Del mar de los Sargazos al Segura: el viaje de la anguila

Unas pocas décadas atrás, la anguila era un manjar lleno de nutrientes para los huertanos

El mar de los Sargazos es el único del mundo que no baña costa alguna, aparte de las islas Bermudas. En este inmenso cementerio de buques en pleno Atlántico, célebre por sus calmas chichas, refugio de piratas y terror de antiguos navegantes, empieza y termina el ciclo vital de la anguila europea, incluidos los pocos ejemplares que quedan en la Región de Murcia.

Con el fin de evitar la desaparición de esta especie en el Segura, donde ya una vez se dio por extinguida, nace el Proyecto Anguila, de la asociación Columbares.

“La presencia de anguilas en el Segura fue, como en todos los ríos europeos, superabundante en el pasado, pero la destrucción de su medio las llevó a la extinción”, explica la bióloga Paz Parrondo, especialista en conservación natural y coordinadora del Proyecto Anguila. De hecho, la población de anguila europea se ha visto reducida al 1 % en sólo cuarenta años.

En el Mar Menor su pesca es legal, pero altamente regulada.

Una buena noticia saltó en 2014, cuando una veintena de ejemplares fue detectada por en el molino del Caballero, Puebla de Soto: La anguila había regresado al Segura.

Este pez catádromo llega a Europa tras un viaje de dos años por el Atlántico, dejándose arrastrar en su forma larvaria por las grandes corrientes hasta la plataforma continental.

Una vez alcanza las costas europeas, muta y remonta los ríos. Las zonas cercanas a las desembocaduras y estuarios serán su hogar durante unos diez años, cuando alcance la madurez sexual.

Transcurrido ese tiempo, emprende el viaje final de regreso al mar de los Sargazos: abandona los ríos y atraviesa el Estrecho de Gibraltar evitando depredadores y corrientes adversas. El viaje de la anguila se prolonga más de 4.000 kilómetros.

Las que logran alcanzar su destino, desovan y mueren, cerrando así el ciclo de la vida, garantizando la continuidad de la especie. Así ha sido durante millones de años.

Pero la actividad humana ha roto este círculo más antiguo que la propia humanidad: “Al llegar a los ríos, la anguilas jóvenes se encuentran con que no pueden remontarlos. Obstáculos como presas y azudes interrumpen su viaje justo cuando están a punto de culminarlo”, explica Parrondo.

“Ya sólo entre Murcia y la desembocadura del Segura hay doce azudes”, señala David Verdiell, técnico de campo del Proyecto Anguila y especialista en vertebrados acuáticos.

Columbares proyecta la creación de rampas en este tipo de lugares, lo que permitirá a las anguilas, “un animal muy trepador”, franquear barreras que, de otro modo, significarían su final.

“La anguila es una gran nadadora, no se resigna y busca nuevos caminos por las acequias”, afirma Parrondo. Por eso, en otra época, encontraba refugio en los ancestrales sistemas de riego de la huerta murciana. Sin embargo, con el abandono de la agricultura tradicional, ha perdido también este santuario.

Unas pocas décadas atrás, la anguila era un manjar lleno de nutrientes para los huertanos. Cuando se vaciaban las acequias, se amontonaban a docenas en el fondo de las pozas. No había más que cogerlas, abrirlas y pelarlas. Para que no se escurriesen, las agarraban con hojas de higuera.

Hoy, Columbares lleva a cabo la limpieza y dragado de tramos de acequia abandonada: “Antes había pequeñas playas en estas pozas, la gente nadaba en ellas”, rememora Parrondo. Pero, al caer en desuso, están anegadas de basura: “Sólo en la primera intervención, sacamos tres contenedores”.

La contaminación es el otro gran enemigo de la anguila: “En los años noventa, el Segura era una cloaca a cielo abierto”, recuerda Verdiell. “A la circunstancia de que esto ha mejorado, se suman las fuertes lluvias de hace unos años, que incrementaron el caudal del río. Eso posibilitó que las anguilas se adentraran en él”.

El riesgo de que la anguila vuelva a desaparecer del Segura será siempre muy alto: “Bastaría un aumento de la contaminación para que muriesen todas”, afirma Verdiell. Y subraya la necesidad de plantear el rescate de este pez como una labor a largo plazo: “Cuando se trata de proteger a una especie, con dos años de trabajo no basta”.

De momento, la iniciativa de Columbares cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Murcia, la Consejería de Medio Ambiente y la Fundación Biodiversidad.

En muchos aspectos, la anguila sigue siendo un misterio: ¿Por qué regresa al mar de los Sargazos a desovar y morir? Aparte de las condiciones favorables que éste ofrece para la reproducción, una teoría incide en la asombrosa antigüedad de la anguila: Alcanzó su actual estado de evolución hace más de 140 millones de años. Algunas subespecies son coetáneas de los dinosaurios. El movimiento de las capas tectónicas no había separado apenas América y Europa entonces, con lo que la migración de la especie sería mucho más corta. Con el discurrir de millones de años, el animal se habría ido adaptando al alejamiento progresivo de los continentes con viajes migratorios cada vez más largos y difíciles.

Durante un taller de difusión del Proyecto Anguila, una profesora de Biología comentó: “Es increíble cómo la vida, de tan arraigada como está en el planeta, por mucho que se la destruya, encuentra siempre un cauce para seguir”.

Quizá por eso Murcia tiene hoy una nueva oportunidad para proteger a un pez que, en otro tiempo, llenó de vida sus ríos y acequias.

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