Israel mata a familias enteras y deja ciudades desiertas en Líbano: “Esta guerra es más dura”
La del lunes era una comida especial para Batoul Hamdan y sus hijos, Fátima y Jihad, de siete meses y tres años, respectivamente. Después de pasar la última semana del Ramadán bajo los estruendos de las bombas israelíes en su casa de Arab Salim, Batoul había decidido regresar a Al-Nimiriya, la tranquila localidad libanesa donde creció, para celebrar la comida vespertina de fin de Ramadán, el tradicional iftar, junto a sus padres y hermanos en el hogar familiar.
Acababan de terminar de comer cuando cayó la bomba. El ataque israelí derrumbó el edificio de dos plantas y terminó con la vida de los ocho miembros de la familia Hamdan. Murieron los abuelos, Ahmad y Najib. Murieron los hijos, entre los que figuraba Batoul. Y murieron los nietos, Fátima y Jihad. Tres generaciones aniquiladas en un instante.
El pasado jueves solo quedaban pedazos de hormigón y barras de acero retorcidas del hogar de la familia Hamdan. Desperdigados por el suelo debido a la fuerza de la explosión, los fragmentos de sus vidas: un certificado de logros escolares de los niños, cubiertos en los cajones del armario, monederos deshilachados...
“No hubo ningún aviso antes del ataque; cuando ocurrió, mis dos hijos empezaron a llorar, los cogí en brazos y empecé a correr para alejarme de la explosión”, dice frente a los escombros Qassem Ayoub, vecino y agente de policía en Al-Nimiriya. “¿Por qué los atacaron? Yo no lo sé, pregúntaselo a los israelíes”.
El número de muertos aumenta rápido
Como Batoul y como su familia, cerca de 900 libaneses han perdido la vida desde el 2 de marzo durante la última campaña israelí en el país. Más de 100 son niños. Un listado cada vez mayor de familias aniquiladas por completo tras bombardeos israelíes. El número de víctimas mortales aumenta más rápidamente en este conflicto que en ninguna otra guerra en Líbano.
En tan solo cinco horas, 41 personas murieron el 7 de marzo por los bombardeos israelíes en Al-Nabi Shayth, en el valle de la Becá. El 8 de marzo, 18 personas fallecieron en una sola noche en la localidad de Sir el-Gharbiyeh. Un ritmo de muertes que ha conmocionado a los libaneses, incapaces de seguir la cuenta. En relación con la población, es como si en Reino Unido 9.236 personas hubieran muerto asesinadas en 11 días; o 45.600 personas, si se lleva la proporción a la población de Estados Unidos.
La guerra comenzó el 2 de marzo cuando Hezbolá lanzó cohetes contra Israel, lo que llevó a Israel a lanzar una campaña en todo Líbano. El conflicto se está intensificando muy rápidamente y ya ha superado los parámetros de la guerra de 13 meses que Israel y Hezbolá libraron en 2023-2024. En lo que va de mes, Israel ha provocado el desplazamiento forzoso de aproximadamente un millón de personas en amplias zonas del país, y ha bombardeado dentro de Beirut, la capital.
El ataque contra Al-Nimiriya expulsó del pueblo a casi todos los residentes. Entre los que se quedaron figuran Ayoub, el alcalde Ali Farhat, y sus adjuntos. También, los trabajadores de ambulancias, sentados en sillas de plástico hasta que el sonido de los bombardeos les hace correr hacia sus vehículos.
Ciudad fantasma
A poca distancia en coche, los bombardeos israelíes han convertido en una ciudad fantasma a Nabatieh, donde normalmente viven unas 90.000 personas. El crujir del cristal roto bajo los pies suena anormalmente fuerte en calles desérticas donde también se escucha el zumbido inquietante de un dron a baja altura.
“Probablemente solo queden unas 150 familias aquí, el resto se ha marchado”, dice el abogado Ali Hariri, que también trabaja como socorrista y es subdirector de la organización humanitaria Beit al-Talaba.
Por supuesto, nos preocupa que entren los tanques; se habla de invasión, tal vez los israelíes lleguen hasta Nabatieh, ¿quién sabe? En 1982 llegaron hasta Beirut
A bordo de una ambulancia roja destartalada, Hariri y su compañero socorrista Abbas Fahad hacen un recorrido por la ciudad para ver cómo están las personas que se han quedado. Hariri va enumerando el número de víctimas a medida que pasaban por los lugares de bombardeo. Un bloque de apartamentos de cuatro plantas dejó cuatro muertos, dice mientras observa el cráter en el lugar donde antes se alzaba la edificación. En otra zona bombardeada, su compañero Fahad recoge del suelo un álbum de fotos. “¡Yo hice estas fotos de boda! Son de Ahmad”, dice.
“Por supuesto, nos preocupa que entren los tanques; se habla de invasión, tal vez los israelíes lleguen hasta Nabatieh, ¿quién sabe? En 1982 llegaron hasta Beirut”, dice Hariri. Este lunes, Israel ha anunciado el inicio de una operación terrestre en el sur de Líbano.
Unos días antes de hablar con The Guardian, Hariri había salido ileso de un bombardeo israelí que arrasó con el edificio justo detrás del de su organización humanitaria, provocando daños en sus instalaciones médicas. “Pero no nos iremos, el destino de nuestra organización es ayudar a la gente, así que tenemos que quedarnos”, dice.
Suena el rugido de un avión de combate y Hariri mira hacia arriba. “Tendrías que irte ya, el dron se ha ido y vienen los aviones, significa que han encontrado un objetivo al que atacar”, dice mientras sube a la ambulancia.
Una hora más tarde, Israel emite la orden de evacuación para una extensa franja del sur del Líbano que incluía a Nabatieh. Las personas que viven hasta a 40 kilómetros de la frontera de Israel tendrán que desplazarse hacia el norte, informa el Ejército israelí, antes de comenzar con sus ataques contra Hezbolá. En la noche del miércoles, Hezbolá había lanzado su mayor salva de cohetes hasta la fecha contra Israel, hiriendo a dos personas.
“Al menos la última vez avisaban antes de atacar”
Según los analistas, la orden de evacuación se emitió para que Israel pudiera combatir a Hezbolá tras una semana enfrentándose sobre el terreno en el sur del Líbano. Las fuerzas israelíes han ido aislando al sur de Líbano del resto del país de manera progresiva, bombardeando y derribando el viernes un puente sobre el río Litani.
Las organizaciones de derechos humanos consideran que la orden de evacuación emitida por Israel es ilegal y equivale a desplazamiento forzoso. A juzgar por los miles de coches que en seguida colapsaron las autopistas en dirección norte, la gente se la tomó en serio.
El carpintero Riyadh al-Lattah, de 57 años, padre de cinco hijos, acató la semana pasada la orden de evacuación y abandonó su hogar en un barrio periférico del sur de Beirut, dejando abiertas puertas y ventanas para que no se rompieran por la fuerza de los bombardeos cercanos.
En la madrugada del jueves ya vivía en una tienda junto a su familia cuando, a 15 metros de donde él estaba, la acera explotó. Gritó a sus hijos que no salieran de la tienda de campaña mientras frente a él un hombre se retorcía, agarrándose los muñones. Sus piernas yacían un poco más lejos sobre la acera. Momentos después, un segundo ataque de drones israelíes terminó de matar a ese hombre y a otras 11 personas.
“Esta guerra es más dura, porque al menos la última vez te avisaban antes de atacar; ahora es aleatorio”, dice Al-Lattah fumando narguile junto a su tienda, frente a la carretera costera. Ahora vive en el barrio de Ramlet al-Baida, en el centro de Beirut. La arena junto al paseo marítimo aún está manchada de rojo por la sangre. “Pero supongo que me quedaré aquí, mi casa sigue en zona bajo orden de evacuación”.
El alcalde de Al-Nimiriya, Ali Farhat, muestra a The Guardian una captura de pantalla con mensajes enviados por Batoul Hamdan a una amiga antes de morir. Estaba claro que no quería dormir en la calle. “Llamé a muchos números, pero no hay ningún sitio adonde ir, no quiero estar en la calle”, decía uno de esos mensajes de Batoul. “Prefiero quedarme y morir en mi casa”.
Traducción de Francisco de Zárate.
2