o Estado Islámico, ya que es así como los combatientes del grupo terrorista se autodenominan. “Cuando se presentan en un chekpoint lo hacen como los ”hombres del Dawla“ o ”los hermanos del Dawla“, pone como ejemplo el escritor.

Abu Muyahid, Abu Karim y Abu Osama son tres de los protagonistas de su libro que, además, son el reflejo de los perfiles más representativos entre quienes se unen a las filas de ISIS. Del Grande los clasifica en: “los que buscaban justicia o venganza, los que se unieron por motivos religiosos y los oportunistas”. Del primer grupo señala que “muchos de ellos empezaron con las manifestaciones contra el régimen sirio y tomaron las armas para combatir en un momento en el que ISIS era la milicia más fuerte ideológica y militarmente”. “No eran necesariamente islamistas, sino gente simple, de campo, para quienes lo importante era combatir y no a las órdenes de Turquía o países del Golfo”, aclara.

Del segundo grupo se refiere a “gente que llegó de todo el mundo con una idea de salafismo yihadista muy clara. Veteranos de Irak, de Chechenia... es como un movimiento internacional que envió a toda su gente a combatir allí”. Del último grupo destaca que “aprovecharon el momento en el que ISIS era el caballo ganador: habían fundado el Califato, controlaban un Estado, tenían mucho dinero”, por lo que se sumaron “no solo como combatientes, sino también como ingenieros, sanitarios, etc”.

Para el periodista italiano, “el análisis de la historia de Siria, del poder, de la guerra, del régimen sirio y de las injerencias internacionales” son elementos fundamentales para esbozar el contexto en el que se construye el autodenominado Estado Islámico. Como también lo es “la historia del movimiento yihadista internacional” que, matiza, “se remonta a los años 70 y 80; a lo que pasó en Afganistán, en Argelia, en Bosnia, Chechenia... y en Irak con la invasión angloamericana”. “El ‘Dawla’ ya existía en Irak, no es algo creado en Siria en 2011”, recuerda.

Al preguntar a Del Grande por una definición de ISIS que vaya más allá de la imagen que ofrece su maquinaria propagandística, bromea con tener que escribir otro tomo para contestar a esa cuestión. Sin embargo, en un ejercicio de síntesis, resalta tres puntos que, para él, se aproximan a una definición de la organización terrorista.

“Ante todo es una ideología, y ese es el secreto de por qué fue tan fuerte, por qué no está muerta y por qué va a volver. El salafismo yihadista es una ideología de lucha, que es lo que no se entiende aquí. Te explica por qué el mundo es injusto y te da una utopía islamista: lucha con nosotros y vamos a ofrecerte la justicia de Dios”, señala.

En segundo lugar, destaca que es una organización “oscura, de servicios secretos”. “El poder real de la organización no es el poder de Al Baghdadi ni de los predicadores salafistas. El poder está en manos de los responsables de los servicios secretos de ISIS”, explica.

El tercer punto es el dinero. “¿Cómo entraba? Con el petróleo”, afirma. “Desde el principio de la guerra combatieron para tomar el control de pozos de petróleo en Siria e Irak, con ello compraban armas, pagaban salarios y gestionaban el Gobierno de un territorio en Siria e Irak.

“En la guerra, el enemigo de tu enemigo es tu mejor amigo, y ellos lo aprovecharon muy bien”, señala el escritor. “En el conflicto sirio había como tres entidades principales: el Gobierno, la oposición siria e ISIS. Al principio, ISIS combatía con la oposición contra el régimen, en una segunda etapa con el régimen contra la oposición y después ellos mismos contra todos”, añade.

Aunque a día de hoy se puede hablar de “una derrota militar” de ISIS, el autor del libro afirma que la organización sigue activa: “Cada semana cometen atentados, ahora están haciendo una especie de guerrilla, pero todavía tienen miles de combatientes, tanto en Siria como en Irak”.

La falta de un proyecto educativo, político, económico o cultural para abordar la situación de miles de combatientes del grupo terrorista ahora en cárceles de Turquía, Siria, Irak o el Kurdistán, supone otra ventaja para la continuidad del Dáesh. “A esta gente tarde o temprano la van a dejar libre y ellos siguen en su ideología”, vaticina Del Grande.

El fin de la guerra siria tampoco es un hecho en la actualidad. “Es un problema internacional, el día que Estados Unidos, Rusia, Irán y Turquía se pongan de acuerdo, puede ser que haya una solución. Pero el problema es más grande. El gobierno de Asad puede quedarse porque está siendo aceptado por la comunidad internacional, él gana gracias a Rusia e Irán, pero en Siria también hay presencia militar de los turcos y de Estados Unidos con su aliado kurdo”, señala. “Ahora Siria está dividida. Hay muchas partidas en el mismo tablero”, analiza.

Más allá del ámbito geoestratégico internacional y de las garras de ISIS, Del Grande también pone el foco en la “fuerte represión del régimen” hacia las voces disidentes antes y después de 2011. Esta represión afectó a “miles y miles de activistas, periodistas, abogados y participantes de las protestas democráticas del inicio que fueron torturados, encarcelados, asesinados o desaparecidos. Otros fueron arrestados y asesinados por los islamistas, especialmente de ISIS”. Por eso, argumenta, “el movimiento democrático se acabó”. Muestra de ello es que “el régimen de Assad está todavía en el poder, la oposición democrática está destruida y hay unos cinco millones de refugiados fuera del país”.

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