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ENTREVISTA | Ignacio Latierro. Confundador de la librería 'Lagun'

Confundador de 'Lagun': "Una gran parte de la izquierda abertzale ve el final de ETA como una liberación"

"No es malo pasar página de la violencia y mirar al futuro. A una sociedad no se le puede tener mucho tiempo mirando su pasado y sus culpas. Pero eso no puede conllevar que nos olvidemos de lo que ha ocurrido", apunta el 'librero emérito' de 'Lagun' y cofundador, Ignacio Latierro

"La amenaza de otro tipo de terrorismo y el deterioro en general del prestigio de las instituciones políticas hace que tengamos que recordar siempre que la democracia hay que cultivarla y defenderla día a día", advierte Latierro

"Nadie en su sano juicio está dispuesto a señalar hoy que el GAL fue algo legítimo, ni mucho menos defender lo que eso representó. En el mismo plano está ETA, que representa algo políticamente indeseable sin ningún tipo de justificación", subraya

Lagun, medio siglo de un símbolo

Ignacio Latierro, cofundador de 'Lagun',junto a María Teresa Castells, en la librería donostiarra. EFE

Cuando se acaba la épica de los homenajes, hay que subir de la persiana del negocio. Es justo lo que hizo el pasado viernes Ignacio Latierro (San Sebastián, 1943). En la librería 'Lagun' le esperaba el trabajo diario y un "montón de mensajes de correos electrónicos que tocaba responder", ya que el mundo de Twitter y Facebook le queda muy lejos a Latierro. La razón de esa catarata de mensajes: los 50 años de una librería que ha sido uno de los símbolos de resistencia en el franquismo y frente a los totalitarios que apoyaban a ETA, además de foco de pensamiento crítico, compromiso con la cultura y espacio de libertad.

A punto de cumplir los 75 años, este "librero emérito" -como él mismo se define- abre para este diario la puerta del negocio de libros que puso en marcha junto a María Teresa Castells -fallecida el pasado año- en la Plaza de la Constitución, en pleno centro de la Parte vieja donostiarra. Un lugar que tuvieron que abandonar por los ataques de la kale borroka. Pero la librería nunca se cerró. En pleno debate por el relato tras más de 50 años de violencia etarra y ahora que la organización terrorista va a echar el candado definitivamente, Latierro es de los que quiere pasar esa página trágica de la historia de este país y mirar hacia la convivencia futura. "A una sociedad no se le puede tener mucho tiempo mirando su pasado y sus culpas. Pero eso no puede conllevar que nos olvidemos de lo que ha ocurrido. Ni exonerar las culpas. Si a quienes cometieron o apoyaron todo ese tipo de crímenes, les resulta incómodo, pues serán ellos los que tendrán que decir que aquello estuvo mal", avisa. 

¡Vaya homenaje el otro día en el Victoria Eugenia de Donostia!

Estuvo muy bien. Fue muy emocionante y salió redondo. Fernando Bernués [director de la idea El libro aquel que compré en 'Lagun']  y su equipo se tomaron un trabajo tremendo y lo hicieron muy bien. Y luego las 50 personas que eligieron un libro y explicaron el porqué de su elección también estuvo interesante. Pero, sobre todo, fue un momento de reencuentro con mucha gente.

Imagino que en su mente estuvo muy presente en el homenaje del jueves María Teresa Castells, 'alma mater' del proyecto. Ustedes habían pensado en celebrar de alguna manera estos 50 años de 'Lagun'.

Habíamos empezado María Teresa y yo a hablar de celebrar los 50 años porque sabíamos que habíamos abierto la librería en diciembre de 1968. Pero hubiese sido una cosa muy modesta y de muchísima menos repercusión pública que todo esto. Lo que habíamos hecho sobre todo era empezar a rememorar libros, publicaciones que hubieran tenido alguna significación especial en la historia de 'Lagun'.

¿Por ejemplo?

No lo sé, era todo muy balbuciente. Hombre, nos acordábamos los dos de que antes de abrir la librería como tal, mientras duraban las obras, habíamos instalado en la puerta una mesa con una treintena de libros. Y, entonces, el que empezaba a destacar era Cien años de soledad, de García Márquez, que por aquellos días en Donostia era completamente desconocido. Se había publicado en Buenos Aires un años antes, pero a nosotros los de Madrid y Barcelona ya nos habían dicho que era una gran novela. Fue el primer libro significativo que yo recuerdo que pusimos a la venta.

Si María Teresa hubiera podido elegir uno de esos 50 libros que se recordaron en el homenaje en el teatro Victoria Eugenia, ¿cuál cree que habría escogido?

María Teresa no sé. Pero si lo hubiésemos comentado juntos creo que yo hubiera propuesto El Quijote de la Mancha, la edición de finales de los 80 y principios de los 90, la que firma Francisco Rico y, junto con él, también Joaquín Forradellas, catedrático de Literatura del instituto Penaflorida de San Sebastián a lo largo de más de 40 años, que falleció también hace tres años. Él era casi el cliente por excelencia de la librería, uno de los mas asiduos, y muy amigo. Yo lo cité ayer [por el jueves], como a otros que ya no están, en el acto del Victoria Eugenia.

Me gustó la poesía que trenzó Felipe Juaristi en el homenaje, que eligió El Astillero, de Juan Carlos Onetti. Pero fue emocionante ver a María Olasagasti relatar cómo explicaba a sus hijas por qué había comprado un libro en 'Lagun' completamente quemado tras un ataque con cócteles mólotov de los intolerantes de la 'kale borroka' de apoyo a ETA.

Eso fue muy emocionante y emotivo. Es una mujer muy amiga de la librería, su madre ya fue clienta de 'Lagun' y los hijos han seguido sus pasos.

En aquella época, los años 90, ardían los libros y, además, se mataba al que pensaba diferente.

Claro. Arder libros, en nuestra librería ardieron una vez, un día de enero de 1997. El mismo día lanzaron cócteles molotov, pero a la noche se tomaron el trabajo de hacer una pira de libros.

El periodista Alberto Surio lo recordó en su alegato en el homenaje.

Fue una pira de libros, quemados expresamente, lo cual les caracteriza muy bien. Pero yo siempre digo que en esa época ocurrían cosas mucho más graves, porque se mataba a gente por el hecho de pensar diferente y para que no pudieran expresar sus ideas. Visto desde ahora, todo eso ha sido tremendo. Y de eso nadie se puede exonerar, eso pasó y hay responsables, lo hicieron algunos y una ideología política muy concreta.

Entrega de la placa a Ignacio Latierro y a Elena Recalde Castells, hija de María Teresa, por el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo.

Entrega de la placa a Ignacio Latierro y a Elena Recalde Castells, hija de María Teresa, por el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo.

Tantas veces hemos escuchado las palabras de Bernardo Atxaga de que antes de pasar la página de la violencia en Euskadi hay que leerla entera...

Creo que no es malo pasar página de la violencia y mira al futuro. A una sociedad no se le puede tener mucho tiempo mirando su pasado y sus culpas. Pero eso no puede conllevar que nos olvidemos de lo que ha ocurrido. Ni exonerar las culpas. Si a quienes cometieron o apoyaron todo ese tipo de crímenes, les resulta incómodo, pues serán ellos los que tendrán que decir que aquello estuvo mal.

Decía aquel revolucionario cubano, copiando la idea de Juan Negrín, el último presidente de la II República española, que "resistir es vencer". ¿Qué precio pagaron ustedes en 'Lagun', "símbolo de resistencia", frente a los totalitarismos de todo signo?

La capacidad de resistir, gracias a la ayuda de muchos, lo que nos ha producido es una gran satisfacción. Queríamos seguir viviendo en San Sebastián... y lo conseguimos. Queríamos seguir siendo libreros... y lo logramos. Ese es el gran premio personal que hemos tenido, llegar hasta hoy con cierto orgullo de nosotros mismos. No sé si hemos contribuido a mejorar la condición cívica de nuestros conciudadanos. Entre los costes, el más grave sin duda todo lo que supuso para José Ramón Recalde, María Teresa y su familia el intento de asesinato por parte de ETA. Eso es lo que tuvimos que pagar.

Precisamente estaba ojeando estos días las memorias de José Ramon Recalde, Fe de Vida, y en el capítulo dedicado a 'Lagun' recordaba con gracia cómo surgió el nombre de la librería, de la mano del lingüista Michelena, y que "aquella palabra sonaba más al 'tovarich' ruso, que al "camarada" o "compañero", por otra parte muy de la época entre los izquierdistas.

Lo de 'tovarich', todavía más. Michelena lo decía con cierta ironía (risas)

La batalla por el relato de lo ocurrido es más una batalla política de futuro que una batalla por contar el pasado. Si conseguimos consolidar unas instituciones democráticas sanas, donde se reconozca la pluralidad de la sociedad vasca y donde el juego democrático no esté condicionado por el uso de la violencia, eso mismo va a conducir a que el pasado no se falsifique.

¿Qué recuerdos le trae todo eso?

Me trae los recuerdos de los inicios. Más que irrepetible, esa etapa es algo añorable. Las ganas que teníamos, el entusiasmo. La librería es a la vez un proyecto y una voluntad de María Teresa, que siempre quiso se librera. Yo ya soy entonces amigo de José Ramón y de ella, íbamos a los mismos cineclubes, charlas, exposiciones y conferencias, el mundo cultural de la época. Para entonces ya me han convencido para que me haga 'felipe' [Frente de Liberación Popular], aunque yo duro muy poquito, porque ingresé en 1966 y éramos un grupo muy pequeño. Pero empezamos a crecer rápidamente y morimos de éxito (risas) para 1969. Lo de ejercer de librero entonces tenía un componente cultural, pero en nuestro adanismo e ingenuidad pensábamos que abríamos una librería diferente y algo sin duda teníamos porque éramos manifiestamente antifranquistas, simbolo de resistencia al franquismo. Teníamos un compromiso político y una convicción: que la dictadura se acababa.

Pero murió con el dictador en la cama.

Así es, pero eso se cumplió. En cambio, el contraste con los 80 y los 90 es que la idea del final de ETA está siempre difuminada. Sabías que se iba a acabar, pero era más una convicción intelectual, que vital. No veías el final de ese túnel.

Usted, de hecho, tras la convergencia entre PSE y Euskadiko Ezkerra, que ahora acaba de cumplir 25 años, acaba sentado de parlamentario en la Cámara vasca.

Así es. Tiene su gracia porque acabé en una comisión de investigación sobre sectas en el Parlamento junto al que ahora es nuestro lehendakari, Íñigo Urkullu. Ambos la llevábamos en nombre del gobierno. No tengo muchos recuerdos de esa etapa porque ser parlamentario de sostén al Gobierno en un Ejecutivo de coalición no nos daba mucha vida y siempre había alguien que venía diciendo aquello de que "no, no se puede tocar esto porque los socios no nos dejan" (risas).

Volviendo sobre el cierre definitivo del ciclo terrorista de ETA que se va a producir antes del verano, ahora si vemos ese final del túnel al que usted hacía mención. Antes hablábamos de la batalla del relato y ahí, el reconocimiento del daño injusto causado, es una de las piezas fundamentales del puzzle.

El tremendo error que supuso la actividad de ETA. Yo ahora miro esa historia desde alguien que la ha vivido y la ha sufrido. Yo sé que voy a conservar mi memoria, pero la batalla por el relato de lo ocurrido es más una batalla política de futuro que una batalla por contar el pasado. Si conseguimos consolidar unas instituciones democráticas sanas, donde se reconozca la pluralidad de la sociedad vasca y donde el juego democrático no esté condicionado por el uso de la violencia, eso mismo va a conducir a que el pasado no se falsifique. El fenómeno de ETA tuvo mucha fuerza por el miedo, por la capacidad de atemorizar que tenía, pero una vez que esa capacidad no existe, la inmensa mayoría de la sociedad vasca, y me atrevo a incluir ahí a una gran parte de los seguidores de la izquierda abertzale, han sentido una liberación con el final de ETA. Y quieren mirar al futuro porque muchos, si miran al pasado, no se van a encontrar cómodos.

Tal vez porque la imagen que les devuelve el espejo al mirar por el retrovisor no es muy edificante.

Exacto. Desde luego, no es nada constructiva. No hay un sentimiento de que se borre el pasado y de que el pasado no se relate tal y como fue. Una parte del éxito de Patria, de Fernando Aramburu, obedece a eso. Desde muy diversos ámbitos y perspectivas, hay muchísima gente que está contando el clima moral que realmente padecimos en aquellos años de plomo.

Ignacio Latierro y el diputado de Cultura, Denis Itxaso, entre otros, en la librería 'Lagun'.

Ignacio Latierro y el diputado de Cultura, Denis Itxaso, entre otros, en la librería 'Lagun'.

También porque la batalla del relato es la batalla por construir la convivencia en este país.

Claro, claro. Y, ademas, hay que saber sobre qué bases construir la convivencia porque si no... No es tanto el recordar por recordar o decir que ha habido muchas expresiones de violencia. Nadie lo pude negar, pero tampoco nadie en su sano juicio hoy en día está dispuesto a señalar que el GAL [terrorismo de Estado] fue algo legítimo, ni mucho menos defender lo que eso representó. En el mismo plano está ETA, esa es la cuestión, que ETA representa algo políticamente indeseable sin ningún tipo de justificación.

Parece que es justo eso lo que piensa ese exdirigente de ETA que este año se ha presentado ante su librería diciendo: "quiero pediros perdón y algún día hablaremos".

Todavía no he hablado con él de todo eso, pero hasta ahora lo que me ha dicho es que la muerte de María Teresa lo había conmovido y que tenía que haber venido antes a hablar con nosotros. Y sí, que quería pedirnos perdón.

¿Cree que sería adecuado compartir con todo el mundo de qué exdirigente de ETA estamos hablando?

No lo sé, porque eso depende sobre todo de él.

Un diputado de Cultura como Denis Itxaso les entregó la 'makila' en señal de reconocimiento y un ministro de Cultura como Íñigo Méndez de Vigo hizo lo propio con la Placa de Honor de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio. 'Lagun' como refugio de libertad.

Denis Itxaso fue el que puso en marcha este homenaje y el que le ha dado la relevancia que finalmente ha tenido. Lo importante fue lo que tuvo de reencuentro y encuentro. Con algunos incluso me llevé una sorpresa al verlos en el escenario o en las butacas del teatro. Encuentro de gente diversa y de libros tan diversos en esos 50 elegidos para el acto. Y que el Ministerio de Cultura haya querido participar de manera destacada es de agradecer.

Recordando esa parte de atrás de la librería, casi como reducto de libertad en pleno franquismo, ¿cómo andamos de libertad ahora en Euskadi?

En Euskadi hay mucha, mucha más que hace unos pocos años, cuando pervivía la amenaza del terrorismo. Pero estamos en un tiempo donde la amenaza de otro tipo de terrorismo y el deterioro en general del prestigio de las instituciones políticas hace que tengamos que recordar siempre que la democracia hay que cultivarla y defenderla día a día. Lo que no acepto es esa comparación de que estamos retrocediendo casi a situaciones como las del franquismo. Quien dice eso no tiene ni idea de lo que era el franquismo, ni siquiera el que vivimos nosotros, el tardofranquismo. No te digo ya sus inicios. En todo caso, el estar alerta en la defensa de la libertad de expresión y de la democracia siempre es necesario.

Ya ve cómo están algunos tribunales, dictando sentencias que cercenan la libertad de expresión. Algunos lo ven como una regresión clara en materia de libertades.

Sí, pero creo que la libertad de expresión es un derecho muy consolidado en España y que, afortunadamente, puede haber alguna excepción, pero los tribunales siguen respetando el espíritu de la Constitución.

Acto de homenaje a la librería 'Lagun' por sus 50 años de existencia,

Acto de homenaje a la librería 'Lagun' por sus 50 años de existencia,

¿Qué libro le gustaría colocar en el centro del escaparate de 'Lagun', ese espacio que de alguna manera marca la línea editorial de una librería.

La línea editorial de una librería, no. No tengo un libro de cabecera, la verdad. Y no me gusta enseñar un libro concreto. Pero, aprovechando las circunstancias, diría que hay un libro que en su día no tuvo la repercusión que mereció tener. Es el primer gran aldabonazo crítico y moral en relación con lo que ya entonces estaba significando ETA, me refiero a La Carta, de Raúl Guerra Garrido

Que también participó en el homenaje, con el libro El escuadrón del Brigante, de Pio Baroja.

Sí, sí, Pues su libro, salió en el momento más difícil, en aquellos tiempos de niebla espesa de plomo, y no tuvo casi repercusión. Patria ha llegado cuando la refriega, afortunadamente, ha pasado. Y a nosotros se nos reconoce por lo que ha supuesto 'Lagun' en estos 50 años. Por eso quiero reivindicarlo.

Acabado el homenaje, vuelve con fuerza la realidad. La de sacar adelante una librería en los tiempos del mundo digital, el Epub y Amazom.

Eso es lo más difícil. Pero me coge todo un poco mayor. Soy un librero jubilado, emérito. Pero va a haber un hueco para las librerías tradicionales y e libro enpapel va a seguir existiendo, pero en otras dimensiones.

En estas conversaciones sobre literatura y otras cosas, siempre recuerdo aquel libro de Fernando Savater, La infancia recuperada, "un libro sobre libros, un libro sobre el amor a los libros y sobre la fuerza absorta de leer".

Y cómo el imaginario infantil se va formando gracias a la biblioteca que vas haciendo. Para todo el mundo, en nuestras generaciones y en las siguientes, el libro era un bien a conservar. Era como el reloj de pared, daba prestigio. Eso, ha desaparecido para el conjunto de la sociedad.

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