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Cecilia Eudave, escritora: "La familia siempre ha sido feroz y cruel"

Todo lo que escribo siempre gira en torno a una violencia tácita pero no hiperexpuesta, no excesivamente gráfica, no explícita, sino más contenida, más próxima a nosotros

Me considero una escritora de umbrales, coloco mis textos en la delgada línea que separa la realidad pactada socialmente de realidades alternas

La escritora Cecilia Eudave

La escritora Cecilia Eudave

Cecilia Eudave (Jalisco, 1968) es una narradora inclasificable, que se mueve como pez entre aguas: de los géneros hiperbreves a la novela, de la literatura infantil y juvenil a la adulta, siempre hibridando géneros, lenguajes y relatos en busca de ese enigma que llamamos literatura. La reciente reedición de su Bestiaria vida (Ficticia, México, 2008 - Eolas, España, 2018), novela acreedora en su día del Premio Juan García Ponce la ha traído a España. Charlamos con ella ante la presentación en Murcia (en Libros Traperos, jueves 28, 19 horas) sobre los peregrinajes literarios, el peligro de los encasillamientos y los caparazones, las nuevas subjetividades y muchas cosas más.

Se reedita ahora, del lado de acá, esta novela de 2008 que ya ganó, del lado de allá, el premio Juan García Ponce. También tu vida parece oscilar entre México y Francia, las culturas latinoamericana y europea. ¿Y tu literatura?

Sí, estoy muy contenta de que la novela se haya publicado en España. Cuando Natalia Álvarez Méndez, la coordinadora de la colección "Las puertas de lo posible" de la editorial EOLAS, me invitó a participar nos pareció que la novela sería una buena opción. Por otra parte, como comentas, siempre he estado de una u otra forma en contacto con Europa, primero porque estudié en Francia, y de unos años a la fecha me he involucrado más con la academia española y con algunos escritores españoles.

Sin embargo, he intentado que mi literatura siempre se ancle en lo propio, aunque con ecos de autores latinoamericanos y europeos. Soy una escritora que cultiva la brevedad, los géneros en los que mejor me desempeño son el cuento, la minificción y la novela breve. Encuentro en ellos todo lo necesario para desarrollar mi propuesta literaria. Me gusta que a las historias no les sobre nada, sean contundentes, interactivas, que existan muchos silencios narrativos que el lector va completando con su lectura.

Para mí, asimismo, es importante generar todo tipo de sensaciones, tanto mentales como emotivas, mientras vas leyendo. Me interesa contar, no solo ambientar, y el lenguaje debe ser discreto, puntual, certero, no distraer de lo esencial, las metáforas se dan explícitamente con recato para que al final del texto todo sea una enorme alegoría de la realidad.

Bestiaria vida arranca en registros cercanos a lo grotesco y al realismo mágico y va mutando hacia un realismo intimista cada vez más descarnado, más humano. ¿La pesadilla familiar que narras en la novela se despeja o se recrudece con este movimiento?

Bestiaria vida es una novela con muchos registros genéricos. Desde un principio me planteé la idea de escribir una historia que va determinando al ser humano desde el microcosmos al que pertenece: la familia, hasta llegar al macrocosmos social. Soy propensa a la hibridez de géneros, de ahí que parezca fantástica a momentos, absurda, grotesca o insólita porque la vida es un poco así, lo normal nunca es la norma.

Por otra parte, estoy de acuerdo con Alemany Bay al plantear una modalidad que se desprende de lo fantástico: la narrativa de lo inusual, donde los discursos que se utilizan pertenecen a ese género, que es el que podría predominar en el texto, pero que al final es solo una máscara, siempre se está hablando de la realidad, íntima como bien señalas, avasalladora y al mismo tiempo tan humana. Bestias y hombres al servicio de una humanidad que nos confronta y por lo mismo nos desestabiliza.

Ahora, la novela no se encamina por el realismo mágico, que en su momento buscaba mostrar un exotismo latinoamericano y su paisaje singular; yo no pretendo eso, BV es una novela que busca hablar de la realidad a través de imaginarios colectivos occidentales (bestiarios y otras referencias en la novela) que nos son comunes a todos, y hablar desde las analogías de una sociedad que nos impulsa a ser sujetos de rendimiento y a perder todo contacto con el otro.

La familia en tiempos de neoliberalismo y postmodernidad es una institución en crisis según todos los diagnósticos, pero la literatura parece abordarla con cada vez mayor frecuencia. ¿Es esto un anacronismo, una fractura, o el síntoma de algo por venir?

La familia siempre ha sido feroz y cruel. Es el primer núcleo que forma la sociedad en la que nos vamos integrar y es la que nos prepara para sobrevivir, para bien o para mal, en la jungla social. Cambian los escenarios, las modas y costumbres, las tendencias políticas, las esferas ideológicas y sus prácticas sociales, pero los hombres y mujeres siguen siendo seres de natura que deben enfrentarse a todo lo antinatural: la industrialización, la globalización, con sus sistemas de competencia y el terrible estrés convirtiéndonos en "abominables hombres del trabajo", al igual que todo aquello que se va gestando para domesticar nuestra naturaleza.

Todo lo que escribo siempre gira en torno a una violencia tácita pero no hiperexpuesta, no excesivamente gráfica, no explícita, sino más contenida, más próxima a nosotros. Ahora pareciera existir una tendencia donde cada vez se busca más impactar al lector, asquearlo, aturdirlo, más que cimbrar sus bases como una persona de frente a otras personas. Me gusta sacudir al lector desde el intimismo, como lo has señalado, para que así pueda ver su contexto social y cómo se enfrenta a él, cuáles son las patologías sociales que le atañen, no mostrar descarnadamente esas patologías en un movimiento de escritura exterior que a veces solo provoca morbo y alejamiento. Parece que ahora se ha confundido lo grotesco con el gore social.

En el prólogo de la nueva edición, Carmen Alemany habla de subjetividades anómalas en la nueva narrativa mexicana, ¿qué hay de esa Helena-caracol en las mujeres de tu generación, tu entorno o en ti misma?

Tanto Carmen Alemany Bay con su propuesta de la narrativa de lo inusual, como Anadeli Bencomo con la idea de subjetividades anómalas, están buscando una manera más próxima para discutir el fenómeno escritural de principios de siglo XXI que plantea una narrativa en crisis con los valores y las etiquetas tanto literarias como humanas del siglo que nos antecede. La hibridez genérica y discursiva es la base, y son las mujeres, mayoritariamente, quien están cultivando estas tendencias. Hay una renovación o una vuelta de tuerca a la manera de representar la realidad a través de perspectivas cada vez más insólitas y atrevidas.

Me considero una escritora de umbrales, coloco mis textos en la delgada línea que separa la realidad pactada socialmente de realidades alternas. No creo en la sagrada realidad, me revelo, me gusta profanarla, y al hacerlo me atrevo a pisar territorios ignotos o posibles. La imagen de un caracol es una referencia al laberinto, donde seas hombre o mujer estás inmerso en una espiral de acontecimientos que te obligan a no quedarte quieto ni a caer en un vértigo mental,  hay que salir del caparazón.

La tradición literaria latinoamericana sirve de armazón a tu relato en muchos aspectos, pero no lo ata. ¿Hasta qué punto te sientes parte de la literatura mexicana, la latinoamericana, la de expresión castellana o la universal?

Yo he dicho en algunas ocasiones que soy ciudadana y habito (como narradora) el inmenso territorio de la ficción. Ahí, tanto lectores como escritores felizmente podemos ir de un lado a otro sin determinarnos por nacionalidades o geografías de vida. Amo la buena literatura en todas sus manifestaciones, los libros que me han formado son de distintas latitudes y de diversas procedencias. Soy especialista en literatura mexicana porque me gusta imaginarme como embajadora de esta región literaria que tiene tanto que ofrecer como cualquier otra. Lamentablemente este territorio de ficción también está invadido muchas veces por el comercio editorial que muestra solo una parte de un todo. Pese a ello, siempre digo: cada quien va dejando páginas, letras, libros que al final confeccionan el enorme universo de las palabras que, una vez escritas o pronunciadas, quedan ahí entre nosotros esperando que las encuentre algún lector y las mantenga vivas.

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