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¿Son peligrosos los cultivos transgénicos?

La bioquímica Mertxe de Renobales lamenta el hecho de que se “juzgue a los cultivos transgénicos por ideología, no por evidencias científicas”.

Luz verde para que los países europeos puedan prohibir el cultivo de transgénicos

Vista de un campo de arroz.

“Los cultivos transgénicos son tan seguros como los convencionales, o más en algunos casos. Y con características que facilitan su cultivo, haciéndolo menos agresivo para el medio ambiente que muchas prácticas agrícolas tradicionales”. La profesora en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia de la Universidad del País Vasco (UPV), Mertxe de Renobales, es una conocida defensora de los organismos modificados genéticamente. Esta experta, premiada por la Sociedad Internacional de Bioética por sus investigaciones sobre alimentos transgénicos, defendió el sí a esta tecnología durante una conferencia celebrada en el centro de interpretación de los humedales Ataria, en Vitoria.

Un cultivo transgénico es aquel que contiene un gen o genes que han sido insertados artificialmente por medio de la biotecnología moderna, en lugar de haberlos adquirido por medio de la polinización. Mientras que en América y parte de Asia se acepta su aplicación sin mayores problemas, en Europa la polémica se aviva por momentos. Hasta el punto de que en muchos países están prohibidos. “Lo que no se puede hacer es juzgar a los cultivos transgénicos por ideología, no por evidencias científicas. Además de estudiar los riesgos, es necesario evaluar los beneficios que dispensan este tipo de cultivos”.

Mientras los grupos ecologistas aseguran que la eficacia de las semillas transgénicas como resistentes a las plagas y sus beneficios ecológicos están seriamente cuestionados, los defensores de estos cultivos afirman que representan un importante ahorro y tachan el debate de puramente ideológico.

Según Renobales, la tecnología transgénica es otra herramienta, “muy poderosa”, para mejorar “muchos aspectos de los cultivos que nos sirven de alimento. Pero será necesario utilizarla con responsabilidad”. Desde su punto de vista, los alimentos se deben producir en cantidad suficiente y con la adecuada calidad nutricional para que resulten accesibles a las poblaciones locales y contribuyan a su desarrollo. “No hay razones para oponerse a la utilización de estos cultivos, así por principio. El riesgo cero no existe, la certeza absoluta no existe y es posible que en algún sitio concreto, por alguna razón específica, no sea recomendable utilizarlos en un momento dado”.

No hay ninguna razón científica para que la agricultura ecológica y convencional no utilicen los cultivos transgénicos resistentes a insectos, a virus y enfermedades

¿Hay datos suficientes para asegurar que los cultivos transgénicos ofrecen una buena calidad nutricional? “Los datos indican que no ofrecen ningún tipo de peligro significativo y ofrecen la misma calidad que los cultivos tradicionales”, asegura. Las entidades que solicitan autorización para comercializar productos procedentes de cultivos transgénicos deben presentar una gran cantidad de resultados. En cambio, “en ningún país del mundo hay ninguna ley que obligue a evaluar los cultivos o alimentos convencionales, incluidos los ecológicos, desde el punto de vista de la salud de los consumidores y del medio ambiente, ni antes ni después de su comercialización”.

Para la profesora, en Europa existe “una desinformación voluntaria” sobre los transgénicos. “Se mezclan intereses económicos y políticos. En los países de América del Sur con gobiernos de izquierda hay luz verde a este cultivos, mientras que en Europa no es así”. La modificación genética permite, según la experta, “mejorar los cultivos según las necesidades, incluso acelerar la adaptación de los cultivos al cambio climático. En los países en vías de desarrollo, donde la productividad de la agricultura es menor, el uso de este tipo de semillas transgénicas serían de una utilidad total para aumentar la producción y combatir el hambre”.

“No hay ninguna razón científica”, añade, “para que la agricultura ecológica y convencional no utilicen los cultivos transgénicos resistentes a insectos, a virus y enfermedades, los tolerantes a la sequía y los que aportan mejoras nutricionales, para aumentar su productividad por el sencillo procedimiento de reducir las pérdidas a la vez que mejoran la calidad nutricional de estos productos”.

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