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Tres días para elegir tu futuro: así es el programa que te permite hacer prácticas antes de elegir una carrera universitaria

Alumnos de bachillerato de Everest School

Canal Empresas

Elegir qué estudiar después de las Pruebas de Acceso a la Universidad es una de las decisiones más determinantes y difíciles para un estudiante. A esa edad, muchos jóvenes aún no tienen claro qué implica realmente la profesión que imaginan. La expectativa de un trabajo puede diferir mucho de la realidad, ya que los horarios, las responsabilidades, la presión o incluso el tipo de tareas que llevan a cabo los profesionales, son factores que los estudiantes solo descubren al enfrentarse a la experiencia real. Por eso, no son pocos los que, a mitad de carrera o incluso al terminarla, comprueban que el trabajo para el que se han formado no se parece en nada a lo que esperaban.

Esta desconexión entre expectativa y realidad tiene consecuencias importantes. La falta de información práctica se traduce en cambios de grado, abandono universitario y frustración personal, situaciones que pueden afectar no solo al rendimiento académico, sino también a la motivación y autoestima de los jóvenes. Muchos estudiantes se sienten atrapados en decisiones que, de haber tenido más claridad sobre la profesión, podrían haber evitado. Por ello, la orientación académica tradicional a veces no es suficiente para ofrecer una visión completa de lo que implica cada carrera.

Ante este escenario, cada vez más centros educativos reclaman potenciar experiencias laborales previas que permitan a los estudiantes tomar decisiones académicas con mayor criterio. Estas iniciativas buscan acercar la realidad profesional al alumnado, ofreciendo un “ensayo” de la vida laboral antes de elegir su camino universitario. De esta manera, los jóvenes no solo conocen mejor los entornos de trabajo, sino que también pueden identificar sus intereses reales, confirmar vocaciones y reducir la probabilidad de abandonar o cambiar de carrera en el futuro.

Uno de los ejemplos más consolidados es el programa Work Experience impulsado por el colegio Everest School en Madrid, una iniciativa pionera que invita a alumnos de 1º de Bachillerato a llevar a cabo unas “mini prácticas” durante tres días en sectores profesionales relacionados con sus intereses. El objetivo es sencillo pero ambicioso: que los estudiantes vivan en primera persona cómo es el día a día de un trabajo antes de decidir qué carrera universitaria cursar.

Según explica el orientador y coordinador del proyecto, Javier Soriano, esta experiencia les permite tomar decisiones más informadas en un momento crucial. “No se trata solo de observar, sino de sentir el entorno profesional real, entender los ritmos, las responsabilidades y las dinámicas de cada sector”, señala. Al salir del entorno habitual del aula, los alumnos descubren habilidades que no sabían que tenían, cuestionan sus expectativas y, en muchos casos, confirman o descartan vocaciones.

Tres días que lo cambiarán todo

El impacto de esta iniciativa se aprecia especialmente en testimonios como el de Jaime Casanueva, antiguo alumno del centro. Cuando cursaba Bachillerato tenía claro que quería ser arquitecto, aunque arrastraba dudas. La experiencia práctica despejó cualquier incertidumbre. “Entendí de verdad en qué consiste ser arquitecto y me di cuenta de que eso era lo que quería hacer. Gracias a esas prácticas tomé una decisión firme y con sentido”, recuerda. Hoy estudia Arquitectura y afirma sentirse plenamente satisfecho con su elección.

El programa no solo beneficia a los estudiantes, también las empresas participantes encuentran valor en la experiencia. Compañías como Naturgy o Management Solutions abren sus puertas para mostrar su funcionamiento real. 

Para Gerardo Montells, directivo de la energética, colaborar es una oportunidad de aportar a la sociedad y de recibir una dosis de perspectiva fresca. “Los estudiantes transmiten ilusión y ganas de aprender. Compartir estos días con ellos nos rejuvenece y nos hace cuestionarnos cómo hacemos las cosas”, explica.

Desde el ámbito de recursos humanos, Cristina López destaca que el contacto directo con el entorno laboral ayuda a los jóvenes a alinear intereses personales con estudios universitarios y salidas profesionales reales. Además, subraya que durante estas estancias los alumnos descubren que las empresas valoran no solo los conocimientos académicos, sino también competencias como la actitud, la comunicación o la capacidad de adaptación.

Alumnos de Primaria del Everest School

Organizar estas experiencias no es sencillo. Requiere coordinación con compañías, adaptación de calendarios y seguimiento individualizado. Sin embargo, los responsables educativos coinciden en que el esfuerzo merece la pena. 

Soriano reconoce que es “una tarea ardua”, pero insiste en que el impacto formativo es enorme: los estudiantes ganan madurez, confianza y una percepción más realista del mundo laboral. Algunas anécdotas ilustran bien este aprendizaje, como por ejemplo las de alumnos convencidos de querer dedicarse al ámbito sanitario que, al entrar en un quirófano, descubren que no soportan la escena; otros que, años después de graduarse, regresan a la empresa donde hicieron sus primeras prácticas para iniciar allí su carrera profesional.

Este tipo de iniciativas responden a un contexto marcado por la incertidumbre laboral juvenil y la rápida transformación del mercado de trabajo. Las profesiones evolucionan, surgen nuevas especialidades y desaparecen otras, lo que dificulta aún más que los estudiantes visualicen con claridad su futuro. Frente a ello, las experiencias tempranas funcionan como un laboratorio vocacional, ya que permiten comprobar expectativas, detectar intereses reales y evitar decisiones basadas únicamente en percepciones idealizadas.

La conclusión es clara para orientadores y empresas: acercar el mundo profesional a los jóvenes antes de la universidad no solo mejora su orientación académica, sino que también reduce la probabilidad de abandono o cambio de carrera. En un momento vital en el que elegir mal puede suponer años perdidos y frustración, tres días de experiencia real pueden marcar la diferencia entre la duda y la certeza.

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