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The Guardian en español

El príncipe Andrés, apartado de la vida pública por el escándalo de abusos sexuales

Las portadas de los periódicos de Reino Unido con el príncipe Andrés, el 16 de febrero.

Caroline Davies

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El precio que el príncipe Andrés va a pagar por terminar con la demanda civil de Virginia Giuffre –la mujer que lo denunció por abuso sexual siendo ella menor de edad– va a ser mucho más que los millones de euros que se dice que ha tenido que desembolsar.

Este sábado cumplió 62 años en un día que tal vez sea un anticipo de su nuevo futuro sin alfombras rojas ni la pompa monárquica que lleva disfrutando desde su nacimiento. “Ha sido apartado de la realeza y ahora va a tener que vivir una vida privada discreta. Cualquier insinuación de que podría volver a la vida pública es un delirio”, dice Robert Lacey, historiador especializado en la familia real británica.

Elogiado por el papel que tuvo durante la Guerra de las Malvinas, el que en su día fue conocido como el 'príncipe playboy' formaba parte de la jet set internacional. Las fotografías en las que aparecía a bordo de lujosos yates y rodeado de mujeres le valieron el mote de 'Randy Andy' (Andy el libidinoso).

Como embajador itinerante de la marca Reino Unido, cambió ese mote por el de 'Air Miles Andy' (Andy millas aéreas) cuando las cuentas de la familia real revelaron su vida de viajes en primera clase, aviones privados y traslados en helicóptero hasta los campos de golf.

Relaciones polémicas

Sus relaciones con figuras extranjeras polémicas –entre ellos políticos de Azerbaiyán, Kazajistán, Túnez, Libia y Turkmenistán– también han suscitado preocupación.

Su conexión con Timur Kulibayev fue objeto de escrutinio, cuando el yerno del entonces presidente de Kazajistán compró la casa del príncipe Andrés en Sunninghill Park por tres millones de libras esterlinas más de su precio de venta, de 12 millones, en 2007. Un portavoz de Kulibayev dijo que se trataba de una “transacción comercial, en condiciones de igualdad”, con fondos “totalmente legítimos”.

Simon Wilson, que entre 2001 y 2005 fue vicedirector de la misión británica en Bahréin, escribió en el periódico The Daily Mail que “entre la comunidad diplomática británica en el Golfo [el príncipe Andrés] era más conocido como SAB: Su Alteza Bufona”.

“El problema han sido sus decisiones y sus amistades”, dice Lacey. “El precio va a ser la oscuridad total. Si se busca un paralelismo fuera de la familia real, John Profumo [ministro de Guerra británico en los años 60], que en la época del escándalo sexual del caso Profumo cayó en la más absoluta desgracia. Acabó por redimirse ante sus propios ojos, ante los de sus amigos y, a su debido tiempo, ante los del mundo, haciendo trabajo de beneficencia de una forma totalmente privada y silenciosa”.

La distinción entre familia e institución

“Es un reto existencial para Andrés, va a tener que reinventarse”, dice el historiador. “El problema con el príncipe Andrés es que esto es un recordatorio terrible de la distinción que debe haber entre la familia y la institución, un recordatorio de que, en última instancia, la institución es más importante que la familia y que la familia solo está custodiando la institución”.

Es posible que el príncipe Andrés asista en unas semanas al servicio para honrar la memoria de su padre, el duque de Edimburgo, que falleció en abril del año pasado. Según Lacey, “tiene derecho como miembro de la familia y la familia tiene el deber de aceptarlo en las ocasiones familiares”. “La dificultad para la familia real es que esas ocasiones son públicas”.

Andrés siempre ha negado las acusaciones de Giuffre. En el acuerdo extrajudicial no las rechaza ni las admite.

Lacey ve poco probable que Andrés aparezca en el balcón del Palacio de Buckingham durante el Jubileo de Platino de la reina Isabel II. “Esa es una ocasión en que la institución pesa más que la familia”.

La opinión sobre Andrés de Joe Little, director de la revista sobre la realeza Majesty, es que “ahora hará lo que lleva haciendo los últimos dos años, aparentemente no mucho, y desde luego no en público”. “De vez en cuando le veíamos cabalgando por los terrenos del castillo de Windsor y entrando y saliendo de [la residencia] Royal Lodge, y eso era todo”.

El objetivo de la equitación era mejorar su papel como coronel de la Guardia de Granaderos, un cargo que también ha perdido, para participar en el desfile tradicional por el cumpleaños de la reina Trooping The Colour. “Está claro que ya no le va a hacer falta”, dice Little.

El golf siempre ha sido la pasión de Andrés. Fue capitán del club de golf Royal and Ancient pero también se ha visto obligado a dejar de ser miembro del mismo. “Puede seguir jugando al golf, pero a título privado”, dice Little. “En el Castillo de Windsor hay un campo de golf así que podría hacerlo con toda la intimidad. Pero ahora mismo no es más que un pasatiempo para él. Antes tenía un significado mayor. Gracias a sus cargos viajaba por todo el país utilizando los distintos campos de golf”.

“Ya no lo quieren”

Little también opina sobre la promesa de Andrés de trabajar por proteger los derechos de las víctimas. “¿Cómo se materializará esa promesa? ¿Se vinculará a una organización benéfica con ese fin?”, se pregunta. “Teniendo en cuenta las manchas en su reputación, ¿querrán las organizaciones benéficas al segundo hijo de la Reina en estos días? Me inclino a pensar que no”.

“¿Ayudará a rehabilitarlo? No estoy seguro de que lo haga. Creo que ese momento ya pasó, y creo que su reputación está tan maltrecha que no puede volver, desde luego no con ningún cargo público”, dice.

Sin un juicio que limpie su nombre por completo, y sin poder publicar los detalles del acuerdo, “siempre habrá gente que se pregunte sobre su culpabilidad o inocencia”, dice Little. “Y él no puede hacer nada al respecto, es algo que le acompañará durante el resto de su vida”.

Hugo Vickers, historiador de la realeza, cree que ya “se ha decidido que no va a cumplir con más funciones reales”. “En primer lugar, así se ha dicho, y en segundo, si por desgracia es inocente o culpable, ya no lo quieren, está desprestigiado (...). No creo que vaya a hacer nada más en el mundo de la realeza, ni en el de los regimientos, ni en el de las organizaciones benéficas, porque no es de ayuda para ellos, así que tendrá que dedicarse a otra cosa”.

“Haría bien en comprarse una casa a su nombre, por lo que sé el Royal Lodge no le pertenece en realidad y no es imposible que alguien le pida que se mude en algún momento futuro”, dice. “Siempre he dicho que debería abrir un refugio de animales, o hacer algo con animales, porque eso es lo que le gusta a la población británica, será interesante ver dónde está dentro de cinco años”.

Traducción de Francisco de Zárate

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