De las posibles alianzas a la abstención: qué puede pasar en la segunda vuelta de Brasil tras la victoria de Flávio Bolsonaro
La izquierda brasileña todavía está intentando digerir el triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, así como el tsunami del Partido Liberal (PL) y los aliados del bolsonarismo en las elecciones regionales y legislativas. Flávio consiguió 2.224.965 votos más que Luiz Inácio Lula da Silva (1,87 puntos porcentuales de diferencia). La extrema derecha avanza en el Senado. Lula pinchó ligeramente en su gran bastión, el noreste. Pero el progresismo mantiene su peso en el Congreso y una nueva generación de diputados a la izquierda de Lula entra en la cámara.
¿Ahora qué?
¿Es posible que el aspirante progresista gane en la segunda vuelta si los principales candidatos eliminados (el 7,58% de los votos) se inclinan a la derecha? “No creo que estas elecciones estén ya perdidas. En 2022, Lula pasó al segundo turno con cinco puntos de diferencia. Ahora, con menos de dos puntos es más fácil para Lula”, ha asegurado Celso Rocha de Barros, analista político del Foro de Teresina, uno de los pódcast políticos más influyentes de Brasil. Felipe Nunes, director de la encuestadora Quaest, tiene claro que Flávio Bolsonaro es el favorito y que Lula tendrá que formar un frente amplio. Sin embargo, de cara al duelo final el 25 de octubre, los números podrían no ser tan favorables para Flávio Bolsonaro como parece a primera vista.
Las alianzas de la segunda vuelta serán fundamentales para definir al próximo presidente de Brasil. A pesar de que el 7,58% de los votos de Augusto Cury (Avante, centro), Ronaldo Caiado (Partido Social Democrático, conservador), Romeu Zema (Partido Novo, liberal) y Renan Santos (Missão, extrema derecha) tiende a la derecha, Flávio Bolsonaro no tiene garantizados sus votos. La encuesta de Medio/Ideia reveló que el 55,6% de los votantes de Cury votaría a Lula, frente a un 27,8% que apoyaría a Flávio. El resto sería voto en blanco, nulo o abstención. Por otro lado, apenas un 26,4% de los votantes de Caiado votarían al heredero de Bolsonaro. Su partido es aliado de Lula. El candidato extrema derechista Renan Santos crítica fieramente a Flávio Bolsonaro y ha manifestado que no pedirá el voto para él. Por su parte, Romeu Zema, que en 2022 se convirtió en aliado de Jair Bolsonaro en la segunda vuelta, se ha quedado en la irrelevancia.
El pastel de los abstencionistas
La gran clave de la segunda vuelta está en la bolsa gigante de abstencionistas en un país en el que es obligatorio votar: más de 33 millones, el 21% del electorado. El hecho que más beneficia a Lula es el rechazo de muchos brasileños a Flávio Bolsonaro: en algunas encuestas llega al 56%. La fuerte campaña de miedo al candidato bolsonarista que ya está en marcha puede movilizar a abstencionistas e incluso hacer que algún votante del aspirante ultraderechista se quede en casa. Está por ver si se publican nuevos escándalos: Pedro Rousseff, sobrino nieto de la expresidenta Dilma Rousseff, nuevo diputado por Minas Gerais, anunció hace unos días que la campaña de Lula tiene material altamente comprometedor contra Flávio Bolsonaro.
Congreso y Senado
Con 29 senadores, el PL se convierte en el mayor partido de una cámara ampliamente controlada por la derecha. Sin embargo, no será fácil activar procesos de impeachment contra el juez del Supremo, como solicita Flávio Bolsonaro. Apenas 49 senadores son favorables a la medida, cinco por debajo del mínimo. La cámara alta suele tener un comportamiento más moderado que el Congreso, como ocurrió con el juicio político de la presidenta Dilma Rousseff.
Para el progresismo, la fotografía del Congreso, compuesta por 513 escaños, no es tan mala. Los seis partidos de izquierda suman 118 diputados, uno más que en 2022. Si se añade en el cálculo a Avante y el Partido Verde (PV), centro levemente escorado a la izquierda con influyentes diputados progresistas, la suma alcanza 129 (mismo número que en 2022). La diferencia reside en que los partidos del centrão, inclinados a la derecha, han perdido algunos diputados, mientras que el PL gana fuerza (120). La alianza de Lula con el centrão pierde fuerza.
Antizquierdismo
El triunfo de Flávio Bolsonaro no es sinónimo de un triunfo de la extrema derecha –no existe un 50% de fascistas en Brasil–. El antipetismo y el antilulismo, alimentados con ayuda de los grandes medios entre 2015 y 2018, están en el epicentro del triunfo del bolsonarismo. Durante el gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022), con ayuda del ecosistema de la internacional ultra, la narrativa se consolidó como un antizquierdismo furioso. Una parte importante de los votantes de Flávio Bolsonaro no se consideran bolsonaristas. La campaña de Lula tiene el desafío de tender la mano y buscar el voto entre quienes no se consideran izquierdistas y no tienen simpatía por Flávio Bolsonaro. La estrategia de Flávio para la segunda vuelta ya se ha definido: el antipetismo (contra el Partido de los Trabajadores, PT, la formación del presidente) será su combustible.
El vigor de la extrema derecha en las urnas es incuestionable. Su fuerza se desinfló en las calles tras la prisión de Jair Bolsonaro y perdió la hegemonía de la narrativa oficial de la derrota del bolsonarismo en 2022. Sin embargo, la extrema derecha continúa cohesionada alrededor de sus líderes, mártires caídos y pautas. El sociólogo Marcos Nobre alertaba unas semanas antes de las elecciones de que la extrema derecha cuenta con un poderosísimo partido digital que actúa antes, durante y después de las elecciones. El politólogo Miguel Lago alerta de que los resultados se deben a que, desde 2018, existe una “revolución” conservadora en curso en el país. Las encuestas acertaron el voto de Lula pero subestimaron el apoyo a Flávio Bolsonaro, un voto que prefiere quedarse dentro del armario.
Políticos influencers
La extrema derecha ha sido extremadamente exitosa a la hora de abrir las puertas a un nuevo tipo de político joven que es, básicamente, influencer en redes sociales. Nikolas Ferreira, del Partido Liberal (PL), que se convirtió en legislador en 2018, se ha alzado con 3.119.314 votos en Minas Gerais y ya es el diputado más votado de la historia. Ferreira, al que Lula definió durante la campaña como “un imbécil”, ha tenido más votos que el candidato a gobernador del PT en Minas Gerais, Patrus Ananias. El apoyo del político del PL en lives y posts en redes sociales ayudó a elegir diputados ultras en todo Brasil. Con el cable de Ferreira, Lucas Pavanato (del PL) también superó los tres millones de votos en São Paulo. Otros jóvenes influencers como el radical Kim Kataguiri consiguieron su asiento en el congreso. Particularmente, por el nuevo partido Missão, una versión kids del bolsonarismo.
El clan Bolsonaro
El reinado de la familia Bolsonaro sigue creciendo. Los triunfos de la ex primera dama Michelle Bolsonaro (senadora), Jair Renan Bolsonaro (hijo de Jair, diputado), Carlos Bolsonaro (senador) y Renato Bolsonaro (hermano de Jair, diputado) muestran la fuerza creciente del clan Bolsonaro. Carlos Bolsonaro fue el responsable del denominado “gabinete del odio”, que operó dentro del Gobierno de Jair Bolsonaro para diseminar desinformación de forma industrial, usando dinero público. Su presencia en el Senado, donde tendrá acceso a recursos millonarios, es clave para el bolsonarismo. El resultado de Michelle Bolsonaro ha sido histórico: consigue 938.496 votos (el 29% del Distrito Federal). Su mandato, que se extiende hasta 2034, será un balón de oxígeno para el evangelismo más radical.
Falta de renovación del PT
Mientras la extrema derecha abre la puerta a jóvenes desconocidos que no vienen de la política tradicional, el PT sigue aferrado a sus vacas sagradas y ha naufragado. Políticos de larguísima trayectoria en el partido han fracasado estrepitosamente: Patrus Ananias como candidato al gobierno de Minas Gerais, Zé Dirceu (uno de los fundadores del PT) como candidato a diputado y Gleisi Hoffman (presidenta del PT durante años) al Senado. Dos semanas antes de las elecciones, un político importante en la historia del PT explicó a este medio cómo el partido vetó nombres de gente joven potente que acabó haciendo su carrera en otros lugares.
Por el contrario, la renovación a la izquierda del PT da sus frutos en el Partido Socialismo y Liberdad (PSOL), que capitaliza la nueva política. Rick Azevedo, el antiguo trabajador de una farmacia que encendió el debate del fin de la escala 6x1 (trabajar seis días a la semana), ha sido el segundo diputado más votado en Río de Janeiro, por delante de todos los nombres históricos del PT. La activista trans Erika Hilton, abanderada de la lucha contra el 6x1, ha sido la segunda diputada más votada de São Paulo. Aunque se ha quedado por debajo del 5% de la cláusula de partidos para tener grupo propio, el PSOL consigue el acta de diputado para figuras outsiders como Renato Freitas y Jones Manuel, referentes de la lucha antirracista.
La sucesión
Lula ha repetido su candidatura de 2022, con Geraldo Alckmin como candidato a vicepresidente. Gobernar y usar la misma fórmula para el intento de reelección transformó a Lula en sinónimo de sistema. A pesar de que Flávio Bolsonaro lleva décadas en la política profesional, consigue capturar el sentimiento contra el sistema. El movimiento de André Mendonça, ministro bolsonarista del Supremo Tribunal Federal (STF), que denunció posible corrupción de su colega Alexandre de Moraes, responsable del encarcelamiento de Jair Bolsonaro, fue clave. El electorado identificó al Supremo con Lula y el voto fue de castigo. Rescatar el pasado del candidato progresista, su papel contra la dictadura, en el inicio de la campaña, fue una buena idea, pero insuficiente. Lula aspira a su cuarto mandato. Para los más jóvenes que eran niños en sus primeros mandatos, siempre ha sido el sistema
Si bien Lula es mitificado por la mitad de Brasil, es odiado por la otra mitad. No emociona a las nuevas generaciones. La desaprobación del Gobierno supera a su aprobación, a pesar de los buenos datos macroeconómicos. Y el rechazo a la figura de Lula se acerca el 50% en la mayoría de las encuestas. Gane o no la segunda vuelta presidencial, muchos consideran que ha llegado la hora del debate de la sucesión del líder brasileño.
Voto evangélico
Flávio ha crecido en las ciudades más evangélicas y Lula cae en las más católicas. La polémica en torno a la Virgen de Aparecida y su condición de patrona puede haber empujado al ala radical (iglesias pentecostales) hacia Flávio. El bolsonarismo arrasó en los estados más evangélicos: la mayoría de la Amazonia y en Río de Janeiro. La periodista Thais Bernardes, directora del Instituto Orire, lanza una dura autocrítica: “Cuando transformamos a millones de evangélicos brasileños en una caricatura de gente ignorante, manipulada o atrasada, no estamos combatiendo el fundamentalismo”. El Frente Evangélico progresista que Lula creó en la campaña de 2022 puede ser clave en la segunda vuelta. El PT debe calibrar bien si vale pena seguir aireando la guerra santa (el 12 de octubre es el día de la Virgen de Aparecida).
Seguridad
La cuestión de la seguridad ha sido central en el resultado electoral. La reelección en primera vuelta del gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, defensor de la mano dura, es prueba de ello. Todos los senadores ultras elegidos en São Paulo y Río de Janeiro, que arrebataron por sorpresa el puesto a nombres de peso de la izquierda, apelan a la seguridad. También en la región sur y en el DF. La definición de los comandos de traficantes brasileños como terroristas por parte de Donald Trump ha ayudado a los candidatos de extrema derecha, pese a las políticas públicas de Lula contra las facciones criminales y a que la liberación de armas durante el Gobierno de Jair Bolsonaro reforzó al crimen organizado.
Interferencia de Trump
La campaña brasileña ha estado marcada por las múltiples interferencias de Donald Trump. A pesar de que Lula ha citado durante la campaña el riesgo de que el triunfo de Flávio Bolsonaro signifique entregar el país a Estados Unidos, el presidente brasileño ha medido mucho sus palabras. No transformó el pleito en una disputa contra Donald Trump. En la segunda vuelta, Lula puede jugar esa carta, aunque eso podría provocar una mayor intervención de Estados Unidos. Las muchas interferencias de la plataforma Meta en contra de la izquierda han encendido todas las alarmas. Un estudio del NetLab, laboratorio de investigaciones de internet y redes sociales de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) reveló que el 68,1% de la publicidad de Meta analizado entre 16 de agosto y 16 de septiembre atacaba instituciones o levantaba sospechas sobre el proceso electoral.
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