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"No hay una forma humana de luchar en una guerra"

Alemania fue la única gran potencia que podía haber evitado la Primera Guerra Mundial, explica Max Hastings en su libro '1914. El año de la catástrofe'

"El sentimiento dominante en Europa en esos años era el miedo. Todo el mundo tenía miedo de los demás"

"Todo el mundo cree ahora que había que luchar contra Hitler, pero no ven nada comparable en el káiser alemán"

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Max Hastings, autor de '1914, el año de la catástrofe'. Foto: Mondelo/Efe.

Max Hastings, autor de '1914. El año de la catástrofe'. Foto: Mondelo / Efe

Sir Max Hastings ha conocido la guerra como periodista y como historiador. Tras varios libros sobre la Segunda Guerra Mundial, 1914. El año de la catástrofe es la primera obra que dedica al conflicto anterior, la guerra que terminó por definir lo que fue el siglo XX en Europa.

Todos asociamos esos años a una inmensa y estúpida carnicería que se podía haber evitado, una guerra absurda iniciada por imperios en decadencia. Hastings explica por qué esa lectura es demasiado simple y olvida las circunstancias políticas de un mundo en transformación.

¿Qué saben sus lectores sobre la guerra antes de leer sus libros?

Muy poco, a menos que hayas participado en una guerra. La experiencia personal en la guerra es muy diferente. En la IIGM (Segunda Guerra Mundial), los británicos creyeron que lo habían pasado muy mal, pero objetivamente no lo pasaron tan mal como los rusos o los españoles en la Guerra Civil. En segundo lugar, creo que la gente tiende a pensar que algunas guerras no son tan malas como otras. Solemos pensar que la IGM es lo peor que haya pasado nunca. Eso no es cierto.

La Guerra de los Treinta Años en el siglo XVII o la experiencia de Rusia en la IIGM o lo que pasó en España son tan malas o peores. Un héroe de la resistencia noruega en la IIGM escribió después que la guerra trae aventuras que conmueven al corazón, pero no debemos olvidar que el auténtico objeto de la guerra son las tragedias personales que hacen que la guerra sea el mal absoluto, algo que no se redime con la gloria. Cuando escribo, nunca olvido esa frase.

La reputación de los generales en la IGM quedó destruida, pero usted ha escrito que eso procede del análisis que se hizo en los años inmediatamente posteriores a 1918.

A nadie le gustan los generales de esa época como hombres por haber sido tan fríos e insensibles ante las muertes. Yo los veo como a víctimas, tanto como a los hombres que dirigieron. Afrontaron circunstancias sin precedentes. En los años treinta se pensaba que, si los generales hubieran sido más inteligentes, habrían podido ganar la guerra sin que muriera tanta gente. Pero los académicos actuales creen que la tecnología de la defensa era mucho más fuerte que la tecnología del ataque.

La confusión actual viene porque vemos el horror de la IGM y no descubrimos qué beneficio tuvo. Con la IIGM, sabemos que la guerra no fue para salvar a los judíos, pero mucha gente ahora, sobre todo los jóvenes, lo cree así. Lo que es extraordinario es que las revelaciones sobre el Holocausto han generado una definición de mal absoluto para todo el mundo. Por eso, todo el mundo cree ahora que había que luchar contra Hitler, pero no ven nada comparable en el káiser alemán, y no entienden por qué había que luchar contra el káiser. Hace poco, haciendo un documental para la BBC en Versalles con una gran historiadora, ella me dijo: me pregunto por qué el mundo nunca perdonará a Hitler por estar loco pero está dispuesto a perdonar al káiser por estar loco.

¿En qué estaban pensando los generales cuando enviaban una oleada tras otra de soldados hacia una muerte segura?

No veían otra alternativa. Realmente, creían que cada una de esas veces iba a ser la batalla que ganaría la guerra. La gente cree que la IGM fue completamente diferente a la IIGM. No lo fue. Cosas mucho peores que el Somme y Passchendaele sucedieron en la IIGM. Ocurrieron en Rusia, con 27 millones de muertos.

En algunas batallas en Rusia, en 1942 y 1943, los rusos perdieron más gente que la que perdieron británicos y franceses en 1916. Por pura inocencia, hay gente que piensa que hay una forma humana de luchar en una guerra, pero eso no es así. La única manera de que no ocurra es que uno de los bandos sea más débil. Los alemanes podrían haber conseguido en 1914 los objetivos del Plan Schlieffen si británicos y franceses se hubieran hundido, pero no lo hicieron.

David Cameron y Enda Kenny, primeros ministros del Reino Unido e Irlanda, visitan un cementerio de soldados muertos en la Primera Guerra Mundial cerca de Ypres, Bélgica.

David Cameron y Enda Kenny, primeros ministros del Reino Unido e Irlanda, visitan un cementerio de soldados muertos en la Primera Guerra Mundial cerca de Ypres, Bélgica.

¿Por qué tantos líderes políticos y militares pensaban que la guerra podía ser corta, que obtendrían la victoria rápidamente?

El desastre alemán viene por la creencia en el Plan Schlieffen, por creer que podían aplastar Francia en 40 días. Estaban locos al pensar eso. Se suele decir que la mayor parte de la gente que fue a la guerra en 1914 eran soldados, pero la mayoría no lo eran. Llevaban uniformes y fusiles, pero la mayoría eran reservistas que unas semanas antes trabajaban en las tiendas, las fábricas o en el campo. Se ponían las botas y tenían que marchar, por ejemplo, 600 kilómetros por toda Europa andando o con una pequeña ayuda de los caballos. Hay que estar un poco loco para creer que esto podía funcionar. Cuando los alemanes llegaron cerca de París, habían perdido más gente porque ya no podían ni andar que por las armas británicas o francesas.

La IGM parece ser un momento en el que los generales dominan sobre los políticos. La IIGM fue diferente.

La situación ideal es que los políticos estén al mando, pero que sean políticos que comprendan los asuntos militares. Raramente tienes un equilibro ideal. Los generales alemanes de la IIGM se fueron a la tumba diciendo que, si pudieran haber hecho la guerra a su manera sin las interferencias de Hitler, habrían ganado.

Lo que es cierto es que después de la IGM los políticos culparon a los generales en todas las naciones por haber fracasado, por haber provocado una matanza innecesaria. El mayor acusador fue el primer ministro británico, Lloyd George, que en sus memorias llamó bárbaros a esos militares.

Cuando las naciones ganan las guerras, hay una cierta sensación de triunfo. Como después vino la IIGM, ni siquiera entre los británicos existió ese sentimiento tras la IGM, y por eso los generales se llevaron todas las culpas. Mi opinión es que los generales de la IGM no eran grandes jefes militares. Pero estaban enfrentándose a fuerzas inmensas ante las que no tenían respuesta y fueron tratados injustamente. No fueron los generales los que comenzaron la guerra, con la posible excepción de los generales alemanes, fueron los políticos.

¿Necesitaba Alemania la guerra?

Una cosa que comento en el libro es la ironía que puedes apreciar en el hecho de que Alemania estaba en camino de dominar Europa, económica e industrialmente, sin disparar un tiro. Y la locura de que si Alemania hubiera seguido haciendo lo que hacía en el plano económico, iba a dominar Europa en 20 años, y nadie podría haberlo evitado. Pero el káiser y los generales sólo sabían medir la fuerza contando soldados.

Hay una regla en la guerra. Nunca subestimes al enemigo. En el libro escribe que el káiser pensaba que los franceses eran "una raza afeminada".

Muchas naciones tienen un punto de vista nacionalista en relación a las demás. Una de las ironías de la IIGM fue que Alemania intentó someter a Gran Bretaña con bombardeos, y después de que los alemanes fracasaran, los británicos intentaron exactamente lo mismo. Era una presunción racista creer que los alemanes iban a ser menos resistentes que los británicos. De la misma manera, muchas decisiones alemanas en ambas guerras se basaban en su desprecio cultural hacia los rusos.

¿Quién estaba al mando en Alemania?

Lo que era extraordinario en Alemania es que era el país más avanzado en Europa, económicamente y quizá culturalmente; por ejemplo, ya tenía un sistema de pensiones y de subsidios de desempleo, y al mismo tiempo seguía teniendo un Gobierno fanáticamente expansionista. En el libro cito al biógrafo de Bismarck, que escribió que Bismarck creó un sistema político que sólo podía funcionar con él en el poder.

Cuando tienes a un káiser que estaba no completamente loco pero sí parcialmente desequilibrado, el resultado podía ser un desastre. Había una mayoría socialista en el Parlamento pero sin poder real en los asuntos de guerra y paz. A la pregunta de quién tomó las decisiones sobre la entrada en guerra, hay que decir que fue el káiser. Incluso su canciller lo dijo así. Él y su ministro de Exteriores fueron los que concedieron el cheque en blanco a los austriacos.

Aunque no creo que ningún país tenga que asumir toda la culpa por lo que ocurrió, lo que me queda claro es que Alemania era la única potencia que podía impedir el conflicto en julio de 1914. Si hubieran dicho a los austriacos que se detuvieran (en la invasión de Serbia), habría sido el final. Y si quisiera defender el papel de Alemania, diría que las circunstancias de la Europa de ese tiempo iban a conducir a una guerra en algún momento en cuestión de unos años, pero si se reduce a la pregunta de por qué hubo una guerra en julio de 1914, Alemania es la única que podría haberla impedido.

Una de las cosas que me parecen más sorprendentes es el miedo que los generales alemanes sentían por Rusia. Moltke dijo en 1912 que necesitaban una guerra cuanto antes porque Rusia se haría más y más fuerte cada año.

El sentimiento dominante en Europa en esos años era el miedo. Todo el mundo tenía miedo de los demás. Los Habsburgo temían que su imperio sufriera un colapso. Los rusos temían a Alemania. Los alemanes temían a Rusia. Los franceses siempre habían temido a Alemania. Había un clima de miedo pero, desde luego, el tema ruso era de la máxima importancia.

A causa de la revolución de octubre, tendemos a pensar que Rusia era un gran imperio que estaba a punto de desmoronarse. Pero usted escribe que no era exactamente así.

Rusia estaba haciendo un inmenso progreso económico e industrial. En cierto modo, tenía el mismo problema que Alemania. El sistema de gobierno estaba muy por debajo del desarrollo conseguido. Si miras las estadísticas económicas en el comienzo del siglo XX, ves que todas estas cifras estaban experimentado una dramática subida en Rusia. Pero el sistema de gobierno era totalmente disfuncional.

¿Eran compatibles las exigencias de cada país en esa Europa?

Todos pensaban que tenían derecho a un imperio. El imperio ruso estaba encerrado dentro de sus fronteras. Los imperios francés y británico estaban muy lejos. Los alemanes no tenían ninguno. Está claro que Gran Bretaña no quería una guerra en 1914 porque ya lo tenía todo. Ahora mismo veo una situación similar a la de Alemania de entonces, y no sugiero que vaya a haber una guerra, con la frustración de China que se pregunta ¿por qué los norteamericanos creen tener derecho a dominar el Pacífico? Es lo que se preguntaban los alemanes en 1914. ¿Por qué los británicos creen que pueden controlar el sistema financiero o los mares?

Antes de la guerra hubo una movilización masiva de la izquierda contra la guerra. ¿Por qué no tuvo éxito?

Una vez que se produce el choque entre naciones, el nacionalismo se convierte en la fuerza más poderosa, más que el socialismo. Hay una cuestión interesante. Alemania tenía el partido socialista más poderoso de Europa. Si la guerra se hubiera retrasado unos tres años, quizá entonces los socialistas alemanes habrían tenido mucho más poder. Pero, como me dijo un historiador británico al que respeto mucho, no puedes cambiar los hechos. Una vez que cambias una variable, varios escenarios distintos se convierten en posibles.

La ocupación de Bélgica fue el factor básico que convenció a los británicos de ir a la guerra.

Hasta la invasión de Bélgica (exigida por el Plan Schlieffen), el sentimiento en Gran Bretaña era totalmente contrario a la guerra. En el Gobierno poca gente –Churchill y el ministro de Exteriores, Grey– pensaba que había que luchar con Francia. Rusia era el enemigo histórico de Gran Bretaña, y Serbia era considerada como un incordio en los Balcanes.

La opinión pública británica se oponía a luchar a favor de la causa rusa o serbia, pero ver al Ejército más poderoso de Europa aplastando a Bélgica cambió eso. Y creo que ese cambio fue correcto. Una vez que se produjo una guerra continental en Europa, los británicos no podían quedarse fuera. Si Gran Bretaña se hubiera mantenido neutral en esa guerra, habría tenido que luchar otra (contra Alemania) unos pocos años después.

¿Jugó algún papel la opinión pública?

Habría sido muy difícil que el Gobierno británico hubiera entrado en guerra sin la ocupación de Bélgica. La opinión pública estaba en contra, y también el partido liberal (en el poder). A pesar de que se dice que la competencia naval entre Gran Bretaña y Alemania había hecho crecer la tensión entre ambos, la élite dirigente británica sentía un inmenso respeto por Alemania. Había un gran rechazo al militarismo alemán, lo que se llamaba el militarismo prusiano, pero no un odio real. En general, los británicos siempre hemos respetado a Alemania, incluso en la IIGM. Claro que todos odiábamos a los nazis, pero siempre supimos, y he entrevistado a muchos veteranos de esa guerra, que el Ejército alemán era mejor que el nuestro.

¿Ocurre ahora lo mismo? ¿Los británicos continúan despreciando a Francia pero respetan a Alemania?

Sólo los estúpidos no respetan a Alemania. Siempre ha sido una nación formidable y eficaz. Y de ahí vienen las similitudes con el presente. Los alemanes siguen teniendo un problema fundamental. No estoy diciendo que los alemanes sean agresivos, pero Europa aún no tiene la respuesta al problema de convivir con una nación que es mucho más poderosa que cualquier otra. Y no estamos ahora más cerca de una solución de lo que lo estábamos en 1914.

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