Entrevista

Ana Elena Pena, artista y escritora: “Soy una fetichista de las muñecas”

La artista Ana Elena Pena | Carlos Rubio

Elisa Reche


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“El underground está muerto”, dice Ana Elena Pena (Calasparra, Región de Murcia, 1976) mientras sale un momento de la farmacia para continuar con la entrevista teléfonica. La artista murciana lleva revolucionando la escena alternativa en Valencia desde los noventa con sus performance de barbies siniestras, su voz poética o la copla que reivindica en su actual 'Cabaret Histérico' con Gilbertástico, con quien está preparando un nuevo show en el que este género tendrá aún más presencia. En el 'Cabaret Quinqui', en el que actúa junto con Jordi DeLongo, se deciden por versionar a “Junco, Los Chichos, Manzanita, canciones que hablan de celos, despecho y trifulcas matrimoniales”.

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“Aún tengo que comprar el billete de autobús”, apunta la escritora, quien el próximo lunes actuará con su recital 'Ahora es tarde, señora' en los Lunes Literarios que se celebran desde hace años en la capital murciana. Allí presentará su última obra de poesía 'Chicas bonitas esnifando purpurina' (Arrebato Libros, 2021) junto con otros libros autoeditados “difíciles de encontrar en las librerías”, como 'La loca de los gatos', 'Cómo salir ilesa de una misma' o 'Sangre en las rodillas'.

Poeta, pintora, ilustradora, vedete underground, diseñadora de bisutería: ¿se considera una artista total? 

Siempre me ha gustado experimentar con casi todas las disciplinas, hay muchas maneras de expresarse según el momento. Algunas se me dan mejor que otras, confieso. Tengo obsesión con lo plástico, necesito hacer cosas con las manos y jugar con el color. Escribir me resulta necesario y terapeútico, tanto como leer y tomarse un tequila de vez en cuando.

Colecciona muñecas que también forman parte de sus espectáculos: ¿por qué le acompañan tanto en su vida como en su obra?

Soy una fetichista de las muñecas, tienen un significado muy profundo para mí. Siempre se ha dicho que son depositarias del alma humana y cuando jugamos con ellas de niñas son el reflejo de lo que queremos ser y hacer de mayores. También me obsesionan las películas donde salen muñecos, sobre todo las de terror, suelen estar poseídos por espíritus malignos [risas]. Chucky, Annabelle, Puppet Master, etcétera... En fin, es que las muñecas me fascinan, no lo puedo evitar. Tengo también un Monchito y un Macario que suelo utilizar en los shows. La ventriloquía también me parece una cosa siniestra y a la vez me seduce, qué pena que haya pasado esa moda, ojalá vuelva.

Habla abiertamente, tanto en su obra como en redes, de temas tabúes en la sociedad como la bulimia, las autolesiones o las dificultades para quedarse embarazada. ¿Hablamos las mujeres en libertad sobre nuestras vidas o todavía es necesario una dosis de valentía? 

Hablamos con libertad más que nunca, pocos tabúes quedan por destapar, la verdad, pero siempre se requiere valentía para mostrar las heridas. Hay que contar con el hecho de que abrirse y confesarse es quedar expuesta y que los demás conozcan tus debilidades y puedan burlarse de ellas. Contar la verdad sobre una misma es confiar en la bondad de los demás y en su empatía y comprensión. 

¿Ha sufrido algún tipo de represalia o ataque personal por ello?

Sí, me acuerdo una vez que una chica me dijo en redes “Qué bien que una desequilibrada como tú pueda tener hijos” y todo por hablar de mi fase de bulimia y cuando tomaba medicación. Ahora no tomo nada. Miento porque llevo un diazepam en el bolso por si las moscas. Hay mucha exigencia con las madres. Nos quieren diosas y lo hacemos lo mejor que podemos. Y luego que los trastornos alimentarios o los estados depresivos y de ansiedad que se viven en la juventud cambian al llegar a la madurez y no son más que residuales porque, además, no tienes tiempo de comerte el coco porque estás criando.

Tras la debacle que ha sufrido el mundo de la cultura a raíz de la pandemia, ¿cree que el underground escénico va a sobrevivir?

No solo la pandemia, sino la imposición de un pensamiento único es lo que va a acabar con el underground. Dudo que haya sitio para el artista iconoclasta, para el disidente, para el que critica las normas vigentes y cuestiona la nueva moral. Al menos por ahora. Creo que todo está un poco revuelto, muy polarizado, y que hay que dejar espacio a la reflexión y la autocrítica. El underground siempre ha sido sinónimo de rebeldía, de volarlo todo por el aire, pero ahora los rebeldes temen salirse de la línea marcada, ser señalados y cancelados. La gente se toma la vida muy en serio y, como dice Ricky Gervais, no hay que tirarse de los pelos por un chiste que te cae mal, al final todos morimos y no hay secuela.

Tras la covid, además, los artistas estamos empezando de cero. Llegó la pandemia y el foco estaba ahí y tuvimos que parar nuestro trabajo -paren rotativas-. Tampoco tenía motivación para escribir y estaba con la niña pequeña y con tantas dudas e incertidumbres...

¿Siente que en la cultura existe suficiente reconocimiento a las folclóricas, como usted realiza en su 'Cabaret Histérico' o también la divulgadora Lidia García con el podcast y el libro homónimos '¡Ay, Campaneras!'? ¿Por qué cree que ha sido así?

Gracias a la comunidad gay las folclóricas se han mantenido vivas, pero en general creo que no se les ha reconocido lo suficiente, en parte, porque sigue habiendo un rechazo a nuestra identidad y tradiciones. Hay quien considera que la copla es parte de la 'España profunda y negra', cosas de abuelas, y para nada lo es. La mayoría de las coplas que conocemos fueron escritas por grandes poetas y narradores como Rafaél de León, Antonio Quintero y Manuel Quiroga, y reflejan con precisión el espíritu pasional del pueblo español, siendo interpretadas, además, por mujeres arrebatadoras, adelantadas a su época.

Carlos Vermut contaba en una escena de 'Magical Girl' que no tenemos claro si somos un país pasional o racional y que por eso estamos siempre en conflicto, no sabemos equilibrar la balanza, nos debatimos entre la emoción y la razón y nos cuesta lidiar con nuestros instintos.

Políticamente, ¿cómo ve el movimiento feminista en estos momentos?

El feminismo es una causa noble, ¡qué duda cabe!, y gracias a él las mujeres hemos ganado derechos y avanzado en sociedad, pero ciertos políticos empiezan a utilizarlo de una manera perversa, con fines económicos y propagandísticos, acompañándolo de soflamas y discursos delirantes. Es difícil de manejar porque el feminismo es algo que se vive de manera individual pero también de manera colectiva, por eso es complicado ponerse de acuerdo y establecer un 'discurso feminista único'. Lo que para ti vale para otra mujer no.

Estoy a favor del sentido común, del diálogo y de la concordia, no tolero los discursos de odio ni los que pretenden enfrentarnos de forma sangrante, bien sea por sexo o por ideología. Eso sería volver a lo de siempre, a la aborrecible España cainita que tantas heridas abiertas dejó y sigue dejando. Siempre he pensado que se cazan más moscas con miel que con vinagre. El feminismo es algo de todos, independientemente del color político.

Nació en Calasparra (Murcia) y vive en Valencia desde que se marchó allí a estudiar Bellas Artes. ¿Cómo percibe el panorama cultural en ambas ciudades? ¿Qué echa de menos de la Región? 

En Valencia hay más movimiento cultural y más oferta, normal, porque es una ciudad más grande y hay mucha gente de aquí y de allí. Pero de Murcia echo de menos lo cariñosísima y graciosa y abierta que es la gente.

¿Considera que la cultura que se hace en lugares como Murcia o Valencia está suficientemente representado en los medios de comunicación?

A todo lo que se hace en Madrid se le da más importancia. Eso ha pasado siempre. En Valencia, por ejemplo, hay muchísimos grupos de música increíbles y no salen de aquí.

¿No sé planteó irse a vivir a Madrid?

Valencia me engancha. Madrid es una ciudad muy grande y hay que ir en metro a todas partes. Viajo mucho a Madrid para ver a mis amigos, pero no me convence vivir allí porque es muy caro. Imagina para un artista, que estamos casi siempre en precario, no. ¡Uy, sin playa!

¿Cómo será el recital 'Ahora es tarde señora' el próximo Lunes Literario en El Sur en Murcia?

Una reivindicación de lo doméstico, una reflexión profunda de lo que significa plantarse en la madurez. Una crítica, una revelación de lo que normalmente está oculto y no nos atrevemos a confesar. Una oda a la eterna insatisfacción y a la búsqueda incesante de la autoafirmación y la felicidad, que son a veces pececillos jabonosos imposibles de atrapar.  

Siempre dejo un poco a la improvisación, llevo textos inéditos y otros más conocidos.

¿Para qué es tarde para Ana Elena Pena?

Para algunas cosillas [Risas]. El tiempo se escurre entre los dedos, hay tantas cosas por ver, por leer y descubrir que no sé si me va a dar tiempo a todo. Disfruto cada momento tal y como viene, no tengo las prisas ni las exigencias de antes. Cuando me convertí en madre mi mundo se dio la vuelta, sufrí un cambio de conciencia brutal y ahora solo quiero ver las cosas florecer y aceptar las pérdidas y la muerte como algo que, simplemente, forma parte de la vida y que son, de alguna manera, ilusorias. Todo es vida.

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