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Por una Izquierda Ecologista (2): anotaciones sobre Garzón e IU

Imagen de recurso del ministro de Consumo, Alberto Garzón. En Madrid (España), a 30 de septiembre de 2020.

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La construcción política, que venimos proponiendo, de una Izquierda Ecologista que no se escude en las urgencias o prioridades, en este caso pandémicas, para desinteresarse de las (verdaderas) exigencias del futuro, exige un esfuerzo sostenido y serio, sin plazos ni complejos. Se trata de una Izquierda Ecologista que asuma el liderazgo político del movimiento social ecologista (el de izquierdas, que hay mucho conservacionismo conservador) y que catalice la creciente oleada en favor de cambios sustanciales y de transformación institucional, legal, económica, cultural y moral.

Y nos inclinamos –visto el desierto mental de nuestros políticos en relación con el medio ambiente– por proponer a Izquierda Unida esa tarea y esa responsabilidad, lo que obligaría a considerar los obstáculos que se presentan a esta formación para representar ese papel histórico. Y en este momento, los más graves obstáculos nos parecen ser los que presenta su actual líder, Alberto Garzón (AG), en su papel de ministro de un Gobierno de coalición con PSOE y Podemos (quede a salvo, en este análisis, la valía personal y política de este líder, así como la simpatía que suscita).

Si se trataba, como es verdad, de contribuir a un Gobierno de la izquierda amplia y enderezar en lo posible las trapacerías del PP, esto se cumple mediante alianza electoral y parlamentaria, pero ni programático ni política, es decir, sin necesidad de participar en el Consejo de Ministros, que es todo un regalo envenenado.

Advertimos y reconocemos que en estas consideraciones cuenta, a tenor de la experiencia, un cierto papel, inocultable, de “vanguardia histórica” de IU-PCE y, sobre todo, sus militantes, en muchas luchas imaginativas y tenaces de la reciente historia de España, incluyendo gran variedad de las de tipo ecologista; y creemos que el añadido de Los Verdes a las siglas IU, no fue sólo un gesto de oportunismo político sino que, efectivamente, correspondía a la percepción de la necesidad de revisarse y adaptarse a esas exigencias, de tan alto contenido político. Y puesto que estos comentarios se fundan en la deplorable situación de IU en la actualidad, recordaremos que, con el liderazgo de Cayo Lara y en los meses anteriores al 15 M y la irrupción de Podemos, IU había alcanzado una intención de voto del 16,8 por 100 (marzo de 2013), porcentaje que ya no va a alcanzar, nunca, la coalición actual IU-Podemos.

Pero, sin continuidad con esta historia y sin lógica política estimable, ahí tenemos a nuestro AG, joven economista intensamente concienciado de teorías e ideales políticos, desempeñando un extraño papel de ministro en una peculiar coalición de gobierno. AG tratará de justificarse, desde luego, pero su papel de ministro resulta muy difícilmente defendible.

Del análisis ecológico-político del papel que nuestro hombre juega en el Gobierno de la Nación hay que empezar diciendo que es como si, precisamente, le hubieran reservado la cartera más tramposa y falaz de las existentes, a cambio de la renuncia a la propia personalidad política y al papel social y ecológico que se esperara de su partido (y que ya se le debiera exigir).

Porque si bien es loable poner algo de orden en todo eso del juego, su publicidad y la influencia en los jóvenes (¿sólo los jóvenes?), reconozcamos lealmente que el entero negocio del azar es indigno de un Estado cualquiera porque, declinando sus obligaciones prioritarias hacia la equidad y la justicia social, y teniendo siempre pendiente resolver las necesidades básicas de las masas populares, entretiene al pueblo con el suministro de espejismos sobre una riqueza más que improbable y siempre ajena al esfuerzo propio; y ampara (y él mismo protagoniza) el desarrollo de ese patológico negocio de ilusiones, avaricias y tragedias, que así es como debiera definirse el mundo del juego y la apuesta (además de generador de fraudes y delincuencia).

Entiéndasenos: en condiciones bien distintas, el Ministerio de Consumo debiera ser uno de los principales acicates en el cambio radical de un sistema insostenible, que basa sus desajustes, abusos y perversiones en el consumismo y sus desastres físicos y psicológicos; pero nada de esto es lo que se le brinda al joven ministro, es probable que ni siquiera se le pase por la imaginación. Eso, sin ignorar que en cualquier transición ecológica que así pretenda ser considerada, lo que hay que hacer es desinflar el consumo, reconducir la vida ciudadana por la austeridad en la demanda y alinear en lo posible la vida social con las características y (verdaderas) necesidades de las personas y la naturaleza. En efecto, otra cosa sería si se entendiera convenientemente el inmenso significado del consumo en la coyuntura dramática actual, que abarcaría las esencias de la crisis y que en cualquier caso nada tiene que ver ni con la publicidad de los juegos de azar ni con el 902 ni con tantas trapisondas del consumo exacerbado; ni, por cierto, necesitaría de un Ministerio, pues bastaría una vigilancia eficaz (administrativa y policial) que impusiera el cumplimiento de la normativa, y sobraría tanta negociación con los agentes beneficiarios.

La “idea política” del consumo es mucho más amplia que suavizar costes de servicios o controlar publicidades perniciosas. La idea principal es que hay que reducir sustancialmente todos los consumos, dando pasos por el buen camino hacia un futuro posible (aunque parezca lejano): se trata de las telecomunicaciones, la alimentación, los combustibles, el ocio… todo eso hay que ir “desindustrializándolo” y convirtiéndolo en medios, justos y equilibrados, de vida moderada, no en fines obsesivos… En realidad, si fuera verdad que este Gobierno quiere hacer transición ecológica, este Ministerio sería el principal organismo para poner en marcha los cambios necesarios, así como la educación popular previa. Sin embargo, se enmaraña en adecentar el consumo y, por ejemplo, no se entera de la “reconversión” que rápidamente está viviendo la publicidad con la pandemia, en sentido completamente contrario a la sensatez ecológica, energética, económica, moral, etc.

Pero, ¡cuán lejos está de esta percepción nuestro Gobierno y nuestro ministro! A nuestro economista (que tengo que suponer clásico y de Facultad y manual, con lecturas de Marx provechosas, pero que difícilmente llevan al ecologismo) no resulta fácil encontrarle la sensibilidad ecológica mínima para responder a las exigencias de los tiempos. Pasmados nos ha dejado a muchos cuando, recientemente, se ha pronunciado de forma encomiástica sobre el rol y la conciencia ecológica del papa Francisco y la Iglesia Católica, aludiendo a su encíclica sobre clima y medio ambiente, un texto con el que el obispo de Roma ha tratado, con 40 años de retraso y sin aportar nada nuevo, de templar (divinas) gaitas, tan oportunista e hipócrita resulta (Con esta penosa anécdota, AG ha recordado a aquellos militantes de la Juventud Obrera Católica, la JOC de una generación anterior a la suya, que tantos comunistas dio pero que tan pocos ecologistas produjo.)

Lo más serio, con todo, es que colaborar en un Gobierno que no posee más referencia de cómo encarar la crisis (me refiero a la socioeconómica arrastrada, no a las consecuencias de la pandemia de este mismo signo) que la liberal, y que no se plantea realmente el futuro a medio plazo (no digamos a largo), no sólo es perder el tiempo, sino que marca para siempre, ya que descalifica a IU para ofrecer una alternativa creíble en ese futuro, inevitablemente duro, que nos espera. Es demostrar la misma incapacidad que el Gobierno como un todo, y es quemar a un partido de méritos singulares, que es lo que conviene recordar, ahora, a su líder. No creo que sirva de argumento ningún “sentido de la responsabilidad” en horas críticas de la gobernación, ni la generosidad política ante un periodo ciertamente ingrato.

Que no creemos propio de IU, ni de su trayectoria, tener que tragar o avalar políticas como las actuales que, lejos de ser sensatamente de emergencia, son más bien de cínica entrega al capitalismo más oportunista; y que, con ese slogan rector de “recuperar la tasa de crecimiento”, se aparta de objetivos que ya no pueden demorarse y que apelan tanto a la equidad social como a la supervivencia física.

Consentir (solidarizándose con la aprobación por el Gobierno) el último golpe de mano de la banca, que nos arrebata definitivamente la posibilidad de que haya un sector financiero público, cuando más falta hace, no es de izquierdas, por mucha emergencia que nos envuelva. Por supuesto que siempre habrá urgencias para disculpar cosas importantes, que quedan por hacer: así ha sido siempre con la izquierda rosada en el poder, que nunca ha podido –ni lo ha pretendido– salirse del cerco liberal (primero el material, luego el mental). Pero esto ya no puede consentirse, y al menos IU tendría que plantarse (No pensará AG que la fusión Caixa-Bankia no afecta a los consumidores: supone un zarpazo al ciudadano, que anuncia más humillaciones y despellejamientos, por su control sobre el poder político y su inmensa capacidad monopolística.)

Y tampoco –sólo un ejemplo más– es propio de políticos con conciencia y solera dejar pasar la fechoría que trama el Gobierno con la nueva Ley de Telecomunicaciones, contemplada como una vergonzosa y peligrosa entrega a los intereses de este sector y cuyo borrador es tan autoritario –imponiendo la razón tecnológica a la política– que deja por buena la anterior Ley, vigente desde 2014, del inolvidable ministro Soria, que tan notables novedades antidemocráticas aportó.

Aun así, teniendo que lamentar el ruinoso papel que para la izquierda está desempeñando AG en la actualidad política (como así, lealmente, lo entendemos), creemos que es en IU donde recae la responsabilidad histórica de enarbolar la bandera de esa Izquierda Ecologista urgente y necesaria. Toda una labor incontestablemente cívica y plenamente revolucionaria, que supondría cambios radicales en la actual organización y en sus líderes, que no deben perder esta oportunidad estratégica.

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24 de octubre de 2020 - 09:29 h

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