Ahmed Abu Amsha, el músico que enseña a niños de Gaza a crear canciones con el ruido de los drones de Israel
Ahmed Muin Abu Amsha es músico y profesor de música y, desde hace un año, enseña a tocar y a cantar a niños y niñas desplazadas de Gaza, donde él mismo se ha visto desplazado múltiples veces con su familia. En los campamentos de la Franja ha creado Gaza Birds Singing, un grupo musical formado por él y otros profesores que también enseñan a los más pequeños a cantar y a tocar instrumentos de percusión, el violín, la guitarra, el laúd o el ney (un tipo de flauta muy común en Oriente Medio).
Recuerda que, al principio, su iniciativa fue recibida con escepticismo. “Me reuní con los responsables de los campamentos para proponer actividades musicales, pero algunos se rieron. ”Me dijeron: ‘Necesitamos comida, agua, tiendas de campaña... ¿Qué puede hacer la música?’“. Su respuesta fue tajante: ”La música puede cambiar vidas“.
Con ese convencimiento nació Gaza Birds Singing. El proyecto creció rápidamente en redes sociales, convirtiéndose en una de las expresiones culturales surgidas durante la guerra y que recaba apoyos internacionales para conseguir materiales didácticos e instrumentos. Hace días se han podido repartir instrumentos nuevos gracias a las donaciones, pero Abu Amsha no olvida los inicios difíciles.
Para mí es una demostración de cómo sobrevivir, de cómo convertir algo horrible en algo hermoso, de cómo crear vida en estas circunstancias de destrucción
Cuenta a elDiario.es que, en un comienzo, consiguió instrumentos que se vendían para hacer fuego debido a la falta de combustible en Gaza y que él mismo reparó para darles una segunda vida. “Así encontré un laúd y una guitarra que estaban destrozadas, los arreglé buscando cables e, incluso, con cables de bicicleta”, relata.
Fruto de ese ingenio que brota de la supervivencia también nació una de las canciones más famosas del repertorio de este particular grupo musical que recoge en el álbum Songs from the Rubble, compuesto íntegramente durante el genocidio en Gaza. Es conocida como ‘la canción del dron’ porque fue creada bajo el sonido incesante de los aviones no tripulados israelíes que sobrevuelan la Franja.
“Estábamos en una sesión de música en el centro de Ciudad de Gaza y había muchísimos drones sobrevolando y el ruido era espantoso. Entonces los niños me dijeron: ‘Profe, tenemos que parar, hay mucho ruido’. Pero yo les dije: ‘No. Nunca nos van a hacer parar. Vamos a cantar a pesar de este ruido’”. Fue entonces cuando Abu Amsha les propuso usar el zumbido de los drones como base para su pieza musical. “¡En pocos minutos ya teníamos la canción!”, celebra entusiasmado el músico de 43 años.
Tras grabar el resultado con su teléfono y subirlo a internet en agosto del año pasado, la canción se hizo viral, superando en un día el millón de visualizaciones. “Para mí es una demostración de cómo sobrevivir, de cómo convertir algo horrible en algo hermoso, de cómo crear vida en estas circunstancias de destrucción”, confiesa con orgullo y puntualiza, con conocimiento de causa: “La manera en la que los niños y niñas disfrutan de la música, muchas veces puede convertirse en terapia”.
La música como refugio
Con un alto el fuego vigente en Gaza –que Israel viola a diario–, Abu Amsha, acompañado siempre de su guitarra, visita hospitales, zonas habilitadas para atender a menores que lo han perdido todo, incluidos sus padres, y campos de desplazados.
A través de la música, como un trovador en medio de la devastación, da voz a los niños y niñas supervivientes, ofreciéndoles esperanza, alegría y herramientas para expresarse. “Tenemos que hacer comunidad y buscar la felicidad en cualquier circunstancia, aunque eso suponga cantar en medio del fuego. Y nunca olvidar que tenemos derecho a vivir como los demás, a vivir en paz”, afirma.
El músico y profesor originario de Beit Hanun, en el norte de Gaza y una de las localidades devastadas por la ofensiva israelí, denuncia que los gazatíes necesitan “una paz real, no una paz fake como la que sale en las noticias”. “Es falso, es propaganda, cada día están matando a gente, siguen bombardeando y destrozando nuestras vidas”, asegura.
Tenemos que hacer comunidad y buscar la felicidad en cualquier circunstancia, aunque eso suponga cantar en medio del fuego
Antes del genocidio, impartía clases en un colegio privado, enseñaba guitarra en el Conservatorio Nacional de Música Edward Said y formaba parte de la banda musical de la televisión palestina. “Nuestra vida ha cambiado al cien por cien. Antes trabajaba mucho, ganaba dinero. A veces tenía poco tiempo para mi familia, pero los fines de semana los disfrutábamos juntos. Era una buena vida”, afirma el también padre de cinco hijos, haciendo un ejercicio generoso de memoria con el fin de no borrar los recuerdos de Israel sepulta bajo los escombros.
Abu Amsha y su familia forman parte de los aproximadamente 2 millones de desplazados de Gaza, alrededor del 90% de la población de la Franja. “Nos hemos visto obligados a desplazarnos al menos 15 veces. Lo hemos perdido todo. Nuestra casa, nuestro trabajo, nuestros negocios. Nada hemos recuperado”, lamenta dos años y medio después del comienzo de la brutal ofensiva israelí que se ha cobrado más de 72.000 vidas palestinas.
Cuando escapé de esta guerra no pensaba en la música ni en las clases ni en nada más. Solo pensaba en encontrar un lugar seguro para mi familia
La familia huyó de Beit Hanun a Yabalia, siempre en el norte de Gaza, a una escuela convertida en refugio y luego bombardeada por las fuerzas israelíes. Luego buscaron cobijo en el Hospital Nasser, en la localidad sureña de Jan Yunis, que también fue atacado. “Vi a muchísimas personas asesinadas a mi alrededor, así que volvimos a escapar sin nada encima”, relata a este periódico el músico con la voz entrecortada.
Posteriormente, fueron a Ciudad de Gaza para tratar de refugiarse en el Hospital Al Shifa, el más grande de la Franja y que fue destrozado por Israel en varios asaltos durante la guerra. Después, volvieron a Jan Yunis, pasaron por Rafah, los campamentos de Al Mawasi, Ciudad de Gaza y, de nuevo, Beit Hanun, para sortear los ataques del Ejército israelí. Ahora, Abu Amsha y su familia viven en el sur de Gaza, en la zona de Al Sawida, donde el paisaje lo dibujan dos mares: el Mediterráneo y otro inmenso de precarias tiendas de campaña instaladas a pie de playa.
La música había sido siempre la espina dorsal de su existencia, pero desapareció durante los desplazamientos forzosos. “Cuando escapé de esta guerra no pensaba en la música ni en las clases ni en nada más. Solo pensaba en encontrar un lugar seguro para mi familia”, explica.
Pero todo cambió hace un año en Rafah, en uno de los campamentos, donde alguien le tendió una guitarra. “Un amigo me dijo: ‘Eh, Ahmed, ¿puedes tocar algo?’. Era la primera vez que cogía una guitarra desde que empezó la guerra”. Relata que, con los primeros acordes, sólo sintió el peso de la nostalgia. “Entonces, empecé a tocar la guitarra y me dejé llevar por la música”, dice emocionado. Cuando quiso darse cuenta estaba rodeado de niños y niñas, de otros músicos y familias que se unieron a él y empezaron a cantar.
Así fue como se dio cuenta de que la música podía ser un refugio y un alivio para muchos. “De repente pensé: ‘¡Dios mío, hemos conseguido olvidar la guerra!’. Los niños estaban felices. Esos pocos minutos fueron sanadores”, dice. Aquel instante marcó un antes y un después, y fue el comienzo del camino que le llevó a fundar Gaza Birds Singing.
0