Garrett Graff, historiador: “Los efectos dominó del 11-S explican el mundo de hoy”
Los casi 17 minutos que pasaron entre el impacto del primer avión contra la torre norte del World Trade Center y el del segundo contra la torre sur marcaron el final de una era y el comienzo de otra. El historiador Garrett Graff sostiene que en ese intervalo desapareció el “optimismo inocente” que definió la segunda mitad del siglo XX en su país, y que, 25 años después, vivimos en el mundo producto del miedo y la incertidumbre que se desencadenaron entonces.
El historiador lleva una década investigando el 11-S y sus consecuencias, que ha contado en charlas, pódcast, artículos y su libro publicado en 2019 y reeditado ahora, The Only Plane in the Sky. El único avión en el cielo“, el título se refiere al Air Force One en el que volaron durante horas, con poca información sobre el caos y la tragedia en tierra el presidente George W. Bush y miembros de su gabinete mientras todos los demás aviones habían recibido la orden de aterrizar o serían derribados.
El libro de Graff es la historia oral más completa de ese día a través de 500 testimonios entre los miles que examinó de supervivientes, víctimas, bomberos, policías, políticos y ciudadanos de a pie. Quería registrar lo que cree que se puede perder de aquellas horas: la crónica emocional, cruda, directa de cómo se vivió. Todavía hoy cuesta leer sin congoja la transcripción de las llamadas desde los aviones y desde las torres. Impresionan las despedidas en los contestadores y los relatos de las azafatas secuestradas, pero también la inconsciencia de los primeros momentos cuando nadie entendía lo que se avecinaba.
La primera alerta de los bomberos en Nueva York con el aviso del impacto del primer avión fue clasificada como “incidente 103”: no eran ni las nueve de la mañana, ya había habido un centenar de alertas antes en la ciudad, y todavía era inconcebible la dimensión de lo que estaba pasando. Fue el rato en que el entonces nuevo director del FBI, Robert Mueller, que estaba en una reunión sobre la investigación del atentado de Al Qaeda contra el portaviones USS Cole en 2000, miró por la ventana y preguntó: “¿Cómo es posible que el avión no viera la torre? Es un día tan despejado”. Ese rato en el que la megafonía de la Autoridad Portuaria, que gestionaba el World Trade Center, repetía por megafonía en la torre sur que sus ocupantes no estaban en peligro por “la situación” en el rascacielos gemelo.
Ese martes de septiembre, Graff era estudiante de la Universidad de Harvard y trabajaba en el periódico del campus. 25 años después, da charlas también a los más jóvenes para transmitir la experiencia más allá de los hechos conocidos. Incluso ese mundo más lento de reacción –las redes no existían e Internet era una fuente minoritaria de información– y menos polarizado es difícil de concebir hoy.
Graff es experto en seguridad nacional y ha documentado la historia reciente con libros exhaustivos sobre el Watergate, el FBI y el terrorismo, la búsqueda del Gobierno de EEUU de vida extraterrestre y el lanzamiento de la bomba atómica en la Segunda Guerra Mundial. Su próximo libro, America in 25 Revolutions, explica las revoluciones que han hecho posible Estados Unidos, sobre cuyo futuro todavía es optimista.
Esta es parte de nuestra conversación editada por claridad y extensión.
Considerando las guerras, la pandemia y el trauma vivido o más cercano a través de las redes, ¿es tan impactante el 11-S para quienes no habían nacido entonces o eran demasiado jóvenes como lo fue para quienes lo vivimos? ¿Éramos más inocentes hace 25 años?
En Estados Unidos, el 40% del país es demasiado joven para recordar el 11 de septiembre. No sé cuál es el porcentaje en España, pero probablemente sea similar. En muchas partes del mundo es incluso mayor. Para la generación que ha crecido a la sombra del mundo creado por el 11 de septiembre es difícil entender lo diferente e inocente que era Estados Unidos en 2001.
A los estadounidenses se nos da muy mal entender nuestra historia y nuestro lugar en el mundo. Existe una larga tradición en la política estadounidense de imaginar que Estados Unidos es excepcional y que no le afectan la historia ni las cosas malas que ocurren en el resto del mundo. Eso se vio muy claro el 11 de septiembre, cuando nos sorprendió ver a Al Qaeda atacarnos aquí, en nuestros símbolos más famosos de poder financiero y militar. En los 17 minutos entre el primer y el segundo impacto, muy poca gente imaginó que eso fuera un ataque: en esos 17 minutos perdimos la inocencia.
Para la generación que ha crecido a la sombra del mundo creado por el 11 de septiembre es difícil entender lo diferente e inocente que era Estados Unidos en 2001
¿Y después?
La falta de comprensión de las fuerzas de la historia fue una gran parte de todo lo que vino después. Estados Unidos se embarcó en la invasión de Irak en 2003 con una falta de entendimiento colosal sobre Oriente Medio, su historia y su política. 25 años después, se puede decir lo mismo sobre cómo Estados Unidos se ha embarcado en la guerra en Irán. La gente en el resto del mundo entiende mejor que la gente en Estados Unidos hasta qué punto todas estas son la misma historia del ataque del 11 de septiembre: la guerra en Irak y la guerra de hoy en Irán son consecuencias de los efectos del 11-S.
La guerra de hoy en Irán es consecuencia de los efectos del 11 de septiembre
¿El 11-S explica todo eso y lo que vivimos ahora?
Los efectos dominó del 11-S han sido tremendos. Y sí creo que explican el mundo de hoy, si miramos a las consecuencias de la guerra en Irak, cómo ayudó a la emergencia de Estado Islámico y sus efectos, la revolución en Siria y cómo eso desencadenó una crisis de refugiados en lugares como Grecia y Turquía, y a la vez eso ayudó al ascenso de la política de extrema derecha, también con nuevos partidos en Europa, y cómo contribuyó al Brexit...
En cuanto rascas, puedo argumentar cómo el 11-S cambió por completo casi cualquier aspecto de la política nacional e internacional.
Donald Trump es una creación de los sentimientos antimusulmanes y antiinmigrantes que cobraron importancia en la política republicana después del 11 de septiembre. Ser antimusulmán y antiinmigrante es una de las pocas posiciones políticas que Donald Trump ha mantenido de manera consistente en su carrera. En el contexto de la política interna, ya sean las redadas de ICE o el despliegue de la policía de frontera en las calles de Los Ángeles, Mineapólis y Chicago, o las restricciones a los estudiantes extranjeros en Estados Unidos: todo eso es consecuencia del impacto del 11-S.
El 11-S cambió por completo casi cualquier aspecto de la política nacional e internacional
En el libro de 2019 no hay ninguna mención a Trump en la historia oral de aquel día. Era un promotor inmobiliario entonces, pero también un personaje en Nueva York… ¿Estaba en los testimonios que examinó?
Sí, acabo de hacer un episodio extra para el pódcast Long Shadow, que hice en 2021 sobre las preguntas que quedan del 11-S. Él es una parte importante. De aquel día está la entrevista extraña que da a una cadena de televisión de Nueva Jersey esa tarde, donde habla sobre cómo su edificio es el más alto del bajo Manhattan después del colapso de las Torres Gemelas.
Lo cual no era cierto…
Ya. Luego esa misma tarde, da una charla sobre cómo reaccionaría al 11 de septiembre como presidente y cuál sería su enfoque hacia los musulmanes. En la campaña de 2015-2016, creó una controversia porque dijo que había musulmanes bailando en las calles de Jersey City celebrando los ataques, lo cual no sucedió. Fue parte de su campaña.
¿Hay preguntas que sigan sin respuesta o necesiten más investigación sobre los atentados?
Hay dos áreas en las que nunca hemos llegado al fondo del asunto. Una es la conexión saudí en los ataques del 11 de septiembre, y hasta qué punto miembros o empleados del Gobierno saudí ayudaron a los secuestradores o tenían conocimiento previo de los ataques.
Esas preguntas siguen vigentes, hay demandas judiciales en curso sobre la participación saudí. El Gobierno de Estados Unidos ha sido bastante reservado sobre la publicación de algunos de los documentos aún clasificados relacionados con eso.
Nunca hemos llegado al fondo del asunto sobre la conexión saudí y hasta qué punto miembros o empleados del Gobierno saudí ayudaron a los secuestradores o tenían conocimiento previo de los ataques
Hay otra pregunta que me interesa personalmente: no creo que hayamos llegado al fondo de la historia de qué sabía la CIA sobre dos de los secuestradores del 11-S que estaban en Estados Unidos antes del ataque. La CIA sabía que dos secuestradores, Nawaf al-Hazmi y Khalid al-Mihdhar, habían llegado a Estados Unidos. Esa información nunca llegó al FBI, y no se ha aclarado del todo qué hizo la CIA con ella.
¿Y sobre el vuelo 93 que se estrelló en Pensilvania? Tuvo mucha atención por la historia de la lucha de los pasajeros y la tripulación contra los terroristas y la orden del vicepresidente Cheney de abatir aviones secuestrados. ¿Hay algo por aclarar?
No. Tenemos una imagen bastante completa. En algunos aspectos, tenemos una mejor comprensión de lo que sucedió en el vuelo 93 de United Airlines que en otros vuelos secuestrados porque tenemos tanto extensas llamadas telefónicas desde ese avión como la grabación de voz de la cabina. Parece bastante claro que el objetivo era la Casa Blanca o el Capitolio, dependiendo de cuál fuera más accesible. La respuesta más probable es el Capitolio.
¿La sorpresa de lo que sucedió fue también la falta de imaginación de las autoridades? Es llamativo el detalle de que la primera reacción de Robert Mueller, el director del FBI, no fuera pensar en el terrorismo, sino preguntarse cómo un avión se podía haber estrellado contra un edificio en un día tan despejado.
Ahí se ve realmente lo inocente que era Estados Unidos. La reacción de los líderes de la nación ese día fue muy similar a la de los estadounidenses comunes: “Oh, un avión chocó contra el World Trade Center. Debe haber sido un avión pequeño, un accidente, quizás el piloto tuvo un ataque al corazón”. Hasta el segundo avión no hubo conciencia de que era un ataque.
Fue el momento en que Estados Unidos se dio cuenta de que no era intocable y que las cosas que pasaban en el resto del mundo también podían pasar aquí.
La reacción de los líderes de la nación ese día fue muy similar a la de los estadounidenses comunes... Hasta el segundo avión no había conciencia de que era un ataque.
Es extraordinario ver desde los ojos de 2026 que ese día había un ejercicio militar simulando un ataque nuclear ruso.
Sí, ayuda a subrayar cuán diferente era nuestra visión del mundo. El Gobierno de Estados Unidos pensaba que en ese momento su amenaza más seria era Rusia.
¿Qué le gustaría que entendieran los más jóvenes sobre ese día y sus consecuencias?
Esto tiene mucho que ver con por qué escribí mi libro como una historia oral. El poder de la historia oral es intentar asegurar que las personas que no vivieron el 11 de septiembre entiendan qué se sintió al vivirlo.
Contamos la historia de que los ataques comienzan a las 8:46 de la mañana y todo termina 102 minutos después. Hay cuatro aviones, cuatro ataques, 3.000 muertos. Todo eso es fácticamente preciso, pero no es una representación de lo que fue vivir el 11 de septiembre.
Volviendo a esos 17 minutos, los estadounidenses no sabían cuándo habían empezado los ataques ni cuándo habían terminado. No supimos durante la mayor parte del día cuántos ataques había habido. Durante casi toda la mañana hubo informaciones sobre un coche bomba en el Departamento de Estado. El Gobierno de Estados Unidos creyó hasta la 1:00 de la tarde que todavía había una docena de vuelos secuestrados en el cielo. No había sensación de que los ataques se limitaran a Nueva York, Washington y Pensilvania. Tenías rascacielos evacuados en todo Estados Unidos, Disney World, cerrado en Florida, el metro de Toronto cerrado en Canadá. Dondequiera que estuvieras sentías que el terrorismo podía alcanzarte.
Mi historia intenta recordar a la gente cómo se sintió, porque si solo conoces los hechos del 11-S, te pierdes la reacción emocional, el miedo, el caos, la confusión y el trauma. Ese miedo, caos, confusión y trauma, junto con la incertidumbre, explican por qué Estados Unidos reacciona como lo hace. No puedes entender la invasión de Irak sin entender ese sentido de miedo, trauma e incertidumbre.
¿Hay alguna historia en la que siga pensando?
Hay muchas. Siempre cuento la historia de Peter Johansen, uno de los capitanes de los ferris de Nueva York. Él y los pasajeros vieron ese primer impacto desde el puerto de Nueva York mientras cruzaban desde Nueva Jersey, y luego atracaron en la terminal de Wall Street, en la punta del sur Manhattan. Había papeles y escombros flotando a su alrededor mientras bajaban del ferry. Y, sin embargo, todos bajaron y caminaron hacia la zona. Nadie dijo en ese momento: “Parece que algo terrible está pasando, debería dar la vuelta e irme a casa”. Todos estaban pensando que iban a seguir con su día, incluso ahí mismo en el sur de Manhattan.
¿Las historias orales, con una forma cruda y emocional de contar la historia, tienen un valor especial en estos tiempos donde es tan difícil tener un consenso básico sobre los hechos?
Pienso mucho en cuán diferente sería hoy si experimentáramos una crisis o catástrofe similar. Hubo un período de gran unidad y patriotismo después del 11 de septiembre.
El lanzamiento de George W. Bush en el tercer juego de la final del campeonato de beisbol en el estadio de los Yankees siempre ha sido un momento icónico de patriotismo y unidad en Estados Unidos. Es completamente impensable imaginar que eso sucedería hoy. Estamos más polarizados, pero también el flujo de conspiraciones y desinformación desde los primeros minutos del ataque sería inabarcable: si el 11-S sucediera hoy, estaríamos instantáneamente abrumados por la desinformación.
Si el 11-S sucediera hoy, estaríamos instantáneamente abrumados por la desinformación
Su próximo libro, que se publica en noviembre, es sobre cómo Estados Unidos ha mejorado a lo largo de sus 250 años de historia. ¿Así que todavía es optimista?
Creo que sí. Estados Unidos tiene capítulos oscuros, a veces largos capítulos oscuros, pero cuando lo mides no a través de años, sino a través de generaciones, es un país que siempre se ha esforzado por ser mejor, más fuerte, más justo y más igualitario en casa. No quiere decir que lo hayamos hecho todo bien, pero desde luego es un momento donde los estadounidenses necesitan esperanza y optimismo.
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