Taxistas de Madrid contra el principal grupo hostelero en Ponzano por una deuda enorme: “Lalala, paga ya”

Taxistas protestando frente a La Mamona, en la calle Ponzano

Diego Casado


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“Bienvenidos a La Mamona de Chamberí, el restaurante más bonito y divertido de toda la calle Ponzano que no cierra en todo el verano”. Con esta optimista frase vendía el Grupo Lalala hace unos días en su cuenta de Instagram el que se ha convertido en su local insignia. Se acompañaba de unas vistosas fotos de su interior, que mostraban elegantes tapicerías sobre asientos de madera y decoraciones vegetales. Frente a estas imágenes idílicas, el exterior del establecimiento presenta una realidad bien distinta: sendos carteles en blanco y negro colocados encima de las entradas al restaurante afean al grupo empresarial sus deudas. “Lalala paga ya: qué fácil es abrir negocios con el dinero de otros”, rezan.

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Los carteles los han colocado los taxistas. En concreto los agrupados en la Gremial del Auto-Taxi de Madrid, la asociación que posee el edificio sobre el que se asienta y hasta 2019 también era dueña de los dos locales que entonces les compró el Grupo Lalala. Pero que no terminó de pagarlos, denuncian los conductores en conversación con Somos Chamberí. Así que han decidido visibilizar su problema para presionar a los hosteleros deudores, con pancartas y con protestas en la calle.

En el mes julio convocaron dos, con corte al tráfico de la calle Ponzano incluido. “La Ladrona, próximo garito del grupo Lalala” gritaban irónicamente en la última, que tuvo lugar el pasado día 21 a las puertas de La Mamona. A ella acudió una veintena de taxistas, la mayoría poco acostumbrados a este tipo de protestas y con cierto apuro a la hora de gritar consignas. Pero el ruido que hicieron achantó a algunos clientes, sorprendidos de toparse con manifestaciones en una de las zonas más acaudaladas de Madrid, feudo de Ayuso en las últimas elecciones.

Pese a dar publicidad a su protesta, de momento los taxistas no quieren detallar a este periódico la cifra exacta que reclaman a Lalala, aunque la sitúan entre los 500.000 y los 750.000 euros. Un agujero en sus cuentas que, aseguran, hace peligrar la pervivencia de la asociación, debido a que todavía han de abonar mensualmente más de 12.000 euros de una hipoteca.

Una venta de antes de la pandemia

La actual junta directiva de la Gremial echa la culpa de la venta a sus predecesores en el cargo, que pusieron en el mercado los locales antes referidos, de unos 300 metros cuadrados de planta, situados en los números 84 y 86 de la calle Santa Engracia y con acceso también desde Ponzano. Su ubicación es envidiable: al inicio de la calle con más bares de Madrid y con posibilidad de colocar terraza sobre las anchas aceras de la vía contigua.

La operación se cerró en 2019, después de que el cartel de se vende se colocara en otoño del año 2018. En aquel entonces la junta directiva -diferente a la actual- justificó la operación ante la necesidad de cuadrar cuentas, “lastradas por la gestión de la anterior junta”, decían entonces.

Poco después abría La Mamona, “el restaurante más animado de Chamberí” en palabras de Lalala. Y también una discoteca en su planta sótano, La que faltaba, con licencia de apertura hasta las 6.00 de la madrugada. Ambos se han convertido en locales de éxito, frecuentados por concursantes de programas de televisión como La isla de las tentaciones. También acuden allí como clienta Victoria Federica, amiga de Luis Torremocha, uno de los gestores del negocio junto al joven empresario Miguel Nicolás.

Ambos establecimientos son dos de los 22 locales que posee actualmente Lalala en Madrid, un grupo que después de la pandemia sigue apostando por aperturas en la capital, con una oferta de cervecerías, restaurantes y salas de fiesta o discotecas con los que se están ganando un hueco entre los grandes de la hostelería en Madrid y la primacía en la calle Ponzano, donde nació su modelo de negocio, centrado al principio en copas bajas de precio y ambiente discotequero. Entre estos locales está su marca La Bientirada, con nueve establecimientos. Su actividad se centra en distritos de elevadas rentas en la capital como Chamberí, Salamanca o Chamartín.

El modo de hacer de Lalala se contaba en este artículo de hace un par de años, en el que la Asociación de Comerciantes de Ponzano se desmarcaba de las prácticas de estos empresarios, que trajeron a la calle el modelo de copas y discoteca, decorada con estética de Instagram y con cartas no demasiada extensas pero con platos de moda. El jaleo y los ruidos asociados a sus locales han causado mala fama al ponzaning, con quejas constantes de los vecinos, que ya desde antes de la pandemia denunciaban una “degradación total”.

Contactados por Somos Chamberí, el grupo Lalala ha preferido finalmente no hacer declaraciones para este artículo, pese a que en un inicio se mostraron abiertos a contestar las preguntas sobre este caso.

Los taxistas se declaran “preocupados” sobre las intenciones reales de los hosteleros, que mantienen sus cartas ocultas y también las razones por las que no abonan las deudas que reclaman los taxistas. En la Gremial temen incluso que la estrategia sea la de asfixiarles económicamente para que acaben vendiendo todo el edificio en el que tienen su sede, un jugoso caramelo inmobiliario de seis alturas en mitad de Chamberí. “Pero eso no va a suceder nunca”, advierten.

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