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Murcia y aparte es un blog de opinión y análisis sobre la Región de Murcia, un espacio de reflexión sobre Murcia y desde Murcia que se integra en la edición regional de eldiario.es.

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'Quienes se marchan de Omelas': confundir derechos y privilegios

La escritora Ursula K. Le Guin.

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'Quienes se marchan de Omelas' es un cuento corto y espectacular de Ursula Kroeber Le Guin. Es un texto que se ha traducido y liberado en ambientes ácratas y Nordica Libros lo ha editado con ilustraciones este 2022. 

El cuento es una variación sobre un tema central de Los Hermanos Karamazov de Dostoyevski (1958) y el ensayo El filósofo moral y la vida moral de William James, (1897). A raíz de estas lecturas, Le Guin escribió este cuento breve en el que, como en toda su obra hay una reflexión antropológica, social y ética. 

William James nos plantea que pasaría «si se nos ofreciera la hipótesis de un mundo en el que las utopías de los Srs. Fourier, Bellamy y Morris estuvieran superadas y millones de personas fueran permanentemente felices con la simple condición de que cierta alma perdida más allá del límite de las cosas llevase una vida de solitaria tortura».

'Quienes se marchan de Omelas', a través de la ciencia ficción, nos plantea esa misma duda sobre la justicia y la equidad a través de una ciudad en su solsticio de verano donde todo es bonito, tienen riqueza, tecnología, viven en la abundancia y todos sus habitantes son felices. Le Guin, en su estilo descriptivo habitual, teme que una ciudad ideal no le parezca agradable a todo el mundo y plantea añadir alguna orgía o droga que puedan hacerla más atractiva para la imaginación de la persona lectora. La idea es que todos sean cómplices de esa felicidad desmesurada. Todos excepto un niño que malvive encerrado en un sótano como puede. Él quiere salir porque sabe lo que hay fuera, pero la paradoja se encuentra en que si el niño saliese del sótano la felicidad del resto terminaría.

El utilitarismo (de John Stuart Mill) dice que las decisiones sociales deben tomarse en beneficio de la mayoría por lo que según esta corriente Omelas sería un buen lugar para vivir. Pero ¿hasta dónde puede llegar el beneficio de la mayoría? Kant, señor en el que basamos nuestra ética actual, nos recordaría que existen derechos inherentes al ser humano que tienen que hacernos replantearnos las ideas de felicidad asignadas. De hecho, no son tan mayoritarias si hay gente que abandona lugares como Omelas.

Y es que tendemos a confundir privilegios con derechos, con buena suerte o agencia propia, como si no fuéramos fruto de nuestra socialización, educación y/o entorno, como si realmente todos tuviéramos la posibilidad de elegir libremente y ninguno/a fuéramos a ser nunca ese niño de Omelas. 

Personalmente, no sé a dónde nos dirigimos cuando decidimos no seguir perpetuando un sistema injusto y basado en las opresiones ajenas. No sé si conseguimos ir a un lugar común o nos volvemos ermitaños. Me gustaría seguir creyendo en aquella bella frase de una amigo de Galeano que decía que la utopía sirve para caminar, que esos lugares que no existen perfectos, fijos y deseables que soñaban FourierBellamy y Morris aún son de utilidad. Y es que no hay nada más práctico que una buena teoría.

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