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Murcianos en el origen del universo

Hablamos con Fran, Javier y José, tres jóvenes murcianos que trabajan en el acelerador de partículas de Suiza

Javier y Fran en el acelerador de partículas

Javier y Fran en el acelerador de partículas Silvia Nortes / Suiza

Si les digo ‘Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales’, seguramente les suene a algo muy importante, pero igual de tedioso. Si les aclaro que en ese lugar se estudia de qué se compone el Universo y cómo empezó todo, y que lo hacen con el acelerador de partículas más poderoso del mundo, quizá empiecen a interesarse algo más. Y si, además, les cuento que unos cuantos murcianos están ayudando a descifrar el enigma, entonces puede que ya les tenga enganchados. Si es así, les agradezco que sigan leyendo, y que conozcan a tres jóvenes que han cambiado el calor y la comodidad de casa por la rigurosidad de la ciencia.

En 1954, la frontera franco-suiza vio surgir este proyecto de colaboración internacional en física de partículas, conocido como CERN. Nació con espíritu internacional como uno de los primeros laboratorios conjuntos en Europa, con España como uno de los miembros fundadores. A día de hoy, veinte estados financian los estudios del CERN y aportan un valiosísimo capital humano que conforman más de 10.000 personas, entre las que se encuentran Fran, Javier y José.

¿Cómo es trabajar en el laboratorio de física más importante del mundo?

Ingeniero mecánico, informático y físico respectivamente, estos tres murcianos representan a la juventud cualificada de la Región en el centro de la innovación científica. Fran, de 27 años, y José, de 28, se acaban de incorporar a las ‘entrañas del cosmos’ con el programa FTEC de prácticas para españoles, mientras que Javier, de 22, acaba de terminar su primer año como ‘technical student’.

Hay numerosas nomenclaturas para cada uno de los programas de formación y empleo que ofrece el CERN pero, en el día a día, todos tienen su carga de responsabilidad. “Sacas proyectos adelante y trabajas como cualquiera. Tienen muy en cuenta que tú estás ahí para formarte, y te dan todas las oportunidades de entrar en un programa líder sin apenas experiencia”, comenta Javier.

Fran, por su parte, destaca la importancia de la colaboración. “Hay muchos proyectos de menor escala que el acelerador, pero todos al final trabajamos para él. Es como una cadena en la que todo tiene que funcionar perfectamente, y de eso somos responsables desde el primero hasta el último”.

Abusando deliberadamente de la simplificación (necesitaríamos un volumen de la Espasa para explicar su funcionamiento), el CERN está compuesto por una estructura de aceleradores y detectores de partículas. Los aceleradores forman una cadena que impulsan a las partículas, hasta que colisionan. Los detectores observan los resultados de esas colisiones.

Fran está trabajando en la mejora de uno estos aceleradores, que inyecta radiofrecuencia a los imanes que aceleran las partículas; Javier da soporte de software para los experimentos que giran en torno a los detectores; y José colabora en la puesta en marcha de un detector de neutrinos.

Son programas concebidos para transferir conocimiento alrededor de los estados miembros. Esto es, para que los frutos del aprendizaje se pongan después en práctica en proyectos científicos españoles. “Esto es muy bueno, porque lo que aprendamos lo podremos aplicar en cualquier tipo de empresa”, recalca Fran.

Antes de entrar en el CERN, y como viene siendo lo habitual entre los jóvenes españoles, tuvieron que enfrentarse a un escenario laboral inestable.

Fran dio “mil tumbos por ahí”. Trabajó como becario en una pequeña oficina técnica que terminó cerrando, y estuvo buscando trabajo durante un año. Después de un tiempo en una empresa de aerogeneradores, se lanzó a la piscina y estableció su propia empresa. “El proceso de búsqueda de empleo fue muy frustrante, así que decidí aplicar lo que había aprendido durante las prácticas en un proyecto mío”. Y en ello estaba, cuando le llamaron para irse a Suiza.

Para José no fue difícil encontrar trabajo, pero “otra cosa es encontrar un trabajo con unas condiciones dignas y que sea interesante. Cuanto más interesante era, más precarias eran las condiciones.”

 

Javier tuvo más suerte, y se incorporó al proyecto recién salido de la facultad. Ya conocía a gente que había conseguido entrar, y nos promete que el proceso no es para nada difícil. “Una vez que se abre la convocatoria, envías tu currículum, y a esperar. No tienes que pasar mil pruebas ni buscan a gente con muchísima experiencia.” “No hay entrevistas ni procesos farragosos, tan típicos en España, donde se hacen procesos de selección para becas ‘cutres’ como si fueran verdaderas oposiciones”, apostilla José.

Los tres coinciden, además, en las comodidades e incentivos que ofrece el CERN para sus trabajadores. “Seas del escalafón más bajo o del más alto, te van a tratar igual. Desde el primer momento te involucran en los procesos, y colaboras con diseños y tomas de decisiones que luego se llevan a cabo. Es muy gratificante ver cómo tu criterio se valora y se aplica, aunque seas un recién llegado”, nos cuenta Javier.

Pero… ¿en qué nos beneficia el CERN?

Cuando a uno le cuentan que se trabaja con física de partículas, es casi inevitable imaginarse un escenario con más de ciencia-ficción que de realidad plausible, sin nada que ver con nuestras vidas mundanas de oficinas, compras y escapadas a la playa. Pero no nos dejemos apabullar por conceptos enrevesados, porque el conocimiento que se genera en el CERN es más aplicable de lo que podamos pensar. 

Para José, “lo más significativo son los proyectos enfocados a física médica, como puede ser la radio terapia. Hoy día puede haber todo un sistema de aceleradores en cada hospital. En ese sentido, sí que hay un impacto ‘indirecto’ mayor de lo que uno cabría esperar, aunque hay que decir que España se aprovecha poco.”

“Aquí se investiga con conceptos tan elevados que en muchas ocasiones hay que desarrollar la tecnología y herramientas necesarias, ya que no existen fuera. Por ejemplo, las radiofrecuencias que se diseñan en el CERN sirven para la lucha contra el cáncer, porque hacen más precisa la eliminación de tejidos dañinos”, añade Fran.

¿Fuga de cerebros, o intercambio de conocimiento?

Según los últimos resultados publicados por el Instituto Nacional de Estadística, 6.400 jóvenes murcianos de entre 20 y 35 años residen actualmente en el extranjero. Esta cifra supone un aumento de algo más del 60% con respecto al mismo indicador en 2012. Nuestros tres murcianos en el origen del Universo son sólo una pequeña muestra de esta población joven que, queriéndolo o no, se aventuran a trabajar en un entorno distinto al habitual, manejando otro idioma y, en definitiva, aprendiendo a crecer fuera de la tan mencionada ‘zona de confort’.

Les preguntamos si, detrás de estos datos y de su propia experiencia se encuentra el hecho de que los profesionales de sus especialidades estén mejor valorados fuera de España. “En la industria es complicado encontrar trabajo en Murcia”, se lamenta José, “porque no hay empresas que apliquen el conocimiento que se genera aquí. Y en el sector público es difícil, salen pocas plazas, y hay mucha competencia. Además, cualquier cosa en España con el adjetivo nuclear se encuentra con el rechazo de la población.”

Fran añade que “en Murcia hay sitios en los que ni siquiera conocen el CERN, así que puede que lo vean en mi currículum y se queden igual. Pero creo que en grandes ciudades como Madrid o Barcelona sí que me valorarían de la misma manera que pueden hacerlo fuera”.

José incide en lo relevante del intercambio de conocimiento. “Hay que plantearse qué condiciones es necesario crear para que el flujo de profesionales sea positivo. Ahora sale más de ese conocimiento del que entra, y habría que revertir esa situación, y conseguir que profesionales vengan a España y traigan conocimiento de fuera al país.”

Para Javier, el problema son las condiciones. “Sí creo que estar en el CERN me hará más fácil el optar a un buen puesto en España, pero puede que me ofreciesen empezar de prueba o prácticas, y eso no lo aceptaría”.

No obstante, los tres subrayan lo gratificante, personal y profesionalmente, de vivir una experiencia internacional. "Si quieres formarte tienes que salir fuera, a aprender de los mejores”, comenta José.

La vuelta, en el horizonte

Trabajar en búsqueda del origen del Universo suena muy bien, pero volver a España en un futuro siempre es una opción. Javier, por ejemplo, no se había dado cuenta de la vida tan cómoda que te da Murcia hasta que tuvo que salir. “En Suiza hay otras cosas que aquí no encuentras, un modo de vida de ciudad más europea, oferta cultural, diversidad… pero la calidad de vida que hay en España es difícil igualarla. La pena es que tengas que salir para valorarlo”.

“Echo de menos a la gente que tengo en Murcia, pero hoy en día las distancias son cortas y  los vuelos baratos. Y, si me apetecen michirones, me los hago”, concluye José.

Fran se une a estas ganas de volver en un futuro. “A mí me gustaría volver y seguir desarrollando mi proyecto. Ya había conseguido algunos clientes en poco tiempo, así que estaría bien continuar con ello”.

En un momento poco halagüeño para la investigación en España (la media de inversión en ciencia en la Unión Europea es del 2% del PIB, mientras que en nuestro país no supera el 1,5%, según datos de la OCDE), es necesario poner en valor a jóvenes como Fran, Javier y José.

De profesionales como ellos depende que nuestro país se asegure un futuro en la vanguardia del desarrollo científico. Y, sin son de Murcia, ¡mejor que mejor!

Nosotros os esperamos por aquí, chicos. Que el origen del Universo os pille trabajando.

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