La Playa de Madrid renace junto al Manzanares con un gran restaurante, pádel y saca brillo a Muñoz Monasterio
Un buque vuelve a navegar junto al río Manzanares. Estaba encallado desde 2014, aunque su deriva se remontaba varias décadas hacia atrás, navegando perdido por la conocida como Playa de Madrid. El símil del buque lo ha empleado este lunes la capitana que se ha puesto a su timón, María Estades, durante la discreta presentación en sociedad de esta reapertura.
El buque del que hablamos es el edificio principal de un complejo construido en el año 1932, que el arquitecto Manuel Muñoz Monasterio ideó con forma de embarcación y que tenía como propósito servir para el esparcimiento de los madrileños, gracias a una presa que recreaba un pequeño lago en el que pasear con barcas. Piscinas, pistas de tenis y otras instalaciones deportivas completaban el complejo, que tuvo diferentes épocas y cuya arquitectura original quedó dañada primero por la Guerra Civil y luego una reforma posterior.
“Había que devolverle su imagen original”, comentaba este lunes María Estades, quien asumió el reto de recuperar este complejo mediante una concesión a 25 años de Patrimonio Nacional, ampliable a otro cuarto de siglo. “Queremos devolver la vida a un espacio que forma parte de la historia de Madrid”, resume mientras habla de su proyecto, Playa de Madrid 1932.
Lo primero que llama la atención es cómo se ha conseguido recuperar el buque insignia ideado por Muñoz Monasterio, volviendo a sus barandillas náuticas y sus ojos de buey, retomando el blanco original de su fachada. Este lugar acoge ahora un restaurante de dos plantas, con capacidad para un centenar de personas en cada una. A su alrededor, una enorme terraza promete convertirse en un lugar propicio para disfrutar las tardes madrileñas durante la primavera y el estío.
El proyecto de restauración cuenta con el sello del grupo El Enfriador, en el que María Estades trabaja junto a su marido José Manuel Rodríguez, y que está en funcionamiento desde hace 25 años. Ambos reabrieron la Playa a finales de octubre, de un modo discreto y sin conceder entrevistas hasta hoy. “No hemos hecho mucha publicidad”, reconoce mientras detalla los pilares gastronómicos sobre los que se asienta esta nueva apertura, el terreno en el que se encuentra más cómoda.
“Nuestro concepto es muy sencillo, porque son platos ricos al centro, a compartir”, dice sin mayor secreto. “En casa sitio lo adaptamos, pero la base es tirar de producto nacional y rico, trabajándolo de la mejor manera para no estropearlo”, explica María sobre una carta compuesta por tomates, huevos estrellados, croquetas o algunos platos más contundentes como el rodaballo o carnes de lomo o solomillo. El ticket medio está entre 45-48 euros por persona, pero puede bajar o subir en función de las bebidas.
Pero el restaurante -llamado El Naútico- es solo una parte de la Playa de Madrid 1932. Además de su gran terraza, el complejo está rodeado de jardines y algunos elementos deportivos, como una pista de patinaje con libre acceso y cuatro pistas de pádel cubiertas, que también se pueden reservar. Todo el recinto, separado del Manzanares por una simple valla, se puede alquilar para eventos.
Fue precisamente esta búsqueda de espacios para eventos lo que llevó al grupo El Enfriador a este lugar. Cuenta Estades que buscaban algo más grande de lo que disponían en sus locales. “Pero se nos fue de las manos”, admite cuando habla de la magnitud de la Playa de Madrid. De momento han ocupado tres hectáreas, aunque el complejo suma otras 15, hasta los 180.000 metros cuadrados. Su plan es ir abriéndolo por fases, recuperando el resto del patrimonio y con el ojo puesto en el antiguo faro de la playa, al que también quieren despojar de añadidos para mostrarlo tal y como era en origen.
La puesta de largo de este espacio hostelero-deportivo tuvo lugar este lunes durante la presentación de la estrategia para los próximos años de la asociación Hostelería Madrid, a la que acudieron tres concejales del Ayuntamiento -entre ellos la delegada de Hacienda, Engracia Hidalgo- y altos cargos de la Comunidad de Madrid. Hasta ese momento solo lo habían conocido los clientes del grupo y también los vecinos de la zona, porque el acceso al lugar está bastante escondido. Y llegar hasta allí es difícil si no es en coche. “Se llega muy bien en Waze”, apuntan como pista para los que intenten poner su dirección en el navegador.
La evolución del espacio y cuándo llegará la restauración del faro es todavía una incógnita. “Los tiempos muchas veces no los marcamos nosotros, aquí tenemos que pedir permiso a muchas instituciones, y no los puede pedir uno a todos a la vez”, indica María sobre la burocracia necesaria para abrir cada pata del proyecto. Un camino administrativo “largo y exigente” pero para el que cuentan con gran motivación ante lo icónico del proyecto.
Lo que no parece que volverá será la antigua playa con embarcadero, puesto que la Confederación Hidrográfica del Tajo recuperó hace poco las riberas del Manzanares y se antoja difícil que la zona vuelva a recrear el embalse, con una profundidad de entre tres y cinco metros.
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