ANÁLISIS | Por qué el Ejército ruso no avanza como esperaba en Ucrania
En principio, desde el punto de vista militar, el conflicto que Rusia ha provocado en Ucrania debería llevar a una conclusión inmediata: victoria inapelable de Moscú. Sin embargo, cuando tan solo ha transcurrido una semana desde la entrada en esta nueva fase de una guerra que comenzó en realidad en 2014, parece claro que, como sabiamente ya advirtiera en su día el boxeador Mike Tyson, “todo el mundo tiene un plan hasta que le golpean en la cara”.
El plan de Moscú consistía básicamente en lanzar una guerra relámpago que le permitiera completar su dominio de la región del Donbás, para garantizar un corredor terrestre entre su propio territorio y la península de Crimea, y provocar el derribo de Volodímir Zelenski, colocando en su lugar a una marioneta subordinada a sus dictados –probablemente el expresidente Víktor Yanukóvich–.
Contaba para ello con su enorme superioridad de fuerzas en presencia, en torno a un centenar de grupos tácticos de combate (con unos 1.200 efectivos cada uno) y con una aviación de combate, una fuerza naval y un poderío artillero que le deberían permitir fácilmente lograr el inmediato dominio del espacio aéreo y marítimo, y “ablandar” las zonas que luego pasarían a controlar las fuerzas terrestres, batiendo centros de mando y control, así como defensas antiaéreas e infraestructuras críticas que hicieran prácticamente imposible la resistencia ucraniana, dotada de medios muy inferiores en teoría.
Por Jesús A. Núñez.