CRÓNICA | Noche de fusiones en Jazz San Javier

La cantante Kennedy en un momento de su primer concierto en Jazz San Javier

La noche del pasado viernes nos dejó una de esas jornadas en las que Jazz San Javier logra –y valga la expresión- la cuadratura del círculo. Esto es, el mostrarnos dos maneras de entender las fusiones que se pueden hacer en música. Una fue embrujadora y embriagadora a cargo del saxofonista y cantante gaditano Antonio Lizana, quien desde su anterior visita a este auditorio del Parque Almansa en 2015 (XVIII edición) ya dejó una huella que marcó la pista de por dónde iba a transcurrir su camino en el flamenco y el jazz. La otra manera de entender una fusión de corrientes musicales la puso la cantante neoyorkina Kennedy y su Administration, que dejaron una impronta de alegría, mucha energía y ritmo que proporcionan el soul, funk, jazz y, en suma, todo aquello que suena a parcela musical de los negros norteamericanos.

Antonio Lizana es uno de esos nuevos músicos (aunque ya lleva unos cuantos años en el camino) que cuando escuchas sus creaciones éstas te atrapan de inmediato. Su música y cante poseen ese embrujo del que los más entendidos en el flamenco hablan cuando un cantaor domina los diferentes palos con maestría, sabiendo colocar en todo momento cada nota y comunicando a la perfección no ya los mensajes que sus letras encierran, sino los fraseos de sus saxofones que arropan de manera magistral el trío que habitualmente lo acompaña y que se conforma por el pianista salmantino Daniel García Diego; el bajista de Bullas Jesús Caparrós y el sensacional baterista de Teherán, Shayan Fathi. A ellos en esta segunda visita a Jazz San Javier, se les unió la cantante Mari “La Mónica” (que sustituía a La María de Chambao), el bailaor y cantaor de, como recalcó Lizana, “Caí, Caí, Caí”, Mawi. Adriano Lozano, de San Fernando de Caí, en la guitarra flamenca que es otro habitual acompañante de Lizana. Y un invitado especial de última hora: El trompetista de Bosnia-Herzegovina, Miron Rafajlovic.

El concierto se iniciaba con “Semilla”, en la que tuvo un protagonismo el bajista murciano Jesús Caparrós, con un solo que dejó al público entusiasmado y predispuesto a disfrutar durante el resto de concierto. Tras ello, Lizana presentó a sus músicos y explicó su siguiente pieza, que hablaba de todas aquellas personas que se quedan o cruzan las “Fronteras”.

El público se mostraba entusiasmado, entregado y con ganas de aceptar de manera inequívoca, como así fue, a estos músicos que lidera Antonio Lizana. Así que dejaron otra perla musical titulada “Nos Quisimos Así”, en la que apareció el trompetista Miron Rafajlovic, que protagonizó un dúo con Lizana en varios momentos de esta pieza. Después llegó “Mi Estrella”, una composición más del último disco “Oriente”, de Antonio Lizana que ha sido el motivo principal –que no el único- por el que ha regresado a esta XXII edición de Jazz San Javier. Un largo solo de piano de Daniel García Diego, que fue muy aplaudido, introducía esta también larga pieza que tuvo su gran premio del auditorio con otra larga ovación.

Y en esto, que apareció el guitarrista Adriano Lozano antes de que el saxofonista lo presentara. Lizana hizo los honores y con esa gracia propia de los de su tierra miró hacia donde debía aparecer y dijo: “¡Anda! Pero si ya está aquí”. Risas y aplausos para premiar también esa conexión con el público que se producía desde la primera palabra. Hubo más “chascarrillos” del gaditano, que relataremos más adelante. Total, que se dispusieron a interpretarnos “Déjate Sentir” que tenía una primera parte más cantada para después atacar la trompeta y el saxo a dúo y el resto del grupo. En un momento dado, Mawi volvía a destacar en su cante que complementó con un baile plástico y muy flamenco que el público supo premiar al máximo. ¡Qué arte, señores! Otra extensa ovación del auditorio puesto en pie y unos músicos que derrochaban alegría y bienestar en un escenario que casi era el de su casa como indicaba el saxofonista con un “¡Qué bien se está aquí!

Antonio Lizana indicó que el final estaba llegando y presentó “Alegría Mari”, unas alegrías gaditanas con cuyo título ha dedicado Lizana el disco a su madre que, obviamente, se llama Mari y creo que se encontraba entre el público. El saxofonista gaditano se aparta a un lado cuando alguno de sus compañeros tiene su momento de oro, para que brille con todo su esplendor. Es muy generoso y sencillo Antonio Lizana. Y así acababa su concierto, pero, ya se sabe, el respetable pidió más y regresaron al escenario para regalarnos dos piezas más.

Como he indicado antes, Lizana es una persona sencilla y muy generosa y dejó su momento de gloria a María “La Mónica”, para que nos regalara su versión de “Volando voy”, de Kiko Veneno, en una muestra del legado que han ido dejando los Maestros gaditanos. Siguió Lizana con “Volar“ que antes de despedirse, se dirigió al público indicándoles que no estaban allí porque habían decidido comprar la entrada para el concierto o se lo había dicho un amigo, no. “Estaban allí por un motivo cósmico: Estaban predestinados a estar allí en esta noche, para cantar el coro. Un coro que dice así: “Volar, quieren volar todos los sueños en la madrugá”. Todo el auditorio sonó al unísono. Y cuando estaban saludando en el borde del escenario, todavía el público volvió a cantar el estribillo. Se habían rendido, totalmente, a Antonio Lizana y su grupo de invitados. ¡Qué alegre es la gente de Caí!

La segunda parte de esta quinta jornada en el XXII Jazz San Javier iba a darle la vuelta total al escenario y al público, con otra fusión diferente a la que practica Antonio Lizana: El soul, funky, rhythm & blues o jazz de una cantante de última generación como es Kennedy y su grupo Administration. Puro ritmo y frenesí que se inició con “It’s Over Now” a modo de muestra de lo que nos esperaba en los próximos 80 minutos, tras la que Kennedy saludó al auditorio recibiendo una calurosa bienvenida del respetable.

Y para que aquello se mantuviera en una línea rítmica ascendente, el grupo atacó de inmediato, con un funky acusado como su predecesora, “Will It Go Round In Circles”, creación de Billy Preston que fuera teclista habitual en las grabaciones de The Beatles, demandando Kennedy la primera participación de ese auditorio con un grito: “San Javier”. Su primera respuesta fue algo tímida, pero reaccionaron perfectamente a la segunda. Con un público ya totalmente situado comenzaron a sonar las primeras notas de una pieza compuesta por el teclista Onfrej Pivec, Nathaniel Townsley y la propia Kennedy titulado “Nothing Else Will Do”, en la que esta magnífica cantante de registros medios fantásticos dejaba escapar su dominio por las canciones más lentas. Y en esa línea, una de sus creaciones junto a Ondrej Pivec a ritmo de bossa-jazz titulada “Don’t Forget To Smile”, con solo del baterista Nathaniel Townsley, que hizo las delicias del público.

El universo de Kennedy está conformado por muchas composiciones propias aunque también realizan versiones muy originales de temas conocidos, como el que sus compañeros atacaron de uno de los mayores éxitos de Roberta Flack: “Killing Me Softly”. Una entrada grandiosa de los teclados que tras la introducción continuó con un ritmo funky incipiente que tenía en Jay White y el gran Nathaniel Townsley, bajista y baterista respectivamente, una contundente sección rítmica arropada por la guitarra de Dan Muniz y los teclados de Ondrej Pivec para crear una melodía pegajosa que no te dejaba parar ni un instante. Era como aquella anécdota que contaban los creadores de esta canción, Charles Fox y Norman Gimbel, que se inspiraron en un poema de Lieberman y éste, a su vez, lo hizo tras ver y escuchar en directo a Don McLean cantando “Empty Chairs” (“Sillas Vacías): Decía que “Me mata suavemente con su canción”. Al público no lo mató, pero sí lo balanceó de lado a lado bailando cada cual en su localidad o en el foso del auditorio.

La introducción del bajista Jay White de “Mamma’s Kisses”, con reconocimiento del público, dejaba otra larga pieza de ritmo medio en las que Kennedy se mueve muy bien y con autoridad. Los minutos avanzaban y los asistentes que casi llenaban el auditorio Parque Almansa no se movían. Así que comenzaron a sonar de nuevo los teclados en una introducción cósmica que precedía a otra buena versión de una canción que colocaron en las listas de los 70 The Stylistics titulada “People Make The World Go Round”, de la que Kennedy y sus chicos de Administration realizaron una recreación continuando en esa línea interpretativa.

La recta final del concierto estuvo protagonizada, primero, por una balada compuesta por Kennedy y su teclista, Ondrej Pivec, con un título muy sugestivo: “Victory Song” (“Canción de la Victoria”), que interpretaron ambos. Tras ella había que regresar a la alegría, a la fiesta. Y lo hicieron con esta canción de la propia Kennedy: “Let’s Party” (“Vamos de Fiesta”).

Una vez más, el público se puso en pie para aclamar a esta joven cantante neoyorkina, Kennedy Administration, que revolucionaron todo el auditorio del Parque Almansa. Saludando se despidieron, pero ese público siempre insiste en pedir una más. Y así fue. De regreso al escenario, Kennedy y sus chicos regalaron su visión de un éxito que el recordado Michael Jackson incluyó en su “Thriller”: “Human Nature”. Con ella y con el auditorio cantando, bailando e iluminando el foso con las linternas de los móviles se llegaba al broche de un concierto con el que los espectadores disfrutaron, cantaron y bailaron hasta caer rendidos.

En el capítulo de las anécdotas, les cuento que ambos conciertos fueron presenciados por uno de los contrabajistas que en más ocasiones han visitado este escenario y, al día siguiente, lo vuelve a hacer. Se trata de Darry Hall, una excelente y divertida persona y gran músico. Después les cuento más.

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