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OPINIÓN

En las Islas Feroe ya no hay coronavirus y la clave del éxito ha sido la confianza en las instituciones públicas y los medios

Primer ministro de las Islas Feroe
Sandavágur, pueblo en Vágar, Islas Feroe.

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  • Este 26 de febrero, las Islas Feroe quedaron oficialmente libres de la COVID-19. Desde julio de 2020 el archipiélago (territorio autónomo dentro de Dinamarca) experimentó tres oleadas del virus y en todas las ocasiones el número de casos disminuyó rápidamente. Al principio parecía suerte. Ahora parece más el resultado de una buena estrategia.

¿Cómo lo conseguimos? En algunos aspectos, nuestra reacción a la COVID-19 siguió la misma hoja de ruta que la de otros países: pruebas, rastreos de contactos, confinamientos, campañas de salud pública y una reorganización de nuestros servicios sanitarios. Pero en otros aspectos, nuestro enfoque ha sido único. A diferencia de la mayoría de los gobiernos, desde el principio decidimos que influiríamos en el comportamiento de nuestros ciudadanos con recomendaciones antes que con leyes.

La confianza genera confianza, o al menos así fue para nosotros. Estamos convencidos de que limitar a nuestros ciudadanos con leyes en vez de orientarlos con recomendaciones nos habría dejado peor de lo que estamos ahora.

Pero esta estrategia basada en la confianza no es el único motivo por el que hemos conseguido eliminar la COVID-19. Durante la primavera y el verano, nuestra gestión de la pandemia fue única por la escala y eficacia de la capacidad de hacer tests. El año pasado, las Islas Feroe lograron la mayor tasa de tests per cápita del mundo. Llegamos a hacer pruebas hasta a 1.000 personas por día (el 2% de la población total, teniendo en cuenta que la población de las Feroe es de poco más de 50.000 personas). En junio, exigimos que todos los viajeros se hicieran la prueba en el aeropuerto el día en que llegaban y recomendamos que se hicieran un segundo test seis días después.

La capacidad de pruebas no sale de la nada. Nuestro sector industrial nos ha dado una gran ventaja. El salmón de piscifactoría es un sector clave en las Islas Feroe y en varias ocasiones los criadores se han enfrentado la enfermedad del salmón, que ha provocado derrumbes en el sector. Por ello, las autoridades veterinarias construyeron la infraestructura necesaria para desplegar rápidamente pruebas de detección de enfermedades del salmón en caso de emergencia.

Cuando se desató la pandemia del coronavirus, las autoridades veterinarias de las Feroe propusieron reconvertir esos laboratorios de pruebas veterinarias para hacer pruebas de COVID-19 en humanos. La colaboración entre laboratorios privados y el sistema de salud pública permitió a las Islas Feroe aumentar la capacidad de análisis hasta abarcar entre un 5% y un 7% de la población al día en agosto, combinado con rastreo de contactos y medidas de aislamiento.

Colaboración, geografía y confianza en el gobierno: las claves del éxito

Nuestra historia de erradicación de la COVID-19 tiene que ver con la destreza para trabajar juntas durante la pandemia que desarrollaron personas y organizaciones sin experiencias previas de colaboración.

Por supuesto, también han influido otros factores. La geografía importa: a las Islas Feroe solo se llega por mar y por aire, lo que facilita la gestión de posibles casos de COVID-19 entre los viajeros recién llegados. La mayoría de la gente no usa autobuses ni trenes para ir al trabajo sino coches particulares, lo que baja la probabilidad del contagio por desplazamientos.

Además, nuestra población es mucho más pequeña que la de muchos otros países y el nivel general de confianza es alto. Según una encuesta de mayo del año pasado de la Universidad de las Islas Feroe, la mayoría de los habitantes tiene un nivel elevado de confianza en el gobierno, en el primer ministro, en los medios de comunicación de las islas, en su ayuntamiento, en el jefe de policía, en las autoridades sanitarias y en las voces expertas y, por último, en el pueblo feroés de manera general.

Esto es una buena noticia para la gestión de la enfermedad. La confianza en las instituciones políticas, en los medios de comunicación y entre los ciudadanos, hace más sencilla cualquier gestión, también la de una pandemia.

Por lo general, en las sociedades pequeñas hay más vigilancia informal y los habitantes suelen tener un fuerte sentido de la disciplina. La evidencia anecdótica también indica que el “panóptico rural” de las Islas Feroe (el término académico para el control social en las pequeñas sociedades rurales) ha permitido pruebas más exhaustivas, mejor eficacia en el seguimiento y localización, y una mayor conformidad del público con las medidas de cuarentena, higiene y distanciamiento físico.

Por sí solos, los tests no bastan. Muchos de los países con mejores tasas de pruebas figuran también entre los que sufren más casos de COVID-19. Los tests solo funcionan cuando se combinan con medidas como el rastreo eficaz de contactos y el aislamiento.

De forma más general, el éxito de la estrategia COVID-19 de un país depende de su geografía y circunstancias sociales.

¿La relativamente exitosa experiencia que hasta ahora hemos tenido con la COVID-19 se debe a la suerte o a la capacidad? La respuesta es un poco de las dos.

Traducido por Francisco de Zárate

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