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ENTREVISTA | Antonio Mantecón (Santander Sí Puede)

"No manejamos otra posibilidad que no sea un resultado que se concrete en un cambio de gobierno en Santander"

El portavoz de Santander Sí Puede y candidato a las primarias de la confluencia defiende que "sería un fracaso que no hubiese un cambio profundo en la ciudad"

Sobre la sentencia que declara ilegal su expulsión del grupo municipal: "Hubo un golpe antidemocrático ejecutado desde el Ayuntamiento contra una oposición legítima"

"Yo no espero del Partido Popular nada que tenga que ver con unos principios éticos o morales. Por lo tanto, no espero ni disculpas ni rectificaciones", reconoce el edil

El concejal  y portavoz de Santander Sí Puede, Antonio Matecón. | LARO GARCÍA

El concejal y portavoz de Santander Sí Puede, Antonio Matecón. | LARO GARCÍA

Antonio Mantecón (Santander, 1971), representante de Santander Sí Puede y candidato en la confluencia de izquierdas que concurrirá en las próximas elecciones municipales bajo la marca Unidas por Santander, lleva una legislatura como concejal en el Ayuntamiento de la ciudad, aunque tres de esos cuatro años ha tenido que ejercer como edil no adscrito como consecuencia de una expulsión ilegal del grupo municipal del que era portavoz. Así lo ha reflejado una sentencia dictada recientemente por la Audiencia Provincial de Cantabria, que reconoce también muchas de sus reivindicaciones y que él califica de "victoria moral, política y ética".

Acusa directamente de esa decisión irregular al equipo de Gobierno del PP, liderado en aquel momento por Íñigo de la Serna, que a su juicio tenía como objetivo "desactivar" su labor de oposición. Y es que en todo este tiempo ha tenido que trabajar en unas condiciones muy precarias. Tras su calificación como no adscrito fue señalado como "tránsfuga" por el Partido Popular, perdió todos los recursos económicos que le correspondían como portavoz de un grupo político, sus auxiliares fueron despedidos, se quedó sin despacho o cualquier otro lugar de reunión dentro de las instalaciones municipales, e incluso ha tenido que pagar de su bolsillo el material de oficina. Su único espacio en el Consistorio pasó a ser un buzón con su nombre instalado en un cuarto interior junto a los baños y la máquina de café, en el que posa para la foto que ilustra esta entrevista. "Se ha desarrollado una campaña de difamación a lo largo de toda la legislatura que trataba de deslegitimarnos, tanto políticamente como personalmente, frente a la opinión pública", dice. Ahora pide una reparación inmediata.

¿Qué valoración hace de la sentencia que anula su expulsión del grupo municipal en el Ayuntamiento de Santander y que reconoce las reivindicaciones que viene reclamando en el Consistorio desde hace casi tres años?

La sentencia ha supuesto una gran alegría para nosotros, evidentemente. Es cierto que llega un poquito tarde, pero constituye un premio al trabajo, al esfuerzo y al tesón que hemos demostrado desde Santander Sí Puede durante tres años, que es el tiempo que hace que se nos privó de nuestro grupo municipal por defender nuestros derechos y por defender nuestra honestidad frente a lo que consideramos que era un golpe antidemocrático que se había pergeñado en el Ayuntamiento en connivencia entre el equipo de Gobierno del PP con esta organización política, o más bien, esa empresa que se dedica a obtener beneficios económicos de los diferentes grupos municipales que posee.

Es cierto que a partir de ahora queda muy poco tiempo de legislatura, es cierto que ya quizás, desde el punto de vista de la reparación de derechos y la obtención de recursos no tiene mucho sentido, pero sin duda se trata de una victoria moral, política y ética. A nosotros nos repara y nos da la razón en todo lo que habíamos defendido. Despeja todas las dudas que se habían generado sobre nosotros.

¿Cuáles son los mayores perjuicios que ha sufrido en su faceta de concejal a la hora de ejercer su labor de oposición como consecuencia de aquella decisión irregular de expulsarlo del  grupo municipal y convertirlo en edil no adscrito?

Hay unos perjuicios evidentes que se han manifestado en las dificultades que hemos tenido para hacer política. Es cierto que, en un primer momento, dijimos que eso no nos iba a afectar porque la política la hacíamos en la calle, porque era ahí donde nosotros operábamos principalmente, pero la realidad ha sido que en el ámbito institucional, a la hora de confrontar con otras opciones políticas, o en nuestra labor de fiscalización de la labor de Gobierno del Partido Popular, es cierto que esos recursos, y no hablo solo de recursos económicos, sino del hecho de disponer de unos auxiliares que se encarguen de tareas administrativas dentro del Ayuntamiento, o el hecho de tener un lugar en el que recibir a la gente que va a preguntarnos o a transmitirnos un problema dentro del Consistorio, o de disponer incluso de material de oficina… es importante. No solamente no hemos percibido recursos económicos, sino que debido a no tener nada de todas esas cosas, yo mismo he tenido que poner dinero de mi bolsillo hasta para las cosas más insignificantes. Todo eso supone una carga importante.

Aun así, creo que nosotros nos hemos sobrepuesto a eso y hemos hecho una labor muy meritoria como oposición. Durante mucho tiempo creo que hemos sido referentes dentro de esa oposición y creo que, además, hemos cambiado la forma de hacer política en el Ayuntamiento. Tenemos la sensación de que, de alguna manera, hemos servido de ejemplo a aquellos que realizaban una oposición más silenciosa. Hemos demostrado que, a pesar de todas estas dificultades, podíamos presentar una alternativa al poder hegemónico desde hace 40 años en esta ciudad.

¿Y cómo lo ha vivido a nivel personal?

Bueno, luego están los problemas que se han generado en el plano personal, tanto para mí como para mis compañeros de Santander Sí Puede. Estas son las cosas que quizás la ciudadanía menos se imagina. Aquí ha habido una privación de derechos. En Santander se produjo un golpe antidemocrático ejecutado desde el Ayuntamiento contra una oposición legítima mintiendo conscientemente sobre el procedimiento que se llevaba a cabo. Se ha desarrollado una campaña de difamación a lo largo de toda la legislatura que trataba de deslegitimarnos, tanto políticamente como personalmente, en todos los órdenes, frente a la opinión pública.

Mi entorno más cercano lo ha vivido de una manera importante, mis compañeros se han visto afectados, pero además hay familia o amigos que sufren por la situación que se da y que es bastante difícil de llevar a veces. El objetivo final de estas campañas de difamación perfectamente orquestadas es precisamente ese, que tú te agotes, que tires la toalla y que lo que podía ser una opción política que ha presentado una dura batalla como oposición dejase de serlo.

¿Se lo llegó a plantear? ¿Pasó por su cabeza dejarlo?

Personalmente no es que llegara a pensármelo, es que nunca merece la pena el esfuerzo y el sacrificio que un cargo como el que yo llevo a cabo a nivel personal. Es decir, no hay ningún beneficio personal más allá de la satisfacción de saber que estás haciendo lo correcto. Es verdad que, a veces, sobreponerte a este tipo de circunstancias supone un refuerzo y ese ha sido muchas veces mi caso. En muchas ocasiones, ante este cúmulo de adversidades, nos hemos reforzado en nuestras posiciones. Si tan agresivos son contra nosotros será que lo que estamos haciendo lo estamos haciendo bien, será que hacemos algo que defiende los intereses de la ciudadanía contra los intereses de esa minoría privilegiada que el Partido Popular defiende, y será por tanto que nos estamos constituyendo en una amenaza real contra una forma de gobierno que creemos que está en declive y que estamos generando esa expectativa de cambio. Esta idea, esta perspectiva, esta coyuntura que nos hacía ver las cosas desde esta perspectiva nos ha hecho permanecer firmes, pero la ciudadanía tiene que tener claro que la mayoría de las veces esto no da satisfacciones.

Se le ha llamado tránsfuga en repetidas ocasiones a lo largo de la legislatura e incluso llevó a los tribunales al exalcalde de Santander, Íñigo de la Serna, por lanzar insinuaciones y acusaciones contra su actividad política. ¿Cree que esta sentencia va a acallar esas afirmaciones que se han vertido insistentemente desde el Partido Popular? ¿Espera una rectificación?

Yo no espero del Partido Popular nada que tenga que ver con unos principios éticos. Por lo tanto, no espero ni disculpas ni rectificaciones. Supongo que tendrán el sentido común y la inteligencia suficiente para no volver a llamarme tránsfuga cuando hay una sentencia que realmente lo aclara todo. En realidad, la anterior sentencia, aunque no nos daba la razón, ya dejaba claro que yo no era un tránsfuga. Lo dejaba claro al señalar que yo no pertenecía a Ganemos, aunque también decía esa sentencia, y ahora se ha rectificado desde la Audiencia de Cantabria, que esa expulsión, que era irregular, no me había perjudicado políticamente. Pero en aquel momento ya estaba claro y han seguido llamándome tránsfuga durante todos estos meses en el pleno.

De la misma manera que otra de las acusaciones que habían hecho era aquel supuesto intento de llevarme dinero a una cuenta... Siempre he defendido que aquella cuenta que habíamos presentado se había hecho con el conocimiento en su totalidad del interventor municipal del Ayuntamiento, y en el propio juicio el interventor dijo que no había habido ninguna irregularidad en lo que habíamos hecho. Y aun así han seguido diciéndolo. Son dos cosas que quedaron claras en aquel juicio y que desmontaban sus acusaciones, y esas acusaciones se han seguido repitiendo, como las acusaciones de que yo no representaba a nadie. Ahí están los votos, ahí está el apoyo de la gente, ahí está la confluencia, ahí está el respaldo que tengo de una organización política que, a su vez, tiene el respaldo de una parte de la ciudadanía de Santander que debe ser tenida en cuenta. Esto lo ha negado siempre el Partido Popular y nos han insultado a raíz de esa negación de nuestra legitimidad, porque la única legitimidad que el Partido Popular entiende es la que supuestamente a ellos les da una mayoría que no tienen y que, a su vez, es menor con el paso del tiempo. No espero ninguna rectificación de ellos, pero sí se la vamos a exigir, por supuesto.

Hay un plazo de 20 días para recurrir esta sentencia ante el Tribunal Supremo. ¿Cuenta con que ese recurso se presente y se retrase que sea firme?

No sé lo que van a hacer, pero creemos que, aunque presenten recurso, la sentencia es bastante clara y difícilmente se va a revertir. El recurso tiene que ser ante el Tribunal Supremo, lo que retrasaría los plazos. Es una situación que estamos valorando, porque solo hace tres días que conocemos el fallo, pero aunque se presente ese recurso cabe la posibilidad de que exijamos la restitución de los derechos que nos arrebataron ilegítimamente hace tres años, aunque sea de manera cautelar. Son cuestiones legales que hay que valorar a partir de ahora.

El concejal  y portavoz de Santander Sí Puede, Antonio Matecón. | LARO GARCÍA

Mantecón en la plaza del Ayuntamiento de Santander. | LARO GARCÍA

A falta de tres meses para que se celebren unas nuevas elecciones municipales, ¿va a pedir que se restituya su situación en el Ayuntamiento al momento previo a la expulsión?

Viendo la sentencia, creemos que su ejecución es clara. Al anular la expulsión del partido, que fue el motivo de mi expulsión del grupo municipal, creemos que están obligados a restituirme en las mismas condiciones en las que estaba. Eso pasa por devolverme al grupo municipal en la condición de portavoz. La sentencia hace referencia al reglamento interno que teníamos y que la otra concejal firmó, aceptando por tanto las condiciones que ahí se reflejaban Yo era portavoz y se establecían todos los procedimientos en cuanto a la toma de decisiones, por lo que intentaremos llevarlos a cabo en cuanto la sentencia sea firme. No es solamente devolverme al grupo municipal, sino hacerlo en las mismas condiciones en las que estaba. Todo lo que ha ocurrido posteriormente a mi expulsión del partido, y por tanto del grupo, debería quedar anulado al quedar anulada la causa que lo origina.

Distintos concejales y portavoces municipales de diferentes partidos políticos de la oposición lo han felicitado públicamente y han considerado que se hacía justicia con esta sentencia. ¿Por parte del PP ha habido alguna comunicación al respecto o algún movimiento del equipo de Gobierno para buscar una solución con la misma agilidad que se tuvo para concretar su expulsión del grupo?

[Ríe] Yo de quien esperaba la enhorabuena era de Íñigo de la Serna, que fue quien, al fin y al cabo, provocó la situación, pero todavía no se ha producido esa comunicación. No sé si la estará valorando… o no. [Ríe]. Es cierto que los portavoces de los grupos de oposición, Pedro Casares, José María Fuentes-Pila y Miguel Saro, han manifestado su enhorabuena por esta sentencia porque todo el mundo veía que se estaba cometiendo una auténtica injusticia y, además, así lo han defendido en varias ocasiones en el pleno. Todos tenemos muy claro que en la política, independientemente de las diferentes opciones que podamos defender e independientemente de que a veces el debate se vuelta tan arisco, existen líneas rojas que no se pueden traspasar. Sin embargo, el Partido Popular está demasiado acostumbrado a traspasar esas líneas rojas en esta ciudad. En acciones tan visibles como esta, y en otras difícilmente confesables públicamente pero que, por desgracia, se dan. Hacen que el PP actúe a veces más como una especie de mafia que como un partido político que representa cierta legitimidad. Creo que es producto de su poco talante democrático y de la creencia de que gobiernan una institución en esta ciudad que les pertenece por un derecho legítimo o divino que no alcanzo a saber cuál es o dónde se inspira, pero que se plasma en eso.

Tenemos constancia de que cada vez que tienen una oportunidad de agredir o de debilitar a un grupo político de la oposición de una manera ilegítima, incluso a veces entrando en un ámbito privado de determinados cargos públicos, no dudan lo más mínimo en hacerlo. Eso es imperdonable y es lo que a nosotros nos ha hecho que no hablemos, no negociemos, que hayamos decidido hace tiempo que no merece la pena dialogar con quien entiende la política de esta manera. Sin embargo, con otros grupos con los que tenemos diferencias políticas importantes, en este marco de respeto mutuo, sí hemos llegado a acuerdos y hemos podido tener una relación fluida. Esto con las personas que forman actualmente el Partido Popular en Santander es absolutamente imposible. Digamos que esto es lo más visible, pero yo he tenido que soportar muchos insultos y muchas agresiones verbales en el pleno, al tiempo que he tenido que aguantar que luego intenten colgarme esa imagen a mí, cuando lo que yo digo o dejo de decir es público y notorio y se ve en los vídeos. Pero sí, hay un juego sucio soterrado que es totalmente inadmisible en política y creemos que en mayo será la ocasión de poner fin a todo esto y que se convierta en algo del pasado.

¿Y con su excompañera de partido es reconducible la situación si se restituye su posición dentro del grupo municipal?

Eso es totalmente imposible. Si me restituyen en la situación previa a la expulsión, veremos qué hacemos teniendo en cuenta los plazos que hay por delante. Pero una relación política con esta persona, o con Ganemos, es imposible porque han dado suficientes muestras de que no tienen ningún interés político, todo se reduce a un interés económico. Además, no han dudado en un momento concreto, porque era de conveniencia mutua, en aliarse con quien ejerce el poder de manera tan negativa para los intereses de la ciudadanía. Entonces, es absolutamente incompatible. Se nos coló una persona que no cumplía con los mínimos requisitos éticos, que nos mentía, y no vamos a contar con ella para nada.

¿Cree que esta decisión judicial le refuerza internamente de cara a la confluencia que se ha puesto en marcha entre las distintas opciones políticas de izquierdas?

Aunque nos ha costado, creo que habíamos conseguido que todo el mundo en el ámbito de la izquierda haya visto la realidad tal y como es. Es cierto que, al principio, había algunos compañeros que dudaban sobre quién podía tener la razón o la legitimidad, pero creo que ahora mismo ha habido un consenso absoluto. Yo he recibido muchísimos apoyos con el paso del tiempo de multitud de compañeros que han visto, no solo la injusticia que se cometía con nosotros, sino el tesón y la firmeza con los que nos estábamos defendiendo, así como la acción política que estábamos desarrollando. La calidad de las propuestas que hemos llevado al Ayuntamiento, aunque apenas se han tenido en cuenta por el equipo de Gobierno, quedan ahí. No nos queda duda de ese respaldo y no creo que tampoco nos vaya a reforzar internamente, no es el objetivo.

La confluencia se mueve por otras coordenadas, es un proyecto común en el que todos hemos puesto mucho esfuerzo. Se mueve más en el parte propositiva. Es cierto que va a haber unas primarias y que yo he dado un paso que considero legítimo y que me han pedido mis compañeros para intentar encabezar esa confluencia, pero luego el resultado que sea lo asumiremos con absoluta naturalidad y dentro de un evidente carácter democrático. No vamos a utilizar ni a instrumentalizar esto en ninguna medida. No le damos mayor importancia.

Pese a ese coste personal, ese desgaste que mencionaba antes, ha decidido dar el paso y repetir como candidato en las próximas elecciones municipales. ¿Por qué?

Me hace seguir adelante la expectativa de cambio y la capacidad de sacrificio. Yo soy consciente de que ese coste personal va a continuar de seguir adelante. Y sé que es un argumento muy manido el de la voluntad de servicio público o el hecho de que un cargo político diga que son los compañeros los que le empujan a seguir. Es cierto que es un argumento muy socorrido y, en un porcentaje muy grande de los casos, un argumento falso. [Risas] Pero no es mi caso. Se han producido esas dos circunstancias: las expectativas de cambio pueden ser un acicate para ese proyecto de confluencia y el hecho de que muchos compañeros me hayan animado a presentarme también.

Lo que sí tengo claro es que los cuatro años que vienen no pueden ser iguales que los cuatro años que he pasado. En eso también pesa el hecho de que vayamos en un proyecto más grande, donde se están estableciendo los mimbres para que se produzca una colaboración fructífera, para que el trabajo, la carga y la exposición estén bastante más repartidos, y creo que va a ser bastante más satisfactorio y en ningún caso tan tóxico como lo que hemos vivido en estos cuatro años. Si además de todo eso hay un cambio de gobierno, mejor que mejor. Es una experiencia que por otro lado apetece vivir. De todas formas, es algo que yo he dudado hasta el último momento, hasta el último día, y ha sido mi familia la que me ha ayudado a decidirme.

¿Cuál es el listón político que se pone esa confluencia? ¿Sería aceptable un buen resultado electoral que no permita por la aritmética municipal un cambio de gobierno en el Ayuntamiento de Santander?

No manejamos otra posibilidad que no sea un resultado que se concrete en un cambio de gobierno en Santander. Creo que tenemos que ir a las elecciones pensando que sería un fracaso que no hubiese un cambio profundo en la ciudad. Es cierto que estamos en un escenario muy volátil, pero esas tienen que ser nuestras aspiraciones. Cuando presentamos la confluencia nos preguntaban si estaríamos dispuestos a votar a favor de la investidura de otro alcalde y yo dije que nuestro objetivo es que el alcalde fuese de la confluencia, y que por lo tanto había que preguntar a las otras fuerzas políticas si estaban dispuestas a apoyar a un alcalde de Unidas por Santander, el nombre con el que nos presentamos.

En que es necesario un cambio político creo que hay un consenso entre toda la oposición. Y luego, como será el reparto de poder en este ambiente tan cambiante está por ver. Nosotros tenemos que ir a las elecciones con todas las expectativas abiertas. El drama que tiene Santander, y por el que la derecha gana repetidamente desde hace 40 años, es porque hay una población, un número importante de santanderinos, que están desencantados, que no han sido capaces de reconocer entre las diferentes opciones el proyecto político que puede responder a sus intereses y atender a sus necesidades. Eso tiene mucho que ver con el contexto de polarización social que hay en Santander y que no se da probablemente en otros municipios. Estamos hablando de un 35% de abstención en las últimas elecciones municipales. Es sobre todo a esa gente a la que hay que ofrecerle una alternativa que colme sus expectativas.

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